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sábado, 15 de noviembre de 2008

Algo habremos sembrado


Cuando hacía unos meses que había entrado a la empresa donde hoy trabajo (ayer casualmente cumplí tres años de ser explotada sin reconocimiento), hubo una camada de ingresantes entre los que estaba el Rugbier.
La primera vez que nos vimos él estaba en capacitación y yo justo bajaba a usar el dispenser de café que estaba en el piso donde ellos tenían su recreo, así que cuando me vieron,se acercaron a preguntarme qué tal era el laburo, sus pros y sus contras, lo que derivó en una conversación comunitaria de unos veinte minutos.El rugbier no me hablaba, sólo me miraba y sonreía.
A la semana siguiente, le asignaron el escritorio de al lado mío y ahí sí empezamos a dialogar.A medida que pasaban los días y se incrementaba la confianza, descubrimos que vivíamos cerca, así que avanzó pidiéndome el celular con la excusa de combinar para tomar el tren los dos juntos. Empezamos a viajar de ida y de vuelta, hablando hasta por los codos y con esa sensación de que estaba todo bien entre nosotros aunque no hubiera llegado el momento de hacerse cargo.
La dilatación del encuentro romántico me incomodaba.Las miradas eran notorias, las sonrisas indicaban una suerte de complicidad y las llamadas al celular se habían hecho moneda corriente, pero el contacto no se daba.Hasta que una noche de viernes, decidimos ir todos a bailar, y yo me agarré una borrachera violenta que terminó por arrojarme del boliche junto a una compañera con la sola finalidad de oxigenarme para recobrar la cordura.Mi compañera, que estaba tan alcoholizada como yo, me abandonó a los cinco minutos, y yo intenté caminar sola unos pasos para alejarme de la mirada de los curiosos patovicas.Mis piernas no resistieron lo necesario y a los 100 metros caí sobre el pasto.Así, sin más, con mi vestido para conquistar corazones, me encontraba de pronto enajenada de mis sentidos reventada sobre la vereda del boliche.
En un acto impulsivo escribí un mensaje que decía algo así como: "Bodacha t/&%irado ##@ afue ra." (debo haber tardado quince minutos en presionar las teclas). Al segundo de apretar send, mi celular sonó y el Rugbier me preguntó donde estaba y corrió a socorrerme. Me arrastró como pudo a su auto para poder llevarme a mi casa y emprendimos el camino.
Durante el regreso lo hice parar dos veces para vomitar (un asco, sí), pero él lejos estaba de escandalizarse y parecía que mi aspecto de mujer desprotegida le llegaba al corazón. En la puerta de mi casa me abrazó y me dijo que no me preocupara, que así borracha y vomitando yo le gustaba igual. Al día siguiente llegó el beso, y desde ahí se fue generando algo entre nosotros que nos acompañaría hasta el día de hoy.
Atravesamos todas la etapas y hasta decidimos hacer una mini sociedad en la que él invirtió todos sus ahorros y ambos pusimos la misma cantidad de trabajo.Un intento de independizarnos que sólo duró unos meses y que nos devolvió de una patada a la vida de empleado.
Conocí a toda su familia, compartí con ellos cenas y cumpleaños.Me presentó a sus amigos y disfrutamos de todo de a dos por unos seis meses.
Finalmente nos separamos.Ni él era para mi, ni yo para él, aunque en ese momento no fue tan fácil darme cuenta.
Meses después se puso de novio con otra compañera, que casualmente es una de las pocas a las que considero amiga en esa oficina.Ya hace año y medio que están juntos, y sospecho que él nunca le contó lo nuestro, o que ella sabe pero me conoce tan bien que no puede desconfiar de la lisa y llana amistad que sigue existiendo entre su novio y yo.
Ella fue trasladada al interior hace quince días y él renunció el mes pasado.
Ayer vino a visitarme a la oficina y a decirme que la empresa que armó está facturando a lo loco, que no le da el cuerpo para ocuparse de todo y que quiere que esta semana nos juntemos para ofrecerme que el año que viene me vaya a trabajar con él, con sueldo básico mas comisiones, con viajes al interior y estadía paga.
Dice que soy la única persona en quien confía.Que por favor le diga que sí.
Así nomás.
Parece que algo bueno habré sembrado que trasciende el amor de pareja y que puede existir más allá del momento y hasta quien sabe, no tener fin.
Algo tan sano como una inmensa amistad.