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lunes, 30 de junio de 2008

A destiempo




Fui a la oficina con las mismas ganas que si estuviera yendo de vacaciones a Punta Cana.


Me estrené la camisa blanca que me compré el sábado, y que como es talle 1 me hizo sentir más flaca de lo que estoy.Me planché el pelo, me delineé los ojos, me puse un toque de rubor, y salí, dispuesta a llevarme la vida por delante.Pero cuando llegué a la oficina, la vida, y un camión con acoplado, me pasaron por encima.


Todo lo que pensaba NO hacer, y NO decir, se evaporó de mi cabeza en el instante en que lo vi.


Ni hablar cuando escuché su voz y vi como me miraba.


Y eso no fue nada.


Al ratito de estar en la oficina, Ramiro bajó a fumar con otros tres compañeros nuevos.


Cinco minutos después,bajé yo con Serena y Felipe.


Quedamos en dos grupos de fumadores distintos,cerca, pero no juntos.


Yo estaba hablando con mi grupito, cuando se dió vuelta, me miró a los ojos, y me dijo:


- Blonda, te necesito.


La cara de Serena, que sabe todo lo nuestro, fue increíble.


Yo sabía que él se estaba refiriendo seguramente a algo laboral, pero no dejaba de pensar que podría haber usado otra palabra menos comprometida.Digamos que "te necesito", era demasiado para mis oídos.


La tarde siguió como siempre, juntos en mi escritorio.


A la hora de salir, con paro de subte de por medio, me preguntó si me tomaba el tren con él.


Agarré las cosas y salí.


Lo primero que me dijo cuando me puse el tapado beige fue:


- Te dije mil veces que amo tu abrigo,¿no?


Y ahí salimos caminando,como si nada, como dos compañeros de trabajo.


Hablamos de cosas de la oficina, hasta que yo, contándole un relato intrascendente, le dije:


- Es una paparruchada.


Esa palabra, desató una carcajada de su parte y un consecuente abrazo en la vía pública rematado de la siguiente frase:


- Qué pena que estemos a destiempo.


Puse cara como de quien ve pasar una mosca, y seguí hablando como si nada,pero la realidad es que en las diez cuadras siguientes lo único en mi mente eran esas seis palabritas,que me daban vueltas y vueltas.


Cuando subimos al tren, se le ocurrió preguntarme por mis ex novios.Le conté de algunos, y me escuchó atentamente, y hasta opinó.Cuando terminé de hablar noté un silencio,y lo noté pensativo.Entonces arremetí.


- ¿Qué me quisiste decir con eso de que estamos a destiempo?


Sonrió.


Me miró y me dijo:


- Yo no tuve la opción de elegir.Ella quedó embarazada cuando estábamos por separarnos.Ella fue la única novia.¿Entendés? Nunca pude compararla.Hoy se que si tuviera la posibilidad de elegir te elegiría a vos.Vos sos la mina ideal, la que siempre soñé. Pero la realidad es que tengo una novia y una hija y no puedo darte nada.


Como vi que lo que decía era lo que yo estaba esperando escuchar, o probablemente mucho más, pisé el acelerador, y dije:


- A mi no me importa que me hables teniendo en cuenta el contexto, me importa que me digas lo que te pasa realmente, más allá de todo, saber lo que sentís.


- ¿Te das cuenta que me tengo que bajar en la próxima? -contestó


- No importa, decime -dije


- Pero ya me bajo -insistió


- Ese no es problema.Me bajo con vos.


Y así hice.Me bajé para poder terminar la charla que tanto había esperado.

domingo, 29 de junio de 2008

La duda cruel



Leandro nunca fue amante de la tecnología.

Cada vez que en el trabajo hablábamos de "bajar música de la web" o del Msn, se nos quedaba mirando.Para él no hay como anotar todo en un papelito, o en hablar por teléfono con los amigos.

Cuando lo ascendieron se compró una notebook, porque iba a tener que viajar y mandar mails desde el interior.

Desde hace una semana tiene Messenger.

Vino un día hasta mi escritorio y me dijo:

- ¿Me agregás en tu Msn?

Lo dijo contento, como si fuera un chico al que le regalaron la play station y ya no tiene que ir más a Sacoa.

Desde hace una semana,entonces, hablamos cuando se conecta.

El miércoles creo, mientras chateábamos, me preguntó que estaba haciendo y le dije que estaba escribiendo.

- ¿Para taller? - preguntó

- Si,un cuento - dije

- Pensé que en el blog ese que me habías dicho una vez -contestó

- ¿Cuándo te conté? - pregunté

- Un día que viniste contenta a la oficina y me contaste que tenías un programa que te avisaba desde donde te leí la gente y me dijiste que tenías hasta treinta que te leían de Japón. - contestó

- Ah.Me Había olvidado que te había contado.- dije

- Ahora que tengo compu lo puedo leer yo también - me dijo

- No creo -contesté

- ¿Por? ¿No me vas a dar la dire? - preguntó incrédulo

- No.- escribí

- ¿Por qué? Yo a vos te mostré la pagina de mi equipo de fútbol y viste las fotos con los pibes en el vestuario - dijo queriendo convencerme

- Es distinto - contesté

- No, no es distinto.Lo otro es algo mio y esto es algo tuyo.Es igual - escribió

- No, no es igual Lean.En el blog yo escribo mi día a día.Es muy privado, no podés comparar- contesté

- ¡¡¡Pasameeeeeee la direeeeeeeeeeee!!! -pidió

- No.Punto. - contesté

- Siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.Lo quiero leerrrrrrrrrrrrrr - volvió a escribir.

Así peleamos virtualmente durante un rato.

Intentó buscarlo en el Google, pero como no uso mi nombre real y no se imagina ni el pseudónimo ni el título del blog, no pudo encontrar nada, tal como yo prevía.



Al día siguiente, en la oficina, viene a mi escritorio.

- ¿Me la das?

- ¿Qué cosa? -pregunté

- La dire del blog

Por un segundo pensé en dársela, y que se enterara todo de mi.

Que supiera lo que pienso de él, de Carla, de lo que lloré cuando se fue de Ushuaia, y hasta que confirme lo de Ramiro.

Que sepa como amo, como me angustio,con quien me acuesto, con quien no.

Pensé que diciendo "Si"y anotándole la dire en un papel,encontraría una respuesta que él nunca me había dado a una pregunta que yo nunca le había hecho.Era poner las cartas sobre la mesa, y no quedarme ni con un as en la manga.

La verdad, es que a esta altura, no quiero ni enterarme qué piensa o qué siente por mi.Sería como elegir que me caiga un piano en la cabeza, y no quiero.Bastante con el lío que tengo en mi mente.

- No.Te dije que no te la voy a dar -respondí

Y se fue,puteando.

Yo me quedé sonriendo en mi escritorio,disfrutando de haberle generado una duda.

Un inmerecido cero



Me puse a mirar como viene la encuesta, y para mi asombro, descubrí que Ramiro no tiene ningún voto como candidato.

Que Ben fuera el que encabeza la lista y que hasta Leandro tenga un voto no me sorprende, pero si me pregunto por qué es que Ramiro no tiene ni uno.

No se si es que los lectores están viendo algo que yo no veo, o que están votando por el único que no me hace llorar.

Inevitablemente, me llamo a la reflexión típica de domingo.

A veces uno sabe que el camino que está tomando no es el indicado, como si decidiera salir a la ruta con un auto destartalado, en un día de lluvia torrencial.Pero así y todo maneja,como una inconsciente, pensando que al final del camino se llega a la playa,si todo sale bien.

El punto es si el auto se termina de romper del todo en el camino, o si chocamos.Nadie podrá decir que fue un accidente, o una mala jugada del destino, sino que uno no fue precavido.

Así me siento cuando miro el cero al lado de Ramiro en la encuesta, y si bien es un detalle menor, no deja de tener relevancia.La encuesta es el semáforo, el alerta rojo.Si nadie pone un peso por él, ¿porqué yo me juego lo que no tengo?¿Qué es lo que no estoy viendo?

Ramiro es bueno, de gran corazón, de los que dicen "yo no puedo agarrarme con trompadas con nadie", de los que dicen "amo a mis viejos", de los que están felices de ir al trabajo, de los que creen que el mundo puede cambiar.

Ramiro es el que me mira con ojitos tímidos llenos de ternura,es el que me dice que me quiere cuando me hace el amor, es el que me llama y me pide perdón por hacerlo, es el que recuerda textualmente cuales fueron las primeras palabras que intercambiamos, es el que me dio un beso que me dejó casi inconsciente.

Ese es Ramiro, el que se va colando en los pensamientos del día, en las caricias que puedo hacerle a otro y en las palabras que escribo ahora, por ejemplo.

Ramiro, tiene un cero, y es como si hubiera sido aplazado por todos.

Para todos ,menos para mi.

Fiesta de cumpleaños


Ben se acaba de ir.

LLegó antes que yo, apenitas pasadas las doce de la noche,y tuvo que esperarme.

Apenas me bajé del taxi, me apoyé contra la ventanilla de su auto para decirle Feliz Cumpleaños.

Se bajó y me dio un beso, y un abrazo.

Y nos quedamos mirándonos unos segundos.

Calculo que a él se le pasaron por la cabeza las mismas cosas que yo.

La primera, era que hacía bastante que no nos veíamos.

La segunda, era que después de casi dos años, lo siguiéramos haciendo.

Apenas abrimos la puerta del depto. se quedó mirando el naranja de mis paredes.Cuando él había venido por última vez, todavía estaba pintado con los colores que había elegido el propietario anterior.

Busqué su regalo y se lo di.Me llenó de besos, mientras decía que era la primera remera de manga larga que tenía.Me alegré de saber que le había gustado.

Le dije que no se moviera, que la sorpresa seguía, y saqué de la heladera la mini torta con una velita que le había comprado a la tarde.

Me hizo cantar el Feliz Cumpleaños al mejor estilo Marylin Monroe, cuando le canta al presidente.Era raro estar con sosteniendo la torta, y cantando la canción, mientras él pedía tres deseos.No por ser raro dejaba de ser un lindo momento.

Quise abrir el champagne, pero me dijo que no le gustaba, y que si no había cerveza, tomaba jugo.

Así que fui a la cocina a servirle y me interceptó en el camino, cuando estaba por abrir la heladera. Nos quedamos abrazados, uno sobre otro, contra la mesada, dándonos besos.En eso escuché sonar su celular.Le dije que atendiera, que era su cumpleaños, que estaba todo bien en que lo abriera delante mío.No quiso.Dijo que para leer mensajes tenía todo el día.Insistí, pero siguió empacado en su respuesta.Recién al rato pude convencerlo.Nunca me dijo quien lo mensajeaba, ni tampoco escribió respuesta.Supuse que era alguna chica, y entendí que era lógico que así fuera.

Recién después fuimos al cuarto.

Prendimos la tele y nos acostamos al lado de la estufa.

La última vez que miré la hora, cuando sintonicé la radio en el aparatito nuevo que me instalaron de Cablevisión, era la una de la mañana.

Si hay algo bueno de Ben en materia de sexo es que se toma tiempo para cada cosa.Con él, yo ya me meto en la cama sabiendo que voy a disfrutar, y eso no es poca cosa.Creo que a esta altura ya nos entendemos y nos conocemos lo suficiente,y eso también es una gran ventaja, sin descartar el tema de la confianza, que nos permite probar las mil y una posiciones sin ninguna timidez.

Cuando entre sexo y besos escuché la voz del locutor diciendo la hora, no podía creerlo.Las tres de la mañana, y recién íbamos por el primero.Pensé para mis adentros,que eso era lo bueno de cumpliera veinticuatro años.

El segundo fue más breve, pero no menos intenso.

No se por qué motivo este encuentro fue distinto a los demás.Si habrá sido porque mientras hacíamos el amor desenfrenadamente, hubo tiempo para que repetirle que le deseaba Feliz Cumpleaños, o porque esta vez realmente había sido la mejor.

Noté que habían pasado algunos meses desde la última vez, y pensé que esa mejoría en materia sexual tal vez se debiera a la práctica que había tenido con su ex.Solo por un momento me detuve a pensar en eso.Después,preferí concentrarme en las cosas lindas que siempre me dice.

Cuando lo vi caminar desnudo hacia el baño,me di cuenta que en ese tiempo, además de haber estado con otras, había engordado, y tenía pancita.No solo no me importaron esos kilos de más, sino que me alegré de que eso no modificara mi deseo en absoluto.

A las cinco de la mañana me dijo que tenía que irse, porque se levantaba a las ocho para ir al supermercado a comprar las cosas para el asado del mediodía.

Antes de dejarlo ir, le dije que me dijera su apellido.Que no podía ser que él de mi supiera mucho más que lo que yo se de él.No quiso.Le dije que yo era buena, y que no tenía por qué negarse conmigo.Dijo que era cierto, que yo era super buena, pero que me iría contando de a poco.Así que lo único que me dijo fue que Ben es su tercer nombre, y que desde hace relativamente poco que lo usa. O sea, que en realidad tal vez me había acostado todo este tiempo con un Martín,sin saberlo. Prometió contarme todo para mi cumpleaños.Y me reí, pensando lo reservado que es.

Lo acompañé a la puerta,donde nos despedimos prometiéndonos hablar, como siempre.Después lo vi manejar hacia Av Congreso.

Cuando subí, vi las sábanas arrugadas y las almohadas por el piso y me alegré por él, porque había pasado el cumpleaños tal como lo había elegido.

No me alegré demasiado por mí, porque aunque Ben, al que adoro con el alma, acababa de irse de mi casa, yo pensaba en Ramiro.

viernes, 27 de junio de 2008

Mensaje de texto


Cuando salgo del subte, me vibra el celular.

Es Ben.

- Cómo venís el sábado para vernos? Me vas a hacer la fiestita de cumple? - dice

- ¿No me dijiste que el domingo? -escribo

- Es que me organizaron almuerzo familiar y tengo miedo de desocuparme tarde -escribe

- ¡Me cambiaste los planes! -escribo

- Bueno, es que el sábado a las doce ya es mi cumple -dice

- No se. Hablamos mañana y vemos - escribo

- Dale, nos mensajeamos y me decís si podés- contesta

- Bueno.besos - contesto

- Otros!!

No se por que no le dije que si directamente.

Tal vez porque aún estaba en mi cabeza la esperanza de que aparezca Ramiro en mi fin de semana.

Ahora, mientras escribo el blog me arrepiento, y tengo miedo de que mañana cuando hablemos me diga que ante mi incertidumbre arregló otra cosa.

Hoy le compré de regalo una remera. La elegí con dedicación y hasta la medí en el aire imaginándome su espalda para ver si llevaba M o L.

Ahora quiero dárselo, y hasta comprarle una mini torta con una velita.

Tengo un champagne en la heladera dispuesto a ser abierto para brindar.

Tengo la posibilidad de compartir el cumpleaños con alguien que quiere hacerlo conmigo.

Espero todavía estar a tiempo.

Puntos suspensivos


Hoy aproveché que Ramiro no iba a la oficina temprano, y me fui de shopping.
Me compré dos camisas y ropa interior, con la esperanza de estrenarla con él.
Al mediodía me pedí una empanada, con la esperanza de que a la noche mi panza fuera ultra chata.
A las tres de la tarde llegó Ramiro, y mis esperanzas se fueron silbando bajito por la Avenida Corrientes.

No tiene con quien dejar a la nena.
Sus viejos, por primera vez en el año van a salir justo hoy, y no van a poder cuidar a Miranda como lo hacen siempre.
Me lo dice triste, como si realmente quisiera venir.
Confirmo lo que pienso cuando me dice:

- Pero puedo pasar un rato con la gorda, así la conocés.

Le digo que no, que lo más probable es que se suspenda porque somos muy pocos.
Y es cierto.Se suspende.

Como es su día franco, solo va a quedarse una hora en la oficina.
Esos sesenta minutos los pasa conmigo,en mi escritorio, como de costumbre.

A Leandro se le ocurre sentarse en el escritorio de atrás, el que hace dos meses que no usa porque desde que lo ascendieron se sienta en la parte de adelante, desde donde no puede verme.
Cuando me levanto para ir a la fotocopiadora, y frente a los ojos de Ramiro, me dice:


- Blonda,¿me traés un café?


No tiene nada de raro su pregunta, ya que muchas veces, en el pasado, yo se lo traía sin que me lo pida.Ahora, ya no se lo sirvo a él, sino a Ramiro, claro.
Le digo que no, que estoy ocupada, y cuando vuelvo a mi escritorio, me agarra del brazo y me dice:


- Al menos,¿ me rascás la espalda como vos sabés?


Se la rasco, sin demostrar entusiasmo, mientras pienso que pensará Ramiro de lo que acaba de decir Leandro: "como vos sabés".
Le doy una palmadita en la espalda, de esas que se dan los hombres cuando se saludan, y vuelvo a sentarme de donde no debí haberme movido.


Ramiro me pregunta si me voy con él.Yo pienso que para ser viernes ya trabajé lo suficiente, y le digo que me espere , que nos vamos.
Tomamos el subte, como siempre.
Está lleno, pero conseguimos lugar para sentarnos.
Vamos hablando sin parar, y entonces, algo que dice hace que le pregunte:

- ¿Pero cuánto hace que estás en la empresa ya?

- Dos meses -dice

- Ah, mirá vos, pensé que era menos - respondo pensando lo rápido que pasa el tiempo

- Es que cuando entré, primero tuve la capacitación, y recién ahí , al mes, me conociste -contesta

- Con razón, ya me parecía -digo

- Yo me acuerdo las primeras palabras que crucé con vos, ¿sabés? - dice con cara seria

- ¿Si? - pregunto

- Si.Te dije que no podía marcar la clave del teléfono, y te mostré el número que tenía anotado.Vos me dijiste que uno estaba mal.Yo te dije que eras un ángel, mi ángel de la guarda -dice al detalle.

- Es verdad, fue tal cual -digo, evitando demostrar la emoción que me causa que él recuerde cada palabra tan literalmente.

La situación que sigue a ese diálogo es extraña.Se huele un aire raro, como si flotara el amor entre ambos.Me mira, lo miro, y nos decimos más con los ojos que con las palabras.Hasta que tiene que bajar.
Entonces, toma mi cara como aquella noche, y me llena de besos en la mejilla, como si el impulso le hubiera ganado la pulseada.

- Chau, y si se juntan hoy o mañana avisame,¿sabés? - dice

- Si, te aviso, o te llamo, no se -contesto

Desde la puerta, antes de bajar, se da vuelta y con una voz dulce y encantadora, me dice:


- Cuidate,¿si?

- Vos también,mucho - digo

- Si, me cuido

Y se va, después de mirarme entre la gente que desciende.
Cuando el subte arranca, descubro que mis ojos se llenan de lágrimas.

En mi historia con Ramiro, esos besos equivalen a tres puntos suspensivos, que separan lo que hizo y dijo hoy, de lo que puede hacer o decir mañana.

Y en el medio quedo yo, colocada entre paréntesis.

jueves, 26 de junio de 2008

Latidos


Me voy directo a la casa de Betty, donde nos juntamos con Beto y el administrador, en una reunión programada para tratar asuntos del edificio.

Cuando lo veo a Beto, recuerdo que me metí en el consejo solo para estar cerca de él, y ahora tengo que bancarme estas reuniones una vez al mes.Esta es una de las cosas que debo aprender, diría Renata.

Cuando la reunión llega a su fin, y estamos despidiéndonos, me suena el celular.

Miro la pantalla, pero no conozco el número que aparece en el identificador.Cuando es así, por lo general no atiendo.Esta vez, si.

- Hola - digo

- Hola Blonda -escucho del otro lado

- Si.¿Quién habla? -pregunto

No escucho el nombre, porque hay un ruido en la linea,pero alcanzo a escuchar que dicen:

- Estoy en un locutorio

- Pero ¿quién habla? - vuelvo a preguntar

- Yo, Rami - dice

En ese momento, al ruido de la línea se le suman los de mi corazón, que empieza a latir descontroladamente.

- Cortá que te llamo de casa - digo

- ¿Pero tenés mi número? -pregunta

- ¡Como no lo voy a tener!¿Me estás cargando? - pregunto

- Ah,claro- dice

- Cortá que en cinco te llamo

Digo que es un asunto de trabajo, y que tengo que irme a hacer un llamado porque se escuchaba mal. Saludo, a las apuradas,y me voy.En los veinte pasos que dividen mi casa de la de Betty, pienso por qué me habrá preguntado si tengo su teléfono, si siempre nos mensajeamos.Mas tarde, cuando hable con Renata, ella me dirá que probablemente se estuviera refiriendo al de su casa y no a su celular.

Entro corriendo a mi departamento.

Al mismo tiempo que agarro el teléfono de línea, abro el directorio del celular para buscar su número.Suena dos veces y atiende.Esta vez ya no pregunta quien habla.

- Hola mamu -dice

- Hola Rami -respondo

- Perdoná que te llamé, es que quería saber si habías ido a la oficina y habías visto algo para mi -dice

- No, no fui, estuve en la calle todo el día - contesto

- Ah, bueno, no importa, no era nada urgente -dice, mientras yo pienso que si no era urgente para que me llama de un público a las nueve de la noche.

- Te cuento yo - digo - conseguí un par de contactos interesantísimos para que trabajemos todo el año.

-No me canso de decirte que sos una grosa -dice

Y entonces me cuenta él ,lo que hizo en su día franco.Habla de su nena, y de que pasearon y de que aprovechó para disfrutar del sol.

Le digo que está bueno, que todavía le queda el viernes para descansar.Que yo , en cambio, voy a ir a la oficina re temprano.Ahí dice:

- Yo mañana voy a ir

- ¿A dónde? - pregunto

- A la ofi -contesta

- Pero si tenés franco -digo

- Si, pero no importa, a la tarde voy a ir un rato igual, a boludear -contesta

- Pero no seas tonto.Aprovechá y quedate descansando.Si necesitás saber algo de laburo me llamás y te digo yo, pero no te vayas hasta allá - sugiero

- No, no.A la tarde voy, así que te veo -dice

- Bueno, como quieras -digo -Me voy a comer algo, te mando un beso

- Bueno mamu, nos vemos mañana - dice

- Dale, chau

- Ah,¡pará! - exclama

- ¿Qué? - pregunto

- Perdoname -dice

- ¿Por? - pregunto sin entender

- Por llamarte- dice

- ¿Por llamarme? Pero si está todo más que bien con que me llames - digo

- Bueno,no se, es que por ahí vos estabas ocupada, que se yo.Te pido perdón,de verdad- contesta

-Rami, no me jodas, está todo bien.Me causa gracia que me digas eso -le digo entre risas

- Bueno, beso ma -dice

- Otro.Hasta mañana -respondo

Antes de cortar, escucho que vuelve a pedir perdón.

No entiendo el sentido del llamado, y presumo que no había ningún motivo concreto más allá de que tal vez me haya extrañado, o haya simplemente tenido ganas de escuchar mi voz un rato.

Tal vez por eso pide perdón, porque no había nada que justificara la llamada.

No lo se, y creo que a esta altura no me importa.

Lo único que me interesa, es que yo no lo llamé, y que él se la rebuscó para llamarme a mi.

Como dice mi terapeuta, si alguien tiene interés te lo hace saber.

Ojalá sea así.

Terapia intensiva


Hoy tuve terapia,y la sesión fue una de las más interesantes.

Empezamos con el famoso: "Contame, ¿cómo fue la semana?"

Y me despaché.

Le resumí a modo introductorio, que con Ramiro habíamos estado juntos todos los días, de acá para allá, pero que si bien hablábamos de todo, seguíamos sin hablar de nosotros.

Y ahí me encaminé a lo que realmente quería decirle.

- Creo que necesitaría tener una charla con él, pero a su vez me da miedo.

- ¿Por qué? -pregunta mi terapeuta.

- Porque cada vez que lo hice, me salió mal.Y siempre,además, terminé preguntándome:¿Por qué tengo que ser yo la que siempre habla?¿Al otro no le surgen preguntas para hacerme a mi? ¿Nunca genero ninguna duda? - contesto

- Está bien que lo estés viendo.Digo, que estés viendo que el camino de la repetición compulsiva no te lleva a ningún destino nuevo,sino a más de lo conocido.Más de lo mismo.- dice

- Claro.Eso es.Yo en el momento en que voy a actuar, pienso, un segundo, y me digo a mi misma:Esto que estás haciendo, te está llevando a la ruina.Y por más que sea consciente, lo termino haciendo igual.O sea, para ser clara, no debería estar tan pendiente de Ramiro, y sin embargo lo estoy.Le traigo café, le revuelvo el azúcar, le digo que está desabrigado, le aconsejo sobre qué es lo mejor para hacer, etc. Lo peor, es que cuando lo hago empiezo a sentir angustia, porque esa acción que podría haber evitado, hace que yo me empiece a sentir insegura del otro. Cuando el otro está en la etapa de la conquista, me siento feliz.Cuando yo empiezo a tener que estar encima del otro, y ya no distingo si el otro hace porque quiere, o porque yo de algún modo lo fuerzo, ahí me angustio, y solo me preparo para lo peor, que el otro se canse, y me deje. Digamos que espero siempre el palazo en la nuca.

- Ahí está el punto. Vos estás tomando, por repetición, el camino que indefectiblemente te conduce al fracaso.Como si vos misma supieras de antemano que aunque empiece bien, la cosa va a terminar mal.Y no porque esté destinado a salir mal, sino porque vos te ocupás de que eso ocurra, al darle al otro todo lo que sabés que en el pasado te arrepentiste de dar. Esto no es culpa tuya, sino que es lo que vos aprendiste de chica.Para vos, el sinónimo del amor, es dar, hasta asfixiar al otro, por el solo hecho de retenerlo al menos por ser la que le plancha las camisas. Pero vos estás entendiendo ahora que eso no es amor, y ahí se te produce el conflicto.Es como que vos tuvieras por primera vez que escribir TU historia, en lugar de repetir lo que te enseñaron que era.Creo que estás en condiciones de empezar lentamente a cambiar tu modo de actuar, para ver si así podés empezar a modificar los resultados. ¿Dejamos por hoy? - pregunta

- Hasta el jueves -digo, y me voy.

Para hacer un ejercicio práctico, me digo a mi misma que si bien me comprometí a llamar a Ramiro a la tarde, no voy a hacerlo.

Si voy a empezar a cambiar, que sea ahora.

¿Quién junta los pedacitos?




Jueves 26 de junio de 2008



Llegamos al presente, al tiempo real.


Hoy recibí un mail de Vir, desde España.

A ella la conocí en medio de mi historia con Toto, y fue lo mejor de esa historia.

Es más chica, pero como dice ella, es una persona grande encerrada en un cuerpo joven.
Nos conocimos por el chat, y tuvimos larguísimas charlas por el Msn.Casi siempre coincidíamos en las percepciones sobre la vida.
Un día, nos vimos personalmente, el día que tocaba Soda.
Y con esa sola vez alcanzó para que pudiéramos sostener una amistad.

Hoy lo comprobé en la dedicación con que me aconseja en ese mail.


Cada una de las palabras está pensada, y no improvisada.Lo escribe poniéndose en mi piel, y eso, sumado a sus palabras sobre la amistad que incluye en el final, me hacen llorar, de la mañana temprano.


Por eso es que esta página del blog, va dedicada a ella, porque además de merecerlo, me dijo cosas que me hicieron pensar.



Todavía no pude ni bañar ni vestir a este cuerpo para ir a trabajar.

Desde las seis y media que estoy despierta, y lo único que hice es escribir mis crónicas y tomar café.
Otra vez dejé de comer.

A simple vista no me siento mal.
Pero si me detengo a pensar un poquito, descubro que hay mucho, pero mucho en mi cabeza.

Creo que me quedé colgada con una idea: La de que Ben tiene algo que Ramiro no tiene, y viceversa.
Supongo que para empezar, Ben tiene dos años más y es soltero.Ramiro, además de ser chico, tiene una hija y una novia.
Ben, no es muy expresivo, pero más de una vez ha dicho dos palabras que no son ni más ni menos que las que necesito escuchar y en el momento que deseo escucharlas.Llamemos a esto como un Afecto Oportuno.
Ramiro, es el Afecto Inoportuno.Es una catarata de decir cosas que me hacen bien,aunque tal vez no correspondería que así fuera.Las palabras que me dijo aquella noche, está grabadas a fuego en mi mente, y creo que son las que me mantienen expectantes.

Tal vez lo ideal sería mantener una charla adulta con él.Plantearle lo que me pasa, y descubrir en que parte de la historia está parado. Y como dice Vir, hasta quizás me sorprenda con una respuesta de él donde aparezca algún fantasma de sus miedos, como el de que yo al ser más grande, no pueda enamorarme de él o de que le demuestre desinterés.
La idea, es poder seguir por esto juntos, aclarando los tantos.El punto es que no se si me animo.

Es como una batalla conmigo misma.Descubrir si tengo el poder de que las palabras que me dijo se transformen en hechos constantes, y que no queden simplemente en el arcón de los recuerdos.Es como si quisiera pelearme contra el miedo de Ramiro, y demostrarle y demostrarme que pude, para luego alzar el trofeo de la victoria por la vida.
El punto es que la batalla por esa conquista de territorio afectivo,puede ser bastante sangrienta.
Yo voy sola a batirme a duelo con lo que solo él sabe que existe en él mismo.Yo no tengo ni mapa, ni lupa, ni linterna y mi armadura ya está bastante deteriorada por guerras anteriores.
De mi lado, el batallón se juega mucho más que un triunfo.Pone en riesgo mi bienestar emocional, mi autoestima, mi ego, mi orgullo, mis vivencias pasadas.
De su lado, el batallón es más grande, y viene menos derrotado que el mío.

Voy a desafiarme con todo , porque así lo siento.

El problema es, si sale mal...

¿Quién va a juntar los pedacitos?




Dedicado a mi amiga Vir.







Hasta el viernes


Ramiro se toma franco jueves y viernes, así que hoy es el último día que lo veo antes de la reunión en lo de Daniel.

Se supone.

Ya está pensando en venir igual un rato a la oficina el viernes.

Yo no se si lo hace por amor al trabajo, o por algo más.

Le digo que tenemos que apurarnos a sacar trabajo porque a las cuatro me voy al médico.

Se que lo registra en su disco rígido como registra cada cosa que le digo.Más de una vez me ha preguntado como me fue en cosas que tenía que hacer fuera del horario de trabajo.

A las cuatro menos cuarto me dice:

- Ojo con la hora, no vayas a llegar tarde

¡Cómo me gusta cuando se ocupa de mi!

Empiezo a preparar mis cosas para irme.

Me pregunta como hace para ir a tal calle y le digo que estamos cerca, a cinco cuadras.

Lo saludo,me saluda tiernamente, y me dice:

- Bueno, no se, te veo el viernes, o acá o a la noche.

- Bueno, si, o te llamo mañana- respondo

- Bueno, dale - contesta

- Dale, hacemos así - digo

- Claro, llamame mañana -dice

Ese "bueno" que usamos para alargar la despedida, me causa gracia.

Es notorio que no nos gustó despedirnos, porque además no hay nada establecido, no tenemos el hábito de llamarnos , y supongo que eso coarta las acciones.Digamos que sería descolgado que uno de los dos llamara al otro solo para decirle "hola".

Cuando bajo me encuentro con Leandro y Mauro fumando.

Me prendo un cigarrillo con ellos cuando veo abrirse la puerta de calle, y a Ramiro que aparece, agitado.

- Gor,me dejé el papel con la dirección de donde tengo que ir ahora en tu carpeta - dice

Se lo doy, ante la mirada de Leandro que no entiende.No se si no entiende por qué tengo yo un papel que es de Ramiro , o si no entiende el por qué Ramiro me dijo "Gor".

Me vuelve a dar un beso y se va.

Saludo a Leandro y a Mauro y me voy a tomar el subte.

Cuando pienso la dirección a la que tenia que ir Ramiro, me doy cuenta de que le indiqué mal,y recuerdo que es sumamente despistado, al punto de estar a una cuadra de la oficina y no saber para donde tiene que caminar.

Le mando mensaje:

- Rami, te dije mal.Tenés que ir hasta Corrientes,y ahí caminar derecho hasta Independencia.Tenés mas o menos ocho cuadras.

No pongo ni chau, ni beso, ni nada.

Es un mimo encubierto.

Es decirle : me ocupo de vos, y se que eso le gusta.

Se que no tiene crédito, así que no espero respuesta alguna.

Solo me quedo con la idea de su sonrisa leyendo mi mensaje.

Y será hasta el viernes.

Festejo


El próximo domingo es el cumpleaños de Ben.

Cuando me acuerdo de eso, justo se conecta al Msn.

Lo saludo, me saluda.

Se me ocurre decirle:

- Estaba pensando que el lunes, aunque haya pasado tu cumple, puedo ir al consultorio así festejamos.

Se ríe.

Contesta.

- Yo estaba pensando que quiero organizarme para ir a tu casa el mismo domingo, así lo festejo con vos.

- ¿De verdad? - pregunto - Sería re lindo

- Si, por eso, voy a hacer lo imposible -contesta

- Buenísimo, me pone contenta que me digas eso -escribo

- A mi también , por eso te lo digo.¿Me vas a hacer muchos regalitos? - pregunta

- ¡Todos los que pueda! - digo

Y nos reímos.

Con Ben ya pasamos juntos un Año Nuevo.Que quiera pasar el día de su cumpleaños conmigo me parece un enorme halago de su parte.

Pienso que si Ben hubiera sido en un inicio tan demostrativo como Ramiro, yo estaría rendida a sus pies.

Pero Ben es Ben, y Ramiro es Ramiro.

Lo que tiene uno le falta al otro, y para tenerlo todo, tengo que disfrutarlos por separado.

Palabras mimosas



Cuando llego a casa, lo llamo al celular.

- Hola -digo

- ¿Quien habla? - pregunta.La verdad es que llamándolo de mi casa a las siete de la tarde no pretendo que reconozca mi voz.Yo tampoco hubiera reconocido la de él.

- Yo, Blonda - contesto

- Hola, Blon -dice

- Te llamo para decirte que yo mañana voy a la nutricionista a dos cuadras de la empresa a la que ibas a ir solo.Por ahí es muy pronto para que encares eso sin nadie que te ayude, así que si querés nos encontramos - digo

- Dale, te espero a las 10.30 en Libertador y Congreso - dice

- Dale, beso - contesto

- Otro - dice, y corta.

Pienso que en comparación a lo que hablamos siempre, esa pequeña conversación fue espantosa.

Evalúo la posibilidad de que no pudiera hablar, y hasta de que me esté odiando por haberlo llamado.

Por suerte, cuando a la mañana siguiente lo veo lo primero que me dice es:

- Perdoname si ayer estaba medio seco por teléfono, es que estaba en la peluquería cuando me llamaste, y tuve que hacer malabares para atenderte, y cuando te atendí, estaba pendiente de que el peluquero, que seguía cortándome el pelo, no me rebanara una oreja con esa maquinita.

Respiro aliviada.Supongo que él también se quedó con la idea de que el tono de la conversación no había sido el apropiado.

Tomamos el subte.Está lleno.Recién conseguimos un asiento una parada antes de bajar.

Cuando llegamos a destino, le digo:

- Vamos, ya llegamos

- No.Falta -responde

- No, es la terminal- le digo

- No puede ser.Hablando con vos se me pasó volando el viaje -dice

Yo me alegro, realmente me alegro de que sea así.

En la oficina, mientras él habla con un cliente, le hago señas para preguntarle si quiere café.Asiente.Voy a la cocina, robo una taza porque él no tiene, y le sirvo café.Le pongo tres de azúcar como le gusta.Se lo llevo, y le doy tres de mis galletitas.Le dejo todo en el escritorio.

Cuando corta me dice:

- ¡Cómo me malcriás!

- Si no te gusta, no lo hago más -contesto

- ¡No! Me encanta, lo sabés - dice

- Claro, me dijiste que sos mimoso- contesto

- Si, muy mimoso, ¿No mimosona? -responde

Nos reímos de lo infantil de la conversación.

Ahora...¿Qué pasaría si yo no lo malcriara más? ¿Qué efecto lograría? ¿Qué extrañe los mimos, o que piense que si no lo mimo es porque no me importa y el efecto sea contrario?

Pregunta a considerar para el plan B que empiezo a tejer en mi mente, para implementar la semana que viene, si este viernes, que vamos a juntarnos en lo de Dani, no hay ninguna muestra de su parte que me indique que lo nuestro sigue en pié, mas allá de en mi mente.

El almuerzo


Almorzamos juntos.

Yo descubro, que es la primera vez , desde el sábado con Fernanda, que voy a volver a comer.

Cuando me enamoro, mi estómago suele cerrarse,como si fuera un acto reflejo.

Vamos a Burguer King y pedimos dos hamburguesas de la que yo como solo la mitad.

Hablamos mucho, de todo,como siempre.

En un momento Ramiro dice algo, que a priori suena genial, pero que supongo que transmite algo que solo su mente entiende:

- Vos tendrías que conocer a mi viejo.Es un genio, te morirías de risa.Le voy a decir que un día de estos me pase a buscar para ir almorzar y vamos los tres.

Sonrío, porque la verdad es que no se que decirle.

¿En concepto de qué podría integrar yo esa mesa de almuerzo?¿De compañera?¿De amiga que le lleva 11 años?

La idea retumba en mi cabeza durante el resto del día.

Más tarde dice:

- Estaría bueno que hablaras con mi hermana.Viste como es Romi, y creo que le haría bien una charla con vos que tenés las cosas tan claras.

Bueno, parece que piensa que tengo las cosas claras.Si supiera las cosas que dan vueltas en mi mente y para las que no descubro qué hacer, estoy segura que cambiaría de idea.

Por otra parte, si sumo lo que dijo del padre a lo que acaba de decir de la hermana, pensaría que no contento con verme todo el día, intenta involucrarme con el resto de la familia.

La verdad, que me resulta extraño.

Para rematar el día, me dice:

- Te traje algo para que veas.

Entonces, saca del cajón del escritorio, una tarjeta amarilla hecha en cartulina que tiene impreso en el frente una mano chiquita en color verde, como con tempera.La leo, y veo que dice "Feliz día papá.Miranda".

Es de su hija, y me emociona.

- Quería que lo vieras, por eso lo traje - dice

Su padre, su hermana , su hija.

¿Y él?¿Para cuando?

Un chocolate dice mas que mil palabras


El lunes, no me dan las piernas para llegar a la oficina.

Si pudiera correr en lugar de tomarme el tren, lo haría.

Quiero verlo.

LLego tan temprano que no hay nadie.

Aprovecho para hacer las cosas que cuando está él no hago.Respondo mails, organizo trabajo pendiente, y así pasa el tiempo.

Llega.

- Hola Blonda -dice y me da un beso en la mejilla, de la forma en que solo él los da.

Por supuesto, se sienta conmigo.

Me cuenta como le fue en el trabajo ayer y empezamos a organizar la semana.

Al rato de estar trabajando, le doy un bombón que le compré de camino.

Parece que la idea fue mutua, porque me dice:

- Esperá, que yo también tengo algo para vos.

Me entrega un chocolate.

- Lo compré ayer, y te lo traje.

La idea de que ayer, domingo, me haya comprado un chocolate, significa que en algún momento en que no estábamos juntos se acordó de mí, y eso me alcanza para sonreir.

Al rato, me dice que quiere ir a fumar.Que lo acompañe, y bajamos.

Apenas estamos en la puerta, me dice:

- ¿Qué hiciste el finde?

Yo exagero en el relato agregando detalles que implican una gran diversión, y omito decirle que pensé en él.

- ¿Con quién fuiste? - pregunta

- Con amigos y amigas, eramos un montón - miento

Descubro , por su cara, que la palabra "amigos" causó el efecto que yo esperaba.Debe estar entendiendo que tengo una vida en la que no está incluído, que se conforma de personas de sexo femenino y de sexo masculino.

Por cortesía, y un dejo de curiosidad, le devuelvo la pregunta:

- ¿Y vos?

-Fuimos los cinco a bailar a un boliche de Palermo.Todos demasiado pendejos, pero la pasamos bien -contesta

Con los cinco , se refiere a su grupo de amigos.No nombra mujeres, y asumo que su novia salió con sus amigas o se quedó durmiendo.

Cuando terminamos de hablar sobre el fin de semana, apaga el cigarrillo sin terminar y dice:

- ¿Volvemos a la ofi?

Y ahí descubro que el único sentido de ese cigarrillo era preguntarme que fue lo que hice cuando no estuve bajo su mirada.

Fin de semana con grúa


Viernes 20 de junio de 2008



Ramiro me cuenta que le toca trabajar el domingo.

Como una tonta, me da pena.

Terminamos la semana en paz, y armonía, y nada distinto a lo cotidiano sucede.

Todo es "gor","reina","mamu",etc, etc.

Y sigue siendo todo de a dos.

Termina el día, volvemos juntos , y yo ya me siento triste sabiendo que no lo voy a ver en todo el fin de semana.Son las reglas del juego,pienso.

El sábado, debería ir a taller literario.Es mi tercera clase, y se supone que debería escribir un cuento.No tengo ganas de escribir sobre algo impuesto, así que no voy.Me quedo en casa, debatiéndome entre si ir o no a un recital donde va a estar Charlie, y donde se supone que voy a poder intercambiar con él al menos más de veinte palabras.

Renata está enferma, pero finalmente viene con su marido.Por supuesto que va Gretel, y se suma mi amiga Fernanda.

Por suerte, la banda suena bien.

Desde la mesa en la que estoy puedo distinguirlo a Charlie.

No se si me gusta, o no, o no tanto como quisiera al menos.

La banda deja de tocar, y vamos con Renata a saludarlo.

Para mi sorpresa, la única palabra que me dice es "hola".

Y ahí termina nuestro diálogo.

En toda la noche no hablamos nada más, y eso que me quedo hasta las dos de la mañana con la intención de darme la oportunidad de conocer a alguien soltero y de mi edad, y por que no, para darle la oportunidad a él de que venza la supuesta timidez y se acerque.

Pero eso no pasa.

Harta de la situación, le digo a Gretel:

- Me cansé, es un tarado.Me voy con Fernanda por ahí.

Y así hago.

Terminamos en Belgrano, en una confitería cualquiera, matándonos con una porción de torta de chocolate y dulce de leche.

A las seis de la mañana, congelada, y con un dejo de melancolía, llego a casa.

Pienso que el domingo no me van a sacar de mi departamento ni con una grúa.

Antes de dormirme,inevitablemente, pienso en Ramiro.

El bebé ajeno


A la oficina nos viene a visitar Paola, una ex compañera que está de licencia hace un año por maternidad.

Viene con su beba de ocho meses, y la pasan de brazo en brazo entre mis compañeros.

Ultima, me toca a mi.

Tener esa beba a upa es demasiado fuerte,y demasiado coincidente con lo que me pasa.

Para colmo, la beba se entrega a mi de tal forma que es imposible despegarla.

Entonces comienzan los comentarios en la oficina:

- Deberías pensar en tener uno propio, y no ajeno

- Dicen que los bebés cuando se quedan así con una mujer es porque está embarazada

- Ya tenés edad para ir pensando en la idea


Hasta que lo veo a Ramiro pasar por mi costado, y decirme, mirándome a los ojos:

- Te queda muy linda

Y sonríe.

La decepción



Cuando me levanto, descubro que la idea de posible embarazo dejó de existir.

La naturaleza femenina acaba de informarmelo.

Por obra de la pastilla, confirmo que no hay bebé posible.

Y ahí estamos, en el baño, mi decepción y yo.

En esa hora que permanezco sentada sobre el borde de la bañadera simplemente pensando, descubro que parte de la angustia se debía a esa incertidumbre sobre si la noche de sexo y alcohol terminaba en un embarazo o no.

Ahora que la incertidumbre me abandona, afloran otras sensaciones y en consecuencia, otros pensamientos:

¿Y si realmente quería ser madre?

Y es toda una pregunta.

Desde mi noviazgo con Pablo que esa idea no recorre mi mente, y aparece justo ahora.

Pienso que tal vez hubiera sido algo maravilloso en mi vida, y no importa si de Ramiro o no.

¿O si importa?

Si no importara que sea Ramiro, ¿por qué la idea aparece ahora?

No encuentro respuestas.

Encuentro solamente lágrimas, y más lágrimas.

El llanto es igual al de cuando uno llora por alguien que murió.

Y si, es cierto, lo que muere es toda ilusión inconsciente que podría haber tenido hasta ese momento.

Terapia, la marca del deseo


Desde que llego a la consulta con mi terapeuta,lloro.

Le digo que no se bien por qué motivo, pero lloro desde que estuve con Ramiro.

Me dice que le cuente, y eso hago.

Relato todo , de punta a punta, desde mi borrachera, hasta cada una de sus palabras, las de amor, y las de no tanto amor.

Le hablo con tanta emoción sobre Ramiro, que hasta a mi me asusta.

A ella, parece no sorprenderla.

Cuando me hace la devolución, se limita a decirme:

- ¿Cuál es el problema?¿La edad, que está en pareja?

- No se- respondo

- Mirá, acá parece que hay algo claro, y es que desde Norman que vos no hablabas de alguien como de Ramiro. El parece haberte conmovido, y haber hecho que recuperes el deseo en tu vida, y probablemente eso sea lo que te angustia: encontrarte cara a cara con lo que deseabas. Ahora, hay una decisión clave que vos tenés que tomar.Podés quedarte sola, descartando tipos como venías haciéndolo, o vivir esto por más alto que sea el riesgo a correr.Digamos, que de la primera manera vas a estar en tu casa sin hacerte problema, pero sola, y eso a la larga no creemos que te guste.La segunda opción, es que disfrutes de esto, y que si terminás herida, al menos sea una señal de estar "viva".

Pienso que pueda ser que todo se reduzca a elegir entre sentirme viva o sentirme adormecida.

Se que elijo vivir, intensamente, pero hay un punto donde yo pierdo el control de la situación, y se que el jugarme por Ramiro, implica ceder mi espacio íntimo.El concepto de dejar fluir, para mi no existe.Yo fuerzo a que las cosas pasen, llego a las últimas consecuencias,uso todas las armas, y me entrego de lleno a la causa de la conquista.Se detiene el mundo, y solo existe el otro en mi cabeza y en mi vida.Y ahí es , donde cuando me sale mal, me siento morir.

El deseo reaparece, pero detrás de él, puedo distinguir el fantasma de la angustia, que acecha, en un rincón de mi mente, esperando para dar el golpe letal.

Como novios



El día siguiente es más de lo mismo.

Estar juntos, no importa haciendo qué, pero juntos.

Si se sirve café me pregunta si quiero, si voy a fumar le pregunto si viene.

Si vamos al kiosco, nos peleamos por quien paga.

En los pasillos, cuando me encuentro con algunos de los que estaban el domingo, empiezan a preguntarme "que onda". Vieron todos cuando nos íbamos , y ahora nos ven todo el día juntos, y el comentario es inevitable. Lo bueno, es que todos acuerdan en que "se nota que pasa algo entre ustedes.Si parecen novios".

Es cierto.Nos contamos todo, compartimos todo, el vaso de Coca, los clientes, el subte, el escritorio.Solo que no hay besos, ni mucho menos sexo.

Ramiro dice que trajo música para que yo escuche.

Y entonces, cada vez que viene un tema que le gusta, me avisa.

- Escuchá esté de Maná - me dice -decime si no te emociona la letra.

Si le dijera que desde el domingo a esta parte todo me emociona, y que no hace falta que Maná diga " vas a querer mirarte en mis ojos tristes que quisiste tanto", para que me conmueva, y llore, estoy seguro que en el fondo, me entendería.

Pero no le digo nada.Estoy dispuesta a no decir nada más de lo que dije, y esperar.

Esperar a que tengamos una oportunidad de estar juntos en alguna de esas salidas que se organizan, y darme cuenta si es verdad que va a haber una segunda vuelta o si todo quedó detenido para siempre en el punto de novios sin mimos en que nos quedamos.

Lluvia por dentro y por fuera


Nos encontramos a la mañana para ir juntos a una empresa, donde él trabajaba antes.

Yo estoy enferma.Tengo casi treinta y nueve de fiebre, pero voy igual.

Para colmo de males, hace frío y llueve.

Buenos Aires es un fiel reflejo de como estoy yo. Gris.

Me sorprende que cuando voy al kiosco, y compro cigarrillos, pañuelos descartables y caramelos de miel, quiere pagar él. Me parece un lindo gesto.

Lo mismo hace con el pasaje de colectivo.

Me dice que estoy loca por haber salido de casa con fiebre.Pienso que él no sabe las cosas que soy capaz de hacer cuando quiero estar con alguien.

Llegamos a la empresa, y veo como lo reciben todos, con alegría y abrazos.Se nota que tienen un buen recuerdo de él, y eso me gusta.Parece que siempre fue así como lo veo yo de tierno.

El me presenta a todos sus ex compañeros, y me cuenta cada uno de los sectores de la empresa y a lo que él se dedicaba a hacer allí.Lo cuenta con emoción, como si realmente quisiera compartir eso conmigo.

Nos quedamos casi todo el día entrevistando a la gente.

Cuando salimos, llueve más que antes y el frío es helado.

En el colectivo, me pregunta como me siento.Le digo que mal, muy engripada.Y me toca la frente para tomarme la temperatura.Yo cierro los ojos, y disfruto de esos cinco segundos en que siento su mano.Quisiera abrazarlo, y no soltarlo más.

Cuando llegamos me pregunta si quiero ir a tomar un café, o comer algo.Le digo que me parece mejor irme a casa y darme un baño. Dice que es cierto, que me va a hacer bien.Y nos despedimos.Quedamos en encontrarnos al día siguiente en la oficina a las diez.

Apenas pongo un pie en casa, mis ojos se abren como compuertas, y lloro.

Lloro con angustia, lloro desencajada.

Y lo único que quiero es que suene el despertador del día siguiente para verlo otra vez.

La encuesta


A partir de hoy, incorporo una pequeña encuesta en el blog, en el margen derecho, para que todos los que lo leen puedan dejar su votación, que será bienvenida, y por sobre todo, agradecida.

El después (parte 2) : Una vuelta de tuerca


Cuando subo, yo espero encontrarme con un Ramiro silencioso y compungido, pero no.

Enseguida que me ve sentarme, se sienta a mi lado.

Me habla sin parar, de trabajo, del clima, de cualquier cosa, pero me habla.

Creo que es el modo que tiene de tantear cuanto hay de cierto en mi enojo.

Y así, se hace la hora de irnos.

- ¿Vamos en subte? -me pregunta

- Bueno, pero dame dos minutos -digo

- Obvio, te espero - contesta

Voy al baño, me pongo perfume, me peino, y nos vamos.

Cuando estamos por entrar al subte, me dice que mejor terminar de fumar el cigarrillo en paz.Así que nos apoyamos contra un edificio.Ahí es cuando vuelve a sacar el tema:

- ¿Seguís enojada?

- No - contesto -es al pedo.Después de todo el único que se lo pierde sos vos. Lo que si me da bronca es no acordarme mucho - digo a propósito, con la intención de pegarle una bofetada a su ego.

- No me gusta que no te acuerdes, gor (¿¿¿gor???).Además, bueno, seguramente haya otra oportunidad de estar juntos.No va a ser la última... -dice


¡Cómo cambian las cosas en dos horas y media! ,pienso.


- Igual, Rami - digo - hay una realidad muy concreta.Vos me querés hoy.Si seguimos estando juntos como estamos, haya o no sexo, me vas a terminar queriendo más - sonrío

- Y vos a mi - sonríe.


Y nos vamos, hablando de todo y de nada, en la multitud del Subte D en la hora pico.

El después (parte 1)

El martes tengo reunión a las diez de la mañana.

Nos juntamos todos los de mi grupo en la sala grande.

Estoy impaciente por verlo, pero se que él llega más tarde.

Justo antes de que cierren la puerta, lo veo pasar.

El mira hacia adentro, y yo justo miro hacia afuera.Inevitablemente nos cruzamos la mirada, y él me sonríe.Yo no. Estoy tan preocupada por como será el después, que me tensiono y no puedo ser espontánea. Si hubiera podido serlo, habría salido eyectada de la reunión y lo hubiera abrazado.

La charla se hace larga, y recién nos liberan al mediodía.

Salgo pensando en que se viene la prueba de fuego, llegar a mi escritorio, dejar las cosas y saludarlo.No me da tiempo.Cuando estoy a un metro levanta su cabeza y me dice:

- Hola Reina

Y pienso que todo parece normal, y vuelvo a respirar.

Las dos sillas frente a mi computadora vuelven a ocuparse.

Estamos los dos juntos todo el día.

En lo único que hace alusión al domingo es cuando pregunta:

- ¿La pasaste bien?

- Muy bien, ¿vos? - respondo

- Muy bien - responde

A mi se me agolpan las preguntas en mi cabeza.Pujan por salir todas a la vez, pero me callo porque no puedo hablar en la oficina.Cuando mi ansiedad por saber que piensa se hace insostenible, le digo:

- ¿Me acompañás acá a dos cuadras?

- Obvio,vamos -dice

Y salimos.

Prendemos un cigarrillo y me pregunta adonde vamos.Le digo que por ahí, que quiero hablar.

- Rami, quería decirte algunas cosas, y en la ofi no podía -digo, y al hacerlo ya me siento mal.Siempre que quiero hablar con alguien es porque en el fondo no tengo nada claro, y a su vez, siempre me molesta que sea yo la que tiene que preguntar.En esta ocasión me pasa lo mismo.

- Decime - dice a la espera

- Primero quería pedirte infinitas disculpas por mi estado del otro día.Creo que no es nada agradable ver vomitar a alguien -digo

- Una disculpa ya hubiera sido excesiva, pero infinitas.... - dice - No me tenés que pedir disculpas por nada.¿La pasaste bien? - pregunta

- Si, digo, ese no es el punto - contesto

- ¿Y cuál es el punto? - pregunta

- El punto es que hay mucho que no me acuerdo,pero hay algo que si, y te quería avisar ante todo, que tomé la pastilla,así te quedás tranquilo.Bueno, y eso, que si bien hay cosas que no me acuerdo, hay cosas que dijiste que no me las saco de la cabeza.Vos sabés que soy grande, y .... - (acá empiezo a dar vueltas, enroscándome con la soga hasta ahorcarme) - bueno, que yo entiendo tu situación, pero quiero que sepas que está todo bien y que podemos encontrar un lugar, un tiempo para estar juntos.Yo vivo sola, así que... - digo

- Pará.Primero, genial lo de la pastilla.Segundo, te entiendo, ¿Pero sabés qué? -dice - Yo la pasé muy bien, y de hecho nunca había estado con alguien más grande que yo,y bueno, creo que lo mejor es que dejemos las cosas como están.


Este es el punto que odio de cuando conozco a alguien.El momento en que uno quiere borrar lo que preguntó, y sobre todo, lo que oyó.Esta es la razón por la que descubro que es mejor estar sola ,porque en este segundo el mundo se me cae encima y me aplasta con todo su peso, dejándome sin nada inteligente para decir.



- ¿Por? - es lo único que sale de mi boca

- Porque nosotros no tenemos una relación normal.Nosotros somos culo y calzón.Yo no estoy con vos como estoy con el resto.Vivimos estando juntos, y si a eso le sumamos "algo más" , conociendo como soy yo, se que me voy a terminar enganchando mal con vos, y tengo miedo que eso haga que en algún momento lo nuestro de hoy se termine.

- Ah,mirá vos.Qué pena que no me avisaste antes -digo, extremadamente seria

- Bueno, pensé que estaba clara mi situación.Yo no puedo darte lo que vos necesitás -dice

- ¿¿¿Y que mierda sabés vos lo que yo necesito??? -digo, y descubro que mis ojos se llenan de lágrimas

- Bueno, perdón, no quise... - empieza a decir y lo interrumpo

- No sabés nada, eso es. Yo no soy una mina que sirva para esto, y si sabía que todo iba a terminar así no hacía nada.La verdad es que me arrepiento.Y para colmo de males no me acuerdo.O sea, encima de que fue una sola vez, ni siquiera me queda un recuerdo concreto.Una cagada, dejá, problema mío - digo muy enojada

- No me digas así.Basta de decirme que no te acordás -dice con un dejo de pena

- Basta, Ramiro, ya está - contesto y empiezo a caminar, dejándolo con la palabra a medio decir.

- Pará, Blonda -acelera el paso para alcanzarme -No te enojes.Yo me muero si te enojás conmigo - exagera, obvio

- Basta, te dije que ya está -digo sin mirarlo mientras me sostiene por el brazo

- No toleraría lastimarte, ¿no entendés?- dice

- Lo lamento, acabás de hacerlo -contesto


Prendo un cigarrillo en la puerta de la oficina.El se acerca, dice algo que trato de no escuchar y yo giro mi cuerpo para darle la espalda.

Puedo percibir que se queda parado detrás mio unos instantes, y después lo veo entrar.

Yo inspiro hondo.Trato de pensar que no es el fin.Que siempre se puede cambiar de opinión.Que no debe tener nada claro.Que es chico y que esto debe ser algo nuevo para él.


Termino el cigarrillo, y un poco mas calmada, decido volver a la oficina.

¿Donde pongo el amor?




Hay una ecuación básica, cuasi elemental.

Ramiro me atrae físicamente, y además me encanta su personalidad.

Desde que lo conozco, no hace otra cosa que sorprenderme con las cosas que hace o dice.

En mucho tiempo,nadie me hizo sentir así de especial, y hasta valorada y querida.

Intento no escuchar lo que el corazón me dice cada vez que me acuerdo de él, pero hay un punto donde se me hace imposible.

No se si me pasa porque sueño con la historia de hadas, o porque me busco un imposible solo para sufrir como de costumbre.

Lo cierto es que ahí está, presente, delante de mis ojos.

Hoy siento que quiero estar con él, no se ni como, ni cuando ni cuanto, pero estar.

Es como abrir una inmensa caja de bombones y mentirme diciendo que voy a comer uno solo, cuando el primero que pruebo resulta exquisito.Voy a querer más, inevitablemente.

No quiero que nadie me robe la felicidad plena y absoluta que siento cuando estoy con él.

Con él es lindo viajar en subte, ir con fiebre a trabajar, tomar un café amargo, sacar fotocopias, compartir un turrón de un peso, fumar apurados porque hace frío.

Es lindo despertarme sabiendo que lo voy a ver, que me va a decir algo lindo que va a mejorar mi día, que me va a preguntar a que hora tengo médico y como me fue, que me va elogiar la camisa que me puse esa mañana.

La ecuación, entonces, es básica y elemental, si no es amor, ¿qué es?

miércoles, 25 de junio de 2008

Mil y una lágrimas


Tomé la pastilla, pero sigo sin tomar conciencia.

De a ratos pienso que hice bien en estar con él.

De a ratos no.

Siento una inmensa angustia de la que no distingo el origen.

Y lloro.Lloro un mar de lágrimas.Cantidades industriales de lágrimas.

Siento miedo.

Miedo a que yo pueda llegar a ser solo una más para Ramiro.

Fantaseo pensando que lo que me dijo a mi, se lo hubiera dicho a cualquiera esa noche.

En un pequeño momento de lucidez pienso que él no tenía necesidad de decirme que me quería.Después de todo, yo estaba borracha, y en su misma cama, así que no tenía que convencerme de nada, ni mentirme para que yo accediera.

Lo que no entiendo es por qué no quiso cuidarse.

Lo que no entiendo es por qué me dijo lo de la oficina.

Lo que no entiende mi cabeza, es que a las cosas tengo que dejarlas fluir, y que nadie va a decirme en este exacto momento que es lo que va a pasar mañana.

Pero mi ansiedad me gobierna, y no tolero la angustia que me da la incertidumbre de lo desconocido.Lo desconocido es lo que él siente.

Y hasta que no lo averigüe, solo quiero llorar.

Tomar conciencia


La charla que tengo por teléfono con Sami me deja pensando,mucho.

Sami dice que no puedo correr el riesgo de estar embarazada, que todo bien si yo a Ramiro lo conociera hace más tiempo, o si estuviéramos juntos hace unos meses, pero que por una noche cargar con un hijo toda la vida es una locura.

Parece que existe una pastilla para tomar en esos casos.Yo la desconozco, porque nunca corrí este tipo de riesgos.

Sami dice que vaya a la farmacia y me deje de joder.

Corto con ella.

Sigo sin moverme de la cama.

Mi mente es un torbellino.No, es un Tsunami .

No entiendo donde estoy parada.

No me reconozco en esa falta de acción , salvo para pensar.

Pienso, pienso y pienso, y van pasando las horas.



A las seis de la tarde, mensaje de Sami:

- ¿¿Ya la tomaste???

- No, ahora llamo a la Farmacia - contesto

- ¡YA! -escribe ella

Busco en la guía barrial alguna farmacia con entrega a domicilio.

No estoy dispuesta a cambiarme, ni a salir de casa.

Pienso que si no me la traen, no la tomo.Hasta ese punto llega mi inercia.


Dos horas después,tengo la pastilla en mi mano.

Dudo varias veces antes de tomarla.

Tomarla es mucho más que ingerir un comprimido.

Es tomar conciencia, de mis actos y de lo que quiero.

Y para procesar eso,necesito mucho más que un vaso de agua.

Puzzle


La última imagen que tengo de Ramiro, es desde el taxi, cuando lo veo caminando hacia su casa, en manga corta, muerto de frío.

Yo llego a mi departamento casi sin darme cuenta.

De pronto estoy en mi cama.

No puedo dormir del malestar que tengo.

Me levanto para vomitar cada veinte minutos.Así hasta las dos de la tarde del feriado.

Soy una piltrafa humana, sin fuerzas ni para hacerme un té.

Me acuerdo de que Ben quería verme.

Yo, que ni siquiera pude procesar lo de Ramiro,creo que lo mejor es estar sola, así que le mando un mensaje:

- Estoy con resaca.Mal.No vengas.Hablamos en la semana.Besos.


A la tarde, cuando empiezo a sentirme mejor del estómago, recién puedo ponerme a pensar.

Me acuerdo que lo último que me dijo fue algo así como:


- Espero que el martes en la ofi esté todo bien,como siempre.


¿De que tiene miedo? ¿De que no vuelva a hablarle? ¿De que me olvide de su cara? ¿De que no lo ayude más en el trabajo? ¿De que le retire el saludo?

Me paso todo el día en la cama, y lo único que hago, además de hablar por teléfono con Renata y Sami, es pensar.

Pienso que fui muy impulsiva.

Pienso que nunca en mis 34 años dejé de cuidarme con alguien y que lo vengo a hacer justo con él, y en el día más fértil del ciclo femenino.

Pienso que estoy loca.

Pienso que me pasan cosas con él que no quiero que me pasen.


Pienso:¿Qué le pasará a él?

Y descubro que no se la respuesta.


Mi mente es un enorme rompecabezas, que no puede completarse sin las piezas que él tiene.

Extrema ternura


A esa altura, yo estoy como anestesiada por el alcohol. Me cuesta mantener los ojos abiertos,y estoy entre dormida y despierta, en un estado extraño,como si estuviera ahí pero sin estarlo.

Trato de forzarme a estar sobria, pero no puedo.Realmente me siento mal.No puedo escuchar todo lo que dice, y me da bronca.

Se ve que el poder que tienen algunas frases que dice, hace que mi mente las registre, por importantes,supongo.Como si hubiera un tamiz, y aquello que sirve pasara a grabarse en algún lugar de mi memoria.

Ramiro dice:

- Estoy feliz de que estemos los dos desnudos en esta cama.

Yo creo que no contesto, o no me acuerdo.

Se que mira varias veces el piercing de mi ombligo, y está fascinado y sorprendido. Por los elogios que hace supongo que piensa que la de más de treinta no usamos esas cosas.

Se que después me abraza y me llena de besos.Que me pregunta hasta el cansancio si me siento bien y que dice que me haría el amor toda la noche.

Empezamos al menos por hacerlo una vez.

Me pregunta si yo me cuido, y le digo que no.

Me dice que no quiere cuidarse, y yo no digo nada.No se si porque las palabras no me salen, o porque tampoco quiero.El punto es que nos cuidamos.

Se que después me abraza.Yo estoy acostada sobre él, cuando dice:

- Tendrías que tener a tu lado el mejor hombre que existe en este mundo. El tema es que no creo que haya nacido alguien que te merezca.

Se me hace un nudo en la garganta.Se me anudan las tripas. Se me estruja el alma.Esa frase retumba en mis oídos, y creo que es una de las cosas más lindas que alguien me dijo en años.

Se que después voy al baño a vomitar.

Y que en lugar de que Ramiro sienta asco, como yo imagino, siente abrazarme y preguntarme como estoy.

Volvemos a hacer el amor.

Tampoco nos cuidamos.

Esta vez es más intensa, y en medio de la pasión me pregunta sin parar si lo quiero.

Le digo que si, y pregunta cuanto.

Le digo que mucho.

Me dice que él también a mi, que un montón, un montonazo.

Nos dormimos un rato, no se si diez minutos o media hora.

Cuando se despierta me pide perdón por haberse quedado dormido, pero dice que la noche anterior no durmió nada porque la madre de su hija no se levantaba y él tuvo que correr ante cada pedido de Miranda.Me lo dice angustiado, como si fuera a llorar.

Me enternece.Lo abrazo.

Y volvemos a hacer el amor.

Y tampoco nos cuidamos esta vez.

Todo el tiempo me dice que soy increíble, divina, maravillosa, y yo no puedo pensar que eso es sexo y nada más.

Pienso en que es extremadamente tierno para ser un acto meramente físico e instintivo.

Escucho sonar el teléfono, y se que nuestro turno se terminó.

Espero que el resto, recién esté empezando.

El deseo


Al llegar a la puerta de calle, no dice nada.Solo me besa.

El beso es mejor que el que hubiera soñado jamás.

Es de esos besos tibios, intensos, con el poder de estremecer cada rincón del cuerpo.

- ¿Vamos a tu casa? - me pregunta

Pienso un instante.

Mi casa está a veinte cuadras.Desde donde estamos, a su casa, hay cinco.
El se levanta a las 7.30 hs.Así que digo:

- No, vayamos a un telo que quede por acá cerca

- Pero no tengo plata, amor y no traje la tarjeta - dice

- La plata es lo de menos -contesto



Caminamos.

En realidad él camina, y yo ando, como puedo.

Estoy borracha de pies a cabeza, como nunca estuve en mi vida.

Si existiera el hada de los cuentos y me dejara pedir un deseo, pediría simplemente poder estra lúcida,para poder disfrutarlo.

En el camino, que no se cuán largo es porque no lo recuerdo, paramos varias veces para mimarnos.

- Blonda, quiero preguntarte algo - dice

- Preguntame -contesto

- No estás acá conmigo solo porque estás borracha,¿no? - dice intrigado

- No, quedate tranquilo -respondo

- Ok, porque si no , no quiero - contesta

Su inseguridad me gusta.

Me encanta que haya sentido duda, y que no le diera lo mismo que yo accediera por deseo y convicción, a que lo hiciera como un acto de inconsciencia.


Llegamos a un hotel, del que solo recuerdo la voz de la recepcionista, a él pidiendo un turno y a mi firmando ilegiblemente un cupón de Visa.

La habitación es en la planta baja.

Entramos,la luz es tenue, y la música casi inaudible.

Ramiro va al baño.

Yo me caigo en la cama, y como puedo me saco las botas.

No recuerdo como fue que me quitó la ropa,ni tampoco se en que momento se desvistió él, pero de pronto estábamos los dos desnudos , tendidos en la cama.

martes, 24 de junio de 2008

Palabras al oido

Llego tarde, pero si bien están casi todos, Ramiro aún no llegó.

Me siento en la mesa de truco.

No puedo concentrarme en el juego.Estoy pendiente del reloj y del timbre.

Cuarenta minutos más tarde llega.

Lo primero que le digo es:

- Viniste desabrigado.Hace mucho frío.

Lo primero que él me dice es:

- Te traje Gancia, porque el otro día te gustó.

Me sirve un vaso.

Nos sentamos a jugar al truco.

Aprovecha para hacerme todas las señas juntas: guiñadas de ojo, besos y más besos.

Se ríe.

Cuando terminamos de jugar , vamos al cuarto donde el resto está bailando.

Yo a esa altura llevo tomados cuatro vasos de cerveza y dos de gancia.

Estoy mareada.


Ramiro me agarra para bailar, como de costumbre.

Bailamos y aprovechamos cualquier estrofa de alguna canción que dice algo lindo para mirarnos a los ojos y repetir la letra en voz alta.

Nos traen licor de melón.

Tomamos del mismo vaso y mucho.Nos servimos varias veces.

Para borrarme el gusto a alcohol, busco un chupetín de mi cartera.Me lo saca de la boca y se lo lleva a la suya.

A esa altura el histeriqueo llega a límites intolerables.De pronto, y en un acto totalmente espontáneo, me toma la cara, y me llena de besos en la mejilla.

Lo miro.Nos miramos, y vuelve a hacerlo, efusiva y alocadamente, como un chico.

Sonrio.

Me toma de la mano,me clava la mirada y me dice:

- Vos y yo vamos a terminar muy mal.

Yo, totalmente borracha, le digo:

- Si, obvio, ya lo sabemos.

Al instante que lo digo, me siento mal.

Pienso que acabo de enterrarme sola, de elegir colorado cuando se que va a salir negro.Acabo de ponerme yo misma las esposas y me estoy entregando al juez.

Tambaleando, camino en busca de Sonia.La llevo a la cocina y le digo:

- No eran fantasías mías.Me acaba de decir que vamos a terminar mal y yo en lugar de hacerme la tonta, me puse contenta y le dije que sí,que era obvio.Me quiero morir.

- Pero es buenísimo nena.¿Qué más querés? - pregunta feliz

- No, es una porquería. Vive con una mina de la que tiene una hijaaaaa -digo, entre ebria y acongojada

- No me jodas.Si a él le importara ese detalle no hubiera llegado adonde llegó.Relajate y disfrutalo.¿No era lo que vos querías? - me pregunta

- Puede ser- digo

Me pregunto por un instante si es lo que quiero.

A esa altura ya no puedo ni pensar, pero intuyo que si.

En realidad todo mi ser pide a gritos algo más de él.

Entonces,vuelvo a donde lo dejé.

Lo miro.

Se acerca y me dice al oído:

- ¿Nos vamos?

- Si - respondo convencida.

Y salimos.

100% conectados


En mi escritorio hay dos sillas.

Están fijas e inamovibles, como si siempre ese lugar hubiera estado ocupado por dos personas.

Son nuestras sillas.

Es nuestra computadora.

Es nuestro mueble.

Es nuestra hora de almuerzo.

Es nuestro recreo para fumar.

Todo de a dos.

Hasta nos avisamos cuando vamos al baño:"Hago un pichin y vengo" o " No tardes mucho que me quedo solito".



El viernes a la mañana,escucho que uno de los chicos está haciendo planes para la noche.

Finalmente deciden que a las 23 hs nos encontramos en la casa de Obi.

Por suerte no tengo ningún plan , y ese es el mejor que podría haber surgido.


A las seis de la tarde, veo que Ramiro agarra sus cosas para irse.

Viene a mi escritorio a saludarme.


-¿Vas hoy, no? - dice


-Si,claro.¿Vos? - pregunto


- Si, si, también - contesta

Me saluda.


Cuando está llegando al ascensor se da vuelta y guiñándome el ojo me dice:


- Reina, te prometo que hoy la vamos a pasar todavía mejor que el otro día.


Su propuesta suena más que interesante.

El final



Hoy es el cumpleaños de Normán.

Si no fuera porque hace dos meses que me lo encontré de casualidad en el subte, haría un año que no lo veo.

Igual, casi que el encuentro casual no lo contaría.Podría jurar que cuando lo vi de espaldas y le grité tres veces su nombre, no era que no me escuchaba sino que no quería verme.

Al final, puso cara de alegría, y caminamos juntos cuatro cuadras hablando de todo junto como para ponernos al día.

Nunca pude saber nada sobre la muerte de su padre, ni siquiera como está él después de varios meses de sucedido.Solo se limitó a contarme que cambió el auto y que tal vez en la empresa lo mandaban a Sudáfrica por un par de meses.

Y eso fue todo, sin olvidarme del poco sentido abrazo del final.

Como hoy es el cumpleaños decido mandarle un mensaje.

No lo hago temprano, como podría preverse, sino que espero hasta las siete de la tarde.

Escribo:

- Hola, FELIZ CUMPLEAÑOS!!!! Hace mucho que no se nada de vos. ¿Todo bien?

Y el temido silencio.

Mi celular no suena ni equivocado.

Por un instante pienso que estará en Sudáfrica.

Después considero la opción que sugiere Renata:puede haber cambiado el celular.

Entonces, le mando un mail a su casilla personal y a la del trabajo.

Son las diez de la noche cuando escribo:

"Te mandé un mensaje para desearte Feliz Cumpleaños, pero como no me contestaste pienso que debés haber cambiado el número.

Por eso te escribo este mail, para desearte un lindo día.

Tendría muchas cosas para contarte, pero este mail iba dedicado a vos, así que lo dejo para otra oportunidad.

Espero que lo hayas pasado bien. Un beso. Blonda"

Ni esa noche, ni al día siguiente, ni en los días sucesivos recibo respuesta.



En mi trabajo, hay una compañera que cursa con él en la facultad.Esas coincidencias del destino que a veces sirven para algo.

Cuando la veo sirviéndose café, me acerco y le digo:

- Laura, ¿Lo viste a Norman estos días en la facultad?

- Si, ayer lo vi - responde

- Genial.¿Te puedo pedir un favor? - le digo

- Si, claro.¿Querés que le diga algo? - pregunta

- Si. Cuando lo veas, decile de mi parte que por qué no se va a la puta madre que lo parió - digo con bronca

- Bueno, le digo tal cual - dice confundida

- Gracias - contesto


Hago tres pasos y siento que mis ojos se llenan de lágrimas.


Pienso que esas son las últimas lágrimas que le dedico.

Contraste


Muchas veces parecería que el mundo girara, y yo encima de él tratara de hacer equilibrio para no caerme y desaparecer en medio de la galaxia.

Mil veces voy al ritmo que el mundo manda, sin detenerme a pensar.

Como si respirara porque el aire está ahí para ser inhalado y exhalado, y nada más.

Hoy tengo que parar, y entender donde estoy.

Hace más de tres años que no estoy de novia, desde Pablo, con el que conviví ocho meses y con el que se terminó porque tenía que terminarse supongo.
De él, me quedan algunas fotos del viaje a Salta, y el gato más chiquito que me regaló un mes antes de que se fuera de mi casa.

Estuve a punto de casarme con otro Pablo (el enano), con el que conviví dos años, y creí que era mi gran amor.Tardé dos años en olvidarlo, porque cada vez que estaba mejor, reaparecía.Supongo que ese es el karma de los ex novios, reaparecer y seguir complicándonos la vida un tiempo más, y estirando de algún modo la agonía.De Pablo,me quedan más cosas que un par de fotografías.También el gato más grande, que me lo compró como regalo de despedida.Algo que nunca entenderé.

Antes estuvo Rodrigo, el ser más bueno de la tierra, de esos novios que sabés que nunca podrían engañarte,y que parece que hubieran nacido para demostrarnos su amor. Duramos tres años, aunque desde el segundo comencé a sospechar que yo no estaba enamorada.Fue terriblemente triste dejarlo sabiendo que iba a ser difícil conseguir uno que me ame como él, y no exagero.


¿Después que hubo?

Seguidilla de amores inconclusos:

Patricio que volvió con su ex.

Pedro que me cambió por una compañera de trabajo.

Martín que solo miraba su propio ombligo.

Norman que no fue capaz de hacerse cargo de nada, empezando por él mismo.

Leandro que es y será fóbico.

Ben que es divino pero con el que las cosas estuvieron claras desde el inicio.

Y hay algunos que no nombro porque ni merecen ser recordados.

La mayoría, siempre dijo lo justo como para tenerme.

Ni más, ni menos.

Palabras milimetradas, sin excesos, ni en palabras ,ni en afecto.

Nadie dijo lo que yo quería escuchar, o al menos no todo el tiempo.

Ahí es donde aparece Ramiro.

El es como un negativo, que al ponerlo a contraluz, deja que percibamos las figuras, las formas, los personajes de una escena.Es el negativo que deja ver lo mejor de mí, que lo saca hacia afuera.

Frente al resto, se destaca.

Dice aquello que quiero oír, y está pendiente sin invadir.

Se aprende lo que me gusta y lo que no, por el solo hecho de saberlo.

Me halaga, para verme sonreír.

Me mira, porque le nace mirarme.

Y puede parecer improbable, o no, que surja el amor.

Y puede parecer insensato, o no, que me conmueva.

Y puedo estar loca, o no, si digo que me hace sentir bien.

No se si es por contraste, o no.

Lo cierto es que me pasa, y si hoy tengo que responderle a Renata la pregunta de que haría si esto deja de ser una fantasía para convertirse en algo concreto, mi respuesta ya no sería un "no se".

Hoy mi respuesta es que pienso arriesgarme,aunque el costo de mi decisión, sea salir herida.

La rana y el escorpión




Cuando llego a casa, hablo con Renata, como casi todas las noches.

Le cuento, por supuesto, lo que pasa con Ramiro, y evalúo con ella hasta que punto no serán fantasías mías.

A ella no le inquieta eso, sino que es lo que voy a hacer en caso de que mi fantasía se convierta en algo concreto.

Para variar, ella se preocupa por mi bienestar mental mucho más que yo misma.

Mi respuesta a sus preguntas, son una sucesión de "no se".

La verdad es que no miento, realmente no se que quiero.


Mientras hablo con ella se conecta Lucho, y por primera vez desde que lo dejé colgado aquél viernes, me habla:


- Me imagino que despues de dejarme de garpe como me dejaste habrás conseguido el puesto.


Le digo que estoy hablando por teléfono y le pregunto si se queda conectado.


- Un ratito, porque no me siento bien - contesta


Ante esa respuesta, por más que le haya dicho que estoy hablando por teléfono , no veo otra alternativa que escribirle igual.


- ¿Por? - pregunto


- Me duele la cabeza, me parece que me estoy engripando -escribe


- ¿Otra vez? - pregunto, sosteniendo el tubo con la oreja


- Si. Vengo con las defensas bajas- contesta


- Claro -escribo


Renata me pregunta con quien me escribo, porque escucha el sonido de las teclas.Le cuento que con Lucho.Me pregunta si sigue enojado.Le digo que no se, que en el primer renglón pensé que sí, pero que ahora ya no se.



Al rato, vuelve a escribirme:


- Tanguita o bombachita?


No contesto.

Ante mi silencio, escribe:


- Uyyyyyyyy, chupala.



Automáticamente me acuerdo de la fábula de la rana y el escorpión.

Por más que en un momento me haya asegurado que cambió, y hasta pude haberle creido, llego a la conclusión de que la gente no cambia su naturaleza.
Por comentarios como los de hoy, es que hace un año, dejamos de hablarnos.

Parece que esta vez, se repite la historia.

domingo, 22 de junio de 2008

Siameses


LLego a la ofi, con una sonrisa dibujada por los mensajes de Ben, y porque además se que voy a verlo a Ramiro.

Salgo del ascensor, y desde ahí ya lo veo, sentado en su escritorio.

Saludo a los que están por el sector de adelante.
Cuando llego a él me dice:


-Hola Reina, suerte que viniste.No podía arrancar si no estabas.


Sonríe.

Sonrío el doble.

Me siento frente a mi computadora.


A los cinco minutos, y con cualquier excusa está sentado al lado mío.

Todo el día se queda conmigo en mi escritorio.

No sale ni a comer.

Yo tampoco.

Vamos juntos al kiosco, y a fumar de vez en cuando.

En un momento, empezamos una pequeña discusión sobre el uso de la computadora.

Yo digo que hay que apretar F12 y después hacer un click.

El dice que F12, F4 y click.

Que es como yo digo, que es como él dice.

De repente, lo importante:

- Está todo bien - digo

- Eso está más que claro -dice, y me mira con complicidad.

Así , o mejor, pero siempre pegados de un lado para el otro, estamos toda la semana.


Palabras que dicen mucho



Cuando estoy en el subte camino a la oficina , vibra mi celular.

Es Ben.


Ben

- Hola Puti.¿Qué hacías?


Blonda

- Hola.En el subte yendo a la ofi.


Ben

- ¿Tenés tiempo hoy de darte una vueltita por el consultorio?


Blonda

- No creo, tengo bastante laburo


Ben

- Qué pena, tenía ganas de verte


Blonda

- ¿Es eso, o que estás mal atendido?jaja


Ben

- Es que te extraño


Blonda

- Me alegro.Yo también.Ta te dije que si tuvieras un par de añitos más las cosas serían distintas.


Ben

- Y si, creo que ya estaríamos viviendo juntos.


Blonda

- Es probable.Casa con jardín,plasma y cancha de once..jaja


Ben

-Tal cual, puti.Tal cual


Ben tiene esas cosas.

No es super expresivo, pero por lo general, cuando dice algo, lo hace con las palabras que a mi me gustan.

Creo que tal vez por eso lo nuestro no se termina.

Al compás de la guitarra



Lo mejor que hice en este año fue dejar de ir al cumpleaños que tenía, para ir al de Mariano.
Hacía mucho tiempo que no me divertía así, ni que volvía a las 9 de la mañana a mi casa, mientras la encargada baldea la vereda.

Hoy a la noche toca Charlie.
Estoy entusiasmada por conocerlo, porque es bastante más acorde engancharme con alguien de mi edad, que está buscando otra cosa aparentemente, que con un compañero de trabajo, de 23 años, de novio y con una hija.

En la semana, tuvimos una breve charla por el Msn.
Gretel me lo presentó virtualmente.
Terminamos teniendo una conversación de a cuatro, incluyendo a Renata, y una paralela, en la que solo hablábamos él y yo.
Se acordaba de la situación en la playa, en la que le dijo a Renata que nos presentara, y en que no pudimos coincidir en el cumpleaños de ella.
Dice que esta vez se va a dar si o si, pero que lo perdone si no puede darme mucha bola, porque por lo general, cuando toca está en otra, pero que al menos encontrará la ocasión para que arreglemos para vernos en la semana.
Me parece lógico y correcto.

A la tarde hablo con las chicas para arreglar para ir.
Arreglo con Gretel para ir juntas, así que nos tomamos un taxi y allá vamos.

La banda suena bien, y el recital se hace ameno.
Cuando termina, voy con Renata a saludarlo.
Lo único que alcanza a decir, es "hola" y "gracias por venir".

Como de ahí nos vamos todos a un pub en Avenida Rivadavia, tengo la esperanza de que vaya y tengamos oportunidad de hablar.
Nunca viene.

Por un momento me siento mal.
Cuando llego a casa me doy cuenta que no es por él,sino que lo que verdaderamente me pasa es que no dejo de pensar en Ramiro, y que la única posibilidad de poder sacármelo de la cabeza acaba de evaporarse.

De desayuno, un abrazo


Llegamos al boliche donde Mariano festeja el cumpleaños.

Se alegra mucho de vernos a todos, porque a esa hora de la madrugada ya había descartado nuestra presencia.

Empezamos a bailar y nunca paramos,en toda la noche.

Yo no bailo con otra persona que no sea Ramiro, o tal vez debería decir que él no baila con otra persona que no sea yo.

Sacamos fotos, muchas.Todos con pelucas y gorros, y a pura sonrisa.

Llega Carla, y se pega a Leandro, quien ya no puede bailar más porque se la ve a ella acorralándolo contra la pared y hablándole sin parar.
La verdad es que no me importa, de hecho, descubro que ellos no están recién cuando nos vamos, y eso ocurre recién a las siete menos cuarto de la mañana, cuando encienden las luces del boliche.
Somos los últimos en irnos.

Ramiro dice que podemos ir a desayunar.

El va a ir a trabajar sin dormir, porque ese sábado le toca.

Nos tomamos un taxi y nos vamos, Romina,Román, Ramiro y yo.

Vamos al Mc Donald´s de Libertador y Olleros.
Hay gente como en la calle Florida un Lunes a las doce del mediodía.
Romina y yo nos sentamos.
Ramiro me pregunta que quiero tomar, y va junto a Román a hacer la fila.

En la media hora que tardan en volver con el pedido, su hermana y yo hablamos de mil cosas.Descubro que las dos tenemos muy buena onda.A pesar de sus veinte años es muy madura, y por eso me explica que generalmente sale con tipos que le llevan diez años.Me gustaría decirle que a mi me pasa lo inverso, pero me callo.

Cuando vuelven con el desayuno, Ramiro se sienta a mi lado. Me habla, mucho.Si hay algo que me gusta es que es de esas personas que siempre miran a los ojos.Cuando termina el café descubro felizmente que cruza su brazo por detrás de mis hombros, y así se queda hasta las ocho y pico de la mañana en que nos vamos.

Romina y él viven a una cuadra de ahí.

Yo digo que me tomo un taxi y que de pasada lo dejo a Román en la casa.

Caminamos una cuadra en la que me lleva abrazada,como si fuéramos novios.

En la esquina,saca la mano para frenar un taxi para mi.

Saludo a Romina y después a él.

Cuando lo hago, me da un beso raro, extremadamente tierno, y me abraza,fuerte, fuerte.

Cada vez más juntos


Las mujeres solemos tener esa ropa que está separada para ocasiones especiales, que está clasificada como la de "la buena suerte".
Yo tengo una remera en la gama de los grises, que es la del buen augurio.
Cada vez que la usé me fue bien, así que decido usarla esta noche.
Me plancho el pelo, me delineo los ojos de negro, y lleno mis pestañas de rimmel.


A las doce de la noche llego a lo de Fer.
Descubro que Ramiro aún no llegó, y que los que están ya tuvieron tiempo de emborracharse.
La mesa está ocupada con seis de mis compañeros que juegan al truco.
Entre ellos está Leandro.
Justo cuando llego, una de las chicas dice que no quiere jugar más, así que la reemplazo.
Por suerte, me toca entrar en el equipo ganador, y con un "quiero vale cuatro" definimos el partido.

Suena el timbre.
Alguien pregunta quien vino.
Fernando contesta que es Ramiro.
En mi interior sonrío.
Sube con dos personas más.Un hombre y una mujer, muy jovencita, disfrazada de colegiala años setenta.
Pienso que vino con la novia, y por un instante me arrepiento de haber faltado al cumpleaños.
El alma me vuelve al cuerpo cuando me dice:

- Blonda, él es Román, un amigo y ella es Romina, mi hermana.

Sonrío, y ella también.Recién ahí puedo darme cuenta que es linda y de que tiene las pestañas tan largas como las de Ramiro.

Veo que él va hacia la cocina, y desde allá me llama.
Voy.

Lo veo con dos vasos en la mano.
Me dice, dándome uno:

- Traje Gancia.Te preparé un vaso para vos.No se si te gusta.

- Me encanta, gracias - contesto

La verdad es que no se si me gusta, pero creo que lo hubiera tomado igual con tal de no despreciarlo.Reconozco que igual está rico.


Ya nadie juega al truco.Están todos en el cuarto de Fer bailando con la música a todo lo que da.
Me sumo.Seremos como veinte personas amontonadas en una habitación de tres por tres.
El alcohol va surtiendo efecto, y ahora, el resto baila en el living, mientras que quedamos Román, Ramiro, Romina y yo, con el micrófono de la computadora, improvisando un Karaoke con los temas que van sonando.Ellos cantan y nosotras hacemos los coros.
Siento que tengo veinte años denuevo.Ellos, de verdad los tienen.


Ramiro no me deja sola ni un segundo.
Si no estamos cantando, me agarra para bailar.
A las cuatro de la mañana, algunos ya se fueron.Los que quedamos, decidimos ir al cumple de Mariano, que lo festeja en Palermo.
Me pongo la boa roja, y reparto las pelucas.
Cuando Romina me ve, me dice que estudia actuación y que justo está necesitando una boa de plumas para hacer de cabaretera, y que averiguó y que cuestan como ochenta pesos.Le digo que ni loca se la compre, que yo se la presto.Está contenta como si le hubiera dicho que le doy las llaves de mi casa o un cheque en blanco.


Bajamos y comenzamos a subirnos a los autos.
Cuando estoy por subir en el que va Ramiro, un Peugeot se para a mi lado.

- Subí, vamos - escucho

Es Leandro.
Me subo.Cada vez que paramos en un semáforo veo la cara de Ramiro que me mira desde el asiento trasero del auto de Bruno.