
El viernes pasado me tocó disfrutar de un viaje relámpago, de esos que nos alejan por un rato de la rutina del cemento y que combaten el malhumor clásico que provoca la ciudad en verano.
Convocadas por nuestro jefe como si fuéramos dos cirujanas a quienes se las espera para comenzar a realizar una operación de riesgo, mi compañera y yo partimos hacia Punta del Este para participar del evento de Corona.
Después de un rato largo en el buque que cruza al país vecino y de un mareo que competía cabeza a cabeza con mi fobia a los barcos por llevarse el primer premio en la pelea por hacerme sentir mal, llegamos al hotel, nos bañamos y salimos disparadas hacia el parador Setai de José Ignacio.
Y ahí, con las patitas en la arena y comiendo manjares hechos por el chef Jean Paul Bondoux, me di cuenta que el lema del evento: "Dejá que se haga tarde", nunca me había parecido tan apropiado. Había tanta Corona helada y tanta gente linda ( Agustina Córdoba, Horacio Heguy, Jessica Trosman, Julieta Kemble, Pablo Massey, etc) que no daban ganas de irse.
Vimos caer el sol bailando a la orilla del mar de la ciudad estera pero cuando el reloj marcó las doce y un poquito, nos convertimos otra vez en Cenicientas. Dejamos atrás el ruido del mar y el ambiente distendido para emprender el regreso.
El sábado,ya en Buenos Aires, me enteré que mi nueva columna "Crónicas de bolsillo (para mujeres sin cartera)" saldría hoy en Victoria Rolanda, una revista pensada para mujeres que seguro les va a gustar. (Pueden leer la nota haciendo click acá .)
Esa misma tarde, el hada madrina me envió hasta mi casa una caja enorme de cervezas que ya se enfrían en la heladera para brindar el próximo fin de semana. Haré chin chin y levantaré una botella al cielo, agradeciendo mi crisis existencial con la que empecé el 2010. Sin mi disconformidad y mis ganas de patear el tablero no podría haber encontrado la manera de ir dando forma a proyectos postergados que hubieran muerto en un cajón, siendo una mera idea entre montones. En cambio, hoy tienen nombre de emprendimiento nuevo y están a punto de ver la luz.
Estoy contenta porque pude combatir las nubes grises con un nuevo paragüas en lugar de sentarme a esperar que un rayo me partiera al medio como un melón. Y más contenta aún porque si bien no tengo un principe al lado, tengo mi Corona y unos cuantos motivos para festejar.



