
Hoy me regalaron el poder disfrutar de una excelente película argentina: El secreto de sus ojos.
Las actuaciones, la ambientación en los años setenta, el guión y hasta una máquina de escribir que funciona mal (y que no es un elemento incluido al azar), logran un producto digno de disfrutarse a lo largo de sus ciento veinteseis minutos de duración.
El título - acertadísimo -, encierra un montón de aristas que giran en torno a la vida de Benjamín Espósito (Ricardo Darín), un reciente jubilado que después de haber trabajado toda su vida como empleado en un Juzgado Penal decide emplear su tiempo ocioso en escribir una novela basada en un caso policial del que fue testigo y protagonista.
La violación, seguida de muerte, de la esposa de Morales (Pablo Rago) es el eje de la novela que intenta escribir y es, además, una puerta de acceso a una justicia corrupta, que huele a podrido.
Pero hay más puertas que se abren a través de la mirada de los protagonistas. La mirada, no en una forma metafórica. Ojos que dicen lo que la palabra calla, en más de un sentido.
Una mirada que puede ser de amor, como aquella en la que queda detenido Morales una vez que pierde a su mujer o la de Espósito que contempla enamorado a Irene (Soledad Villamil).
La película gira en torno a los ojos de los protagonistas y da vueltas sobre una frase que le da sentido al film: Una vida llena de nada.
Y acá me detengo para profundizar en ese puñado de reflexiones que me invadieron al cruzar la puerta del cine.
La primera es la pérdida. El inmenso vacío, que sigue al dolor, cuando uno pierde a un amor sin aviso, cuando la muerte egoísta nos priva, de un momento a otro, de la compañía de un ser amado.
Hay otra pérdida, que puede doler aún más, y es la que uno decide a través de un acto de cobardía que se prolonga en el tiempo. Ese silencio sentenciante al que uno elige someterse por miedo a hablar y a correr el riesgo de un "no" o, lo que es peor, por no animarse a un paisaje feliz.
La segunda es la pasión, que se muestra como algo inevitable. Algo a lo que nadie puede resistirse. ¿ O a lo que nadie debería resistirse?
La tercera es una amistad con todas las letras, en la que el otro lllega a ser más importante que uno mismo.
La última es la que más me dejó pensando: El sentido de la vida.
Esa vida llena de nada a la que los protagonistas se refieren. Esa búsqueda a la que ni ellos, ni nadie, debería claudicar.
Recuerdos que seleccionamos y atrapamos con las dos manos para poder seguir adelante, para saber quiénes somos y hacia dónde vamos.
Barrer culpas, asumir errores, ganarle la batalla al miedo que paraliza, aprovechar el tiempo porque no hay reintegros, buscar la verdad, perseverar. De eso trata.
La necesidad de que algún acontecimiento justifique el pasar por esta vida para que nuestra presencia no sea un mero acto de atravesar almanaques. De eso también trata.
En el caso de Espósito, una novela que es sólo una excusa para juntar coraje y atreverse a vivir y no irse con las manos vacías.
Un policial que cumple mucho más que la función de entretener, porque obliga a pensar en el futuro antes de que se convierta en historia.
"El pasado no pertenece a mi jurisdicción"- dice Irene.
Tiene razón.
El secreto de sus ojos
Dirección: Juan José Campanella
Interpretes: Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella (genial), Pablo Rago.





