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viernes, 3 de octubre de 2008

Lo que dejamos ver



Parece que dos buenas lectoras del blog, que hoy son algo así como amigas virtuales, se empecinaron casi al mismo tiempo en presentarme algunos amigos, en esta manía que tiene la gente de querer extirparme la soltería.

Así fue que se incorporaron a mi vida cibernética tres nuevas figuras masculinas.

Los presento en sociedad, ellos son:

* Alguien
* El Psicólogo
* El Sonidista

Tienen algunas cosas en común, y es que los tres se vinculan de alguna manera a lo artístico, y más precisamente a la escritura, como si desde el momento en que confirmé mi vocación por ese lado tuviera la suerte de atraer con un imán a gente que comparte el mismo gusto.

Además, los tres tienen la misma edad, y son solteros.

Con El Sonidista, sólo alcanzamos a intercambiar un breve diálogo por Msn porque estaba compenetrado en su jornada laboral, pero recién me agregó al Facebook, como en señal, tal vez, de que la primera impresión fue buena.

Con El Psicólogo, ya intercambiamos largas charlas, además de cuentos escritos por ambos, y varias fotos.
Me gusta mucho lo que escribe, pero hay algo que no me atrapa del todo.Creo que son esas pequeñas expresiones que utiliza cuando me distraigo 30 segundos del monitor y dejo de escribirle.Algo así como: ¿Me leés?¿Te fuiste?
O cosas del estilo: "Bueno, veo que estás con algo más interesante que yo."
Lo paradójico de esto, es que tiempo atrás mi inseguridad me llevaba a cometer los mismos errores, reveladores de una ansiedad malsana.Hoy, viéndolos en un otro, y tratando por todos los medios de no caer en el camino sin retorno de esa ansiedad que me ha costado más de una angustia, me causa un leve rechazo que no sé si puede remontarse.

Por último está ese Alguien, con quien ya llevo casi dos semanas de mails, repletos de anécdotas, fotos, y mucho ingenio, que ha logrado generarme una gran intriga.

Lo que inevitablemente me detengo a pensar sobre la situación del virtualismo es cuánto uno muestra de la personalidad real y cuánto modifica y camufla para ocultar aquello que no vende de nosotros mismos.

Digamos que el chat o el mail no es la forma normal en que uno conoce a un otro, y que si bien tiene sus grandes ventajas, como conocer a alguien a quien tal vez nunca hubiéramos mirado por la calle, y descubrir que detrás de una cara que no coincide con nuestro prototipo de hombre se esconde un ser que puede captar nuestra total atención, también tiene la contra de no saber si el que está del otro lado está siendo sincero.

Ni hablar del detalle de la química, que no puede percibirse a través de una simple foto, por más que uno se haga a la idea de como es el conjunto que está del otro lado escribiéndonos.

¿Es normal encariñarse con alguien que sólo conocemos por sus palabras?
¿Es racional pensar que del otro lado puede esconderse alguien compatible?
¿Por qué uno se engancha con el hecho de escribirle a un extraño que va dejando de ser tan extraño con el correr de los días?
¿Hay que dejarse ver tal cual uno es? ¿O hay que disfrazarse de Caperucita para disimular las mañas de lobo feroz?

Yo no puedo con mi genio, y prefiero ir con mi única carta de presentación que es ser yo misma.
Y que salga pato o gallareta.
¿Hago mal?