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sábado, 19 de febrero de 2011

Amor larga duración


Hay amores que no deberían terminar nunca.
Lamentablemente, la mayoría escapa a esta frase.

La infinitud es atributo del mar y de los vientos, no de los humanos.
Tan efímero es nuestro paso por estos pagos como muchas veces lo son nuestras relaciones. La eternidad de una promesa puede caducar en la siguiente primavera, sin formulario de reclamo ni compañía de seguros que nos indemnice ante la pérdida.
Pactos implícitos que pueden deshacerse sin consentimiento de una de las partes y hasta amores encuadrados en el marco de la ley que pueden disolverse con la intervención de un abogado.

Un amor larga duración suena más sensato que uno eterno.
Que se prolongue hasta que se sulfaten las pilas o lo erosione la rutina.
Que se sostenga mientras dos pares de manos lo sujeten con la misma fuerza.
Que se escriba hasta que los autores decidan poner punto y aparte.


Ya saben que tengo un amor y, como todos, puede llegar a terminarse.
Para que perdure, los necesito a ustedes.

Hace tres meses, la gente de Samsung me dio la posibilidad de testear el funcionamiento de la nueva notebook SF410.
Más allá de haberme enamorado por completo, y de no querer que haga abandono de hogar, hay una cosa que me preocupa aún más.
¿Cómo hago para que me devuelva todo lo que guarda?
En estos tres meses, ella se ocupó de almacenar cada página de mi libro, cada foto que saqué, cada letra que confesé sobre un word en blanco. Programas, música, planillas, presentaciones que uso en mi nuevo trabajo, películas y un montón de etcéteras.

La única forma que tengo de conservarla es que ustedes me voten.
Estos son los pasos para que puedan colaborar para que la Samsung SF410 se quede conmigo antes de la medianoche del lunes:

1- Registrarse acá.
2- Chequear el mail de registración que les llegue a su casilla.
3- Ingresar a "Votá quién querés que se quede con la notebook"
4- Tildar la opción de mi post " Me enamoré"

Aclaración: Sólo pueden votar los que tengan domicilio en Argentina.

Si me dan una mano, el martes podré gritar a los cuatro vientos que arranqué el año ganando y confirmar que, si bien el amor por lo general se termina, con una cuota de suerte hay algunos que pueden durar mucho más que un rato.


¡Gracias de antemano!

miércoles, 20 de mayo de 2009

Los ganadores

Antes de dar los nombres de los ganadores quiero agradecer:

1- A todos los que participaron por el sólo hecho de escribir.
2- A todos los que votaron, que fueron muchísimos más de los que hubiera imaginado, con casi doscientos votos en total.
3- A los que mandaron mails agradeciendo la propuesta, pidiendo que haya más concursos y elogiando la calidad de los cuentos participantes.


Gracias a todos, de verdad, por sumarse a la propuesta.

Y quiero aclarar:
1- Que la votación estuvo peleada hasta el final.
2-Que todos los cuentos recibieron bastantes votos aunque no fueran los suficientes para estar en el podio.
3- Que los ganadores pueden llevarse la imagen del concurso y subirla a su blog (porque el premio no creo que les guste demasiado)


Ahora sí, ruido de platillos, el ingreso del escribano al recinto, y....los ganadores son:

Primer Premio para Besos en la plaza con 20 votos

En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen, si un lector desemboca en esta página al dar las tres de la tarde muere.
Allí vivía Walter MacLean, un fanático de la lectura. Podía pasar horas sin dormir, sin comer, por encontrarse ensimismado en su pasión . Es así que también por momentos olvidaba cuestiones esenciales como, por ejemplo, el dinero.Esa tarde, Walter iba a estrenar un nuevo libro, que había solicitado por Correo. Estaba ansioso por disfrutarlo. Miró el moderno reloj de péndulo del living, y suspiró: Eran las tres en punto. Maldijo haber nacido en ese condenado pueblo con sus estúpidas y sobrenaturales reglas... Sus ansias iban a tener que esperar un poco más.
Decidió entonces, hacer tiempo jugando algunos solitarios.Luego de unas cuantas partidas, se sirvió un vaso de su mejor scotch. Se acomodó en su sillón favorito, bebió un pequeño sorbo, tomó el libro entre sus manos, y comenzó a devorarlo con los ojos.Unas pocas páginas después, se encontró con la hoja en blanco, que lo miraba, desafiante. Sonriente, sabiéndose a salvo, miró el reloj para reírse de él y de su maldito pueblo.
El reloj marcaba las tres.En ese momento la mucama entró al living.Observó al viejo Walter con desdén, y dijo:"Ve lo que pasa, MacLean, por negarme el dinero para las baterías..."

Su premio:

Un Viaje de siete días a Las Toninas para dos personas, con todos los gastos pagos.
Incluye traslado en bus super confort , hotel con vista a las estrellas y media pensión.
Para ser utilizado en época invernal, únicamente.
El hotel cuenta con dos frazadas por pasajero, servicio médico ambulatorio y transfer in/out hacia el hospital más cercano.
¡Qué lo disfrutes!

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El Segundo Premio es para Flori con 18 votos


En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen, si un lector desemboca en esta página al dar las tres de la tarde muere...
Se rieron cuando leyeron la advertencia en la primera hoja del libro que compraron en su primer día de vacaciones. Se rieron como ríen los enamorados, cuando se encuentran cómplices entre la multitud. Con los ojos, con los labios, con el cuerpo.Se encerraron en su habitación alquilada durante toda la tarde. Saltearon el almuerzo para seguir amándose, e hicieron caso omiso a la lluvia que caía sobre las piedras del jardín escocés.El libro de poemas yacía sobre la mesa de luz. Él lo sostuvo en el aire, en un momento, y comenzó a leer. Un poema a la vez. Al azar. Ella reía en cada pausa, en cada verso, en cada instante que enrollaba sus brazos alrededor del torso desnudo de su amor.Sólo las campanadas del enorme reloj de la sala de estar se sintieron en el aire. Tres repiqueteos, y una página en blanco. Una página asesina que sentenciaba el fin de las vacaciones. El fin de la risa. El fin del amor.
Su premio:

Un paseo en Catamaran por el Tigre,para ella y una acompañante.
Incluye una hermosa canasta con vianda para la jornada, repelente para mosquitos en aerosol, y una lona para poder descansar debajo de un árbol a degustar mate con bizcochitos (que no se incluyen en el premio).
Además, un obsequio extra, porque estoy derrochona: una orden de compra por veinte pesos para gastar en el puerto de frutos.
El voucher podrá ser utilizado en época invernal y no es apto para fines de semana.
¡Qué te diviertas y saques muchas fotos!


El Tercer Premio es para
Caperucita con 17 votos


En un pueblo de Escocia venden libros con una pagina en blanco perdida en algún lugar del volumen, si un lector desemboca en esta pagina al dar las tres de la tarde muere..........Así comenzaba la leyenda que mi abuelo noche tras noche me contaba para intentar dormirme...el pobre nunca se dio cuenta de que aquello me hacia sentir mas miedo que sueño.La duda de que esa leyenda fuera cierta se fue incrementando con los años y decidí viajar a ese pueblo en Escocia.Estando allí, me llené de coraje y valentía, entre en la librería, compré un libro y busqué esa pagina en blanco...Y la encontré..., pero no morí, no, la pagina en blanco estaba repleta de escritos de otros tantos que como yo siguieron la pista de esa leyenda y así como ya lo hicieran otros, cogí mi pluma y escribí "Abuelo, de nuevo te equivocaste!!!, al terminar de escribir reconocí en la parte inferior derecha una caligrafía familiar y una frase que decía "Querida nieta, sabia que vendrías, un beso, tu abuelo"....Nunca antes nadie me avivo tanto la curiosidad, yo, prometo hacer lo mismo con mis nietos.
Su premio:

Un día de camping en los bosques de Ezeiza.
Incluye carpa que deberá ser devuelta en óptimas condiciones,linterna y un juego de palitos para hacer una fogata.
Los fines de semana dicen que hay mucha gente , así que espero que uses el regalo para fomentar nuevas amistades.
¡Qué lo pases bomba!


Quiero mencionar a los que quedaron en cuarto y quinto lugar que son Elphaba y Any respectivamente, con sus cuentos números 9 y 15.

De verdad, mis felicitaciones a los ganadores, y a los que no alcanzaron a estar en el podio pero que al menos lo intentaron.

Les cuento que en breve se viene otro concurso, pero esta vez, con premios de verdad.

Gracias, y espero que lo hayan disfrutado tanto como yo.

jueves, 14 de mayo de 2009

Se larga el concurso...




Pensé que no muchos se iban a animar a inventarle un final al microrelato del gran Julio Cortázar, pero para mi asombro, fueron más de veinte los que llegaron.


Gracias a los que se hicieron un tiempo entre los libros de la facultad, el trabajo,o las horas de sueño sólo para ponerse a escribir.

Ahora sólo resta saber quienes son los ganadores.Habrá primero, segundo y tercer puesto.

No se pierdan de leerlos porque son geniales. =)

Si bien la regla decía 200 palabras, tuve tolerancia en un excedente de hasta diez palabras más porque no quería ponerme quisquillosa.

La votación será vía mail solteriaanunciada@gmail.com, y podrán votar a tres cuentos distintos, no importa el orden. La votación termina el día martes 19 y el miércoles estaré anunciando los ganadores.Pueden promocionarse, pero no pueden publicar el cuento hasta que no esté cerrada la votación.Nada de trampitas ...


Acá les dejo el comienzo del cuento, que se llama Página asesina.¡A votar!


"En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen, si un lector desemboca en esta página al dar las tres de la tarde muere". Julio Cortázar.




Cuento Número 1




Ella lo sabía, por eso lo compró. Se encaminó al parque con el libro bajo el brazo, estaba decidida, aún faltaban 15 minutos por lo que se apresuró para sentarse en las gradas, a la entrada. Suspiró... Su vida empezó a pasar como una película frente a sus ojos. No salían lágrimas, ya las había gastado todas. No había remordimientos, ya no sentía nada. 10 minutos...Vió los últimos niños correr tras el balón. El vendedor de globos en la esquina. Los abuelos con los nietos comiendo helados, hasta que una voz familiar la distrago."¿Eres tú?"Volvió a ver a todos lados y nada.
"¿Hey?"Su corazón palpitaba casi queriéndose salir de su cuerpo. "Te amo..."
"¿Qué dijiste?"- preguntó al creer que no había escuchado bien.
"¡Te amo!"- lo dijo con esa sonrisa encantadora que siempte la encantaba.
Se iba a levantar cuando vió sin querer el reloj...En eso el libro cayó rodando por las gradas...






Cuento número 2



La escuchaba distante, hablaron por un rato mas pero él no podía dejar de pensar que era una despedida, ella le pedía mas tiempo.

- Tiempo para qué pensó él, que podía hacer el tiempo sino hacer la espera mas dolorosa-
Se despidieron con la promesa de volver a verse en un mes…

Enojado, colgó el teléfono con tanta fuerza que el libro que estaba leyendo y había dejado en la mesita de luz cayó boca abajo sobre la alfombra. El mismo libro que ella le había traído de vuelta de su viaje por Escocia, era gracioso pensó, no había llegado a terminar de leerlo y sentía que todo había terminado con ella.

Lo levantó del suelo, por la caída había quedado abierto mucho más adelante de donde lo había marcado, le llamo la atención que la página impar estaba vacía de los dos lados, parecía un error de impresión.

Anotó en la hoja vacía la fecha y la hora, eran las 15:00hs. del segundo domingo de noviembre de 2002 y una fría corriente de aire recorrió la habitación mientras cerraba el libro.

En ese mismo instante golpearon la puerta, alguien lo venía a buscar…




Cuento número 3



Así comenzaba la leyenda que mi abuelo noche tras noche me contaba para intentar dormirme...el pobre nunca se dio cuenta de que aquello me hacía sentir más miedo que sueño.La duda de que esa leyenda fuera cierta se fue incrementando con los años y decidí viajar a ese pueblo en Escocia.
Estando allí, me llené de coraje y valentía, entre en la librería, compré un libro y busqué esa página en blanco...Y la encontré..., pero no morí, no, la pagina en blanco estaba repleta de escritos de otros tantos que como yo siguieron la pista de esa leyenda y así como ya lo hicieran otros, cogí mi pluma y escribí "Abuelo, de nuevo te equivocaste!!!, al terminar de escribir reconocí en la parte inferior derecha una caligrafía familiar y una frase que decía "Querida nieta, sabia que vendrías, un beso, tu abuelo"....Nunca antes nadie me avivo tanto la curiosidad, yo, prometo hacer lo mismo con mis nietos.






Cuento número 4




Cuentan que un joven, se dispuso a terminar con este misterio y poner fin a tantas muertes. Fue así que una tarde fría de invierno entro a la librería, solo tenía consigo una pluma y un tintero. Sin meditarlo demasiado tomó un ejemplar de “La guerra y la Paz” de una de las estanterías y comenzó con su lectura.

Se lo veía tranquilo, relajado y sumergido en la historia, como si no le importara que la hora estuviera cerca. Justo cuando se oía la primera campanada de la iglesia que sentenciaba las tres de la tarde, el joven dio vuelta la página.

Por un instante la blancura se apoderó de él, se sintió hipnotizado, sintió que sus ojos se cerraban y el aliento lo abandonaba.

El segundo campanazo lo sacó de aquel trance, rápidamente hundió la pluma en la tinta y comenzó a escribir y a escribir. Al principio las palabras se borraban y la blancura infinita se apoderaba de la hoja, pero lentamente el libro cedió de sus intenciones infames y se rindió ante la hermosa lírica del joven. Fue así que la hora mortal pasó, el joven vivió y el libro, aunque incompleto, ya no deseaba matar más.



Cuento número 5



A. quería ese libro, era EL jugador. Probó todo: Desde el Poker hasta juegos chinos de mil años de antigüedad. Amaba el riesgo. La Ruleta Rusa no era suficiente, nadie tenía sangre fría y suerte como él. Cuando supo del libro contrató a J. Experto bibliófilo, maestro en el arte de comprar por peniques lo que valía mucho más.
Mediante sobornos y deducción, llegó al pueblo en cuestión. Hurgó en las librerías. Desechó las ediciones conocidas, se centró en las raras y, por un cuidadoso proceso, redujo los candidatos a tres. Con su habitual olfato comercial aprovechó para adquirir, casi regalados, algunos libros más. Volvió donde A. y completó su misión. El excitado jugador contempló su compra y puso a prueba su fortuna. Cada día leía entre las dos y las cuatro…


Los días pasaron, A. llegó a las últimas páginas del último ejemplar.
Bañado en sudor frío, dio vuelta la página por última vez. Miró…
No estaba en blanco. Perplejo, no terminó el libro, los revisó a todos nuevamente en busca de la página fatal. Nada… nada en absoluto, imposible.
A la misma hora, un librero moría, a su lado una edición del “Fausto” con una página fallada.



Cuento número 6



En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere...pero si lo hace a las tres de la mañana, en ese preciso instante adquiere la capacidad de ver en el corazón de los demás, de leer en sus ojos adónde van sus sentimientos, y es ahí cuando comienza su agonía, cuando descubre que a veces es mejor no saber qué habita en el fondo del alma de quiénes hemos amado, pues la cara oculta de la luna, está oculta por una sencilla razón, la vida es más linda cuando mañana te queda algo por descubrir.



Cuento número 7


Tal pueblo se encontraba en la zona costera de Glasgow, era un lugar alegre y verde, lleno de innumerables distracciones que lograban atraer a los turistas del mundo. Podían encontrarse desde circos coloridos, restaurantes exóticos, hasta librerías en donde se hallaban libros con distintos tópicos como: política, historia y además algo de brujería. Aquellos libros eran vendidos a diario por los múltiples visitantes que iban al pequeño pueblo, lo que la mayoría de turistas no sabían, era que muchos de los volúmenes que integraban la temática de brujería, contenían en su interior cierta página en blanco, que al ver justo a las tres de la tarde, el lector sufría una escalofriante muerte.
Los pueblerinos jamás comentaban esa peculiaridad de dichos libros, preferían callar antes de recordar aquella mañana gris del día jueves, cuando el pequeño Tom, asombrado por el cuero y los adornos brillantes que traían los distintos volúmenes de hechicería, se atrevió a jugar con cierto ejemplar de aquellos libros; sin saberlo y guiado por su inocencia, fue condenado por la coincidencia de la hora, justo cuando quería dibujar una casita en alguna de las páginas blancas encontradas en el interior del libro, lo que el no sabía era que sus cortos nueve años, llegarían a su fin justo el día 3 de noviembre a las 15 horas del año 1886…



Cuento número 8


En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere un pajarito, por eso green peace prohibió que se vendan libros en escocia para salvar a todos los pajaritos, pero eso trajo también la falta de imaginación cuando la gente dejo de vender libros, entonces algunos más moderados llegaron a una solución, que en vez de prohibir la venta de libros, deben prohibir la lectura de libros de tres a cuatro de la tarde, entonces ahora los escoceses que viven en ese pueblito están adoptando un poco de la cultura latinoamericana y duermen la siesta a esa hora para no leer más libros y que los pajaritos sigan viviendo, el problema ahora está que los pajaritos cantan tanto que no los dejan dormir.
La moraleja, nos dice entonces que para cada problema hay una solución y cada solución trae un problema.




Cuento número 9



Del alma del lector que tiene esa desgracia simplemente brota un frío que le congela el corazón. No tiene explicación alguna este fenómeno, ni razón aparente para ofrecer libros con tales características. Una página en blanco antes del final representa la interrupción de una historia y de ninguna forma puede reanudarse sin cambiar por completo.
Pero he aquí el secreto: si el lector es capaz de escribir en esa página la parte perdida de la historia, habrase apropiado de ella, para convertirla en la suya propia. Por tanto, podrá contarla a su manera y decidir el final. Quién ha descubierto ese secreto se salvará de una muerte segura, pero con una sola condición: deberá dejar en ese libro renovado una hoja en blanco, destinada al siguiente lector.
Heme aquí escribiendo la página que salvará mi vida y que afectará la de aquel que se atreva a leer este libro. Ten cuidado, estimado lector de no toparte con una página en blanco al dar las tres de la tarde si no eres capaz de llenarla con tus propias palabras. Este libro no podrá ser nunca terminado tal y como es, pues la lectura que le des ya lo ha transformado.



Cuento número 10



Las dos veces que estuve en ese pueblo compré doce libros en un último intento desesperado por olvidarla. Leía bajo un roble, sentado en sus raíces y cobijado por su ramaje. Abracé la idea de morir en ese lugar, con un libro en las manos. Me pareció que su recuerdo merecía un homenaje en tierras lejanas y pletóricas de historias de coraje y sacrificio. La primera vez, los doce libros se terminaron antes de que pudiera siquiera encontrar esa página huérfana de palabras. La segunda vez me aseguré que tuvieran esas malditas páginas asesinas espiando en la librería el contenido de los volúmenes. Estos libros pasaron sin ni siquiera haber sentido un pequeño dolor de cabeza.
Al volver a casa, abandonado por la misma Muerte, la encontré esperándome en la puerta.
- ¿Por qué me ignoraste? - pregunté
- No te ignoré, te di tiempo para que conocieras el verdadero motivo de tu muerte.
- Pero…
- Lo lamento, son las tres de la tarde.



Cuento número 11


Un domingo frío de invierno Pascal no pudo vencer la tentación de releer
aquel libro. Serían las doce. Sabía que su enfermedad era incurable. ¡Que
mas daba antes que después cuando se sabe un final cierto…!.
La historia era de las que enganchaban, hablaba de rincones maravillosos,
de luces en paraísos perdidos, de noches de pasión sin límite y de paseos
al amanecer. Del amor y el desamor, de príncipes encantados de si mismos
y princesas que se sentían amadas como nunca.
De repente llegó a la página en blanco. Miró su reloj. Eran las dos y
media. Sin esperar un solo instante empezó a escribir, con letra menuda.
Lo hizo de sus sentimientos, de sus deseos, de ella. Casi sin darse
cuenta… se quedó dormido encima de las últimas letras escritas….
“La amaré eternamente…por siempre” ponía…
Como sin querer dieron las tres. Y Pascal sumido en los recuerdos de su
amada…murió.

…murió… sí…pero de amor.



Cuento número 12



Un encuentro súbito, Ruth con un libro bajo el brazo. El libro cae al suelo, se abre en medio de una página en blanco. Las doce en el reloj. Paolo recoge el libro, ve la página en blanco y ella mira su reloj de pulsera, horrorizada. Aliviada, se enfrenta a unos ojos verdes que la admiran. Toman juntos un café en la antigua estación.
Ruth habla a Paolo de todo menos del libro, y él lo mira con insistencia. Ella cae en la trampa de sus ojos y sólo puede empezar a leerlo. El contenido del libro no importa, sólo el ritmo de sus palabras, y Paolo se enamora sin oponer ninguna resistencia. Pero ella sabe la verdad, aunque no puede confesarla: compró el libro para morir a las tres de la tarde.
Ruth recita, Paolo mira a Ruth y ésta lee pendiente del reloj. Se acerca la página en blanco, una página menos, la vida se acaba. Dan las tres, la página llega, las luces se apagan y unos labios sellan su boca.
Las luces se encienden, Ruth está sola y el libro ha volado. Agradecida, vuelve a casa, a recomenzar su vida.



Cuento número 13



En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere de amor.
Después de escuchar esa noticia en la radio, nos sentamos uno frente al otro, mirándonos en silencio, apenas con un mate pasando de mano en mano. Dos días estuvimos así, sin dormir, buscando en lo más profundo de nuestros corazones aquello que nos había unido hace ya más de treinta años. Finalmente, ella, que siempre fue la más decidida, se levantó y fue hacia la habitación. La seguí. En el mismo bolso verde que usamos en nuestra luna de miel colocó dos sacos de abrigo, su peine de carey y mis lentes. Yo busqué, en el primer cajón de la cómoda, nuestros pasaportes.
En dos horas aterrizaremos en Edimburgo. Pediremos a algún taxista que nos lleve a la librería más cercana. Cada uno elegirá un libro, cualquier libro. Nos sentaremos a leer en una plaza soleada. En algún momento nos miraremos, sonreiremos, entrelazaremos una vez más nuestras manos, como hacíamos antes.
Serán, en ese momento, exactamente, las tres menos cinco de la tarde.



Cuento número 14


En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere... y no es casualidad.
Es la terrible venganza de una bruja, cuyo hijo único se quitó la vida un viernes santo, a las tres de la tarde. Este joven escribió la historia novelada de su amor no correspondido y su madre encontró el manuscrito junto al cadáver.
Enfurecida por el dolor, intercaló a las hojas ya escritas una en blanco para que quienes la vieran a las tres de la tarde pusieran en blanco su propio futuro y murieran.
Luego dejó el manuscrito en la puerta de la niña que su hijo amaba, buscando causar en esa familia el mismo dolor que sentía. Pero quiso la adversidad que un tercero encontrara el manuscrito y lo publicara, respetando la curiosa hoja en blanco que dividía el relato.
Todavía quedan unos cuantos ejemplares de esa edición y se venden como incunables, porque nunca volvió a publicarse aquella historia.
Si vas a Escocia, estimado lector, no compres libros antiguos. Y si en algo valoras tu vida, nunca te pongas a leer una novela de amor antes de tomar el té de las cinco.



Cuento número 15



-No me diga que usted cree en esas pavadas!! – dije sonriéndome
-Si que creo, yo estuve en ese pueblo, compré varios libros en lo del viejo Mathew ... y los tengo aquí mismo, quiere verlos?
-Claro, a ver – los examiné - pero ... son libros comunes, viejos, no tienen nada de raro, en este por ejemplo … ni siquiera encuentro una página en blanco ... – comenté con desilusión.
-Mi estimada amiga, para encontrar la página en blanco tendría usted que esperar a las tres de la tarde; yo nunca me he animado, quizás si usted quisiera intentarlo conmigo ... que dice? Se anima?
-Pero Blake!!! yo a esta altura me animo a cualquier cosa, ya no tengo nada que perder.
-Entonces la espero mañana a las dos y media, tomaremos un té y buscaremos la página en blanco a las tres en punto.

Ayer un inconveniente de último momento me impidió llegar a la hora de nuestra cita. A las tres y diez me encontré con la policía en la puerta de la casa de Blake. No quise verlo, me dijeron que tenía una mueca de horror y un viejo libro entre las manos.



Cuento número 16


"En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere...", contaba su abuela a Annie McLean, mientras juntas tomaban el té en su departamento.

Annie se miró en el espejo y observó a una linda joven; su cabello pelirrojo caía desordenado sobre su cara y cubría a medias las pecas que la caracterizaban. “Es un buen día para leer”, pensó, y caminó hacia la plaza.

Llevaba varias horas leyendo cuando se sintió observada. Un joven rubio, apenas mayor, la miraba divertido. Se sentó a su lado y al conversar los minutos se hicieron horas; sin pensarlo ni planearlo, se encontraron ahí cada día desde aquella tarde, de esa forma ella se enteró que su nombre era Walter Scott, y que con él compartiría el resto de su vida.
Annie había olvidado la terrible advertencia escuchada hacía tantos años de boca de su abuela, y leía sin importar día, hora o lugar de adquisición de su lectura. Él, que también conocía la historia, la cuidaba en secreto y procuraba regresar a casa a las tres menos quince, pero aquel día se retrasó. Asustado, llamó a Annie, pero no obtuvo respuesta; la encontró recostada en el diván, como dormida, pero sobre su pecho aún tenía un libro abierto… en una página vacía.


Cuento número 17



La mujer tomó el libro en sus manos, y mientras escuchaba la increible historia que narraba el vendedor, lo dejó caer en su cartera; su marido, del brazo, complacia sus gustos sin prestar atencion, mientras su mente volaba y se encontraba, en la fria Buenos Aires, junto a su verdadero amor.
Dias mas tarde la mujer puso el libro dentro de un sobre, y con trazos firmes y letras grandes, escribió el nombre de ella.
Y ella, enamorada recibió el sobre como una bendicion de su amado, y llamada por su ansia y su amor, se lanzó a una lectura que rapidamente capturó su atención, encontró sin embargo, una página curiosamente en blanco, y confundida trató de imaginarla, lo intentó mientras los dias pasaban, leyendo el libro varias veces, acortando asi las distancias con el reencuentro.
El regresó una mañana y al no encontrar respuesta forzó una puerta, halló a su amada recostada, con una sonrisa, el se acercó a ella y al pasar miró el reloj, que se habia detenido justo a las tres, como todos los demás relojes de la casa, sobre su cuerpo descansaba un viejo libro escocés, abierto en una página, curiosamente en blanco


Cuento número 18


En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere, automáticamente, su capacidad de asombro. De repente la vida se convierte en un permanente pasar de situación en situación. En el mejor de los casos los agobian el cansancio y el aburrimiento. En el peor, pasan meses completos incapaces de sentir maravilla o susto.
Se conoce sólo un caso de muerte. Hubo, en la historia de los libros, las páginas en blanco y las tres de la tarde, una sola persona capaz de resignarse a una vida monocorde sin chistar. El resto de los afectados (que no son mucho pero han sido varios) estallaron, en algún momento, la coraza que los rodeaba.

Todos los recuperados retomaron sus sobresaltos cuando fueron capaces de asombrarse por su impasibilidad. No hubo llanto de queridos, alejamiento de amantes o nacimiento de hijos que quebrara el encanto. Dicen que, al volver, se les revela el gran secreto de la vida. Dicen que, para obtener ese conocimiento, hay que resignar por un rato la capacidad de asombro. Dicen… que no vale la pena.



Cuento número 19



Se rieron cuando leyeron la advertencia en la primera hoja del libro que compraron en su primer día de vacaciones. Se rieron como ríen los enamorados, cuando se encuentran cómplices entre la multitud. Con los ojos, con los labios, con el cuerpo.

Se encerraron en su habitación alquilada durante toda la tarde. Saltearon el almuerzo para seguir amándose, e hicieron caso omiso a la lluvia que caía sobre las piedras del jardín escocés.

El libro de poemas yacía sobre la mesa de luz. Él lo sostuvo en el aire, en un momento, y comenzó a leer. Un poema a la vez. Al azar. Ella reía en cada pausa, en cada verso, en cada instante que enrollaba sus brazos alrededor del torso desnudo de su amor.

Sólo las campanadas del enorme reloj de la sala de estar se sintieron en el aire. Tres repiqueteos, y una página en blanco. Una página asesina que sentenciaba el fin de las vacaciones. El fin de la risa. El fin del amor.



Cuento número 20


Allí vivía Walter MacLean, un fanático de la lectura. Podía pasar horas sin dormir, sin comer, por encontrarse ensimismado en su pasión . Es así que también por momentos olvidaba cuestiones esenciales como, por ejemplo, el dinero.

Esa tarde, Walter iba a estrenar un nuevo libro, que había solicitado por Correo. Estaba ansioso por disfrutarlo. Miró el moderno reloj de péndulo del living, y suspiró: Eran las tres en punto. Maldijo haber nacido en ese condenado pueblo con sus estúpidas y sobrenaturales reglas... Sus ansias iban a tener que esperar un poco más. Decidió entonces, hacer tiempo jugando algunos solitarios.

Luego de unas cuantas partidas, se sirvió un vaso de su mejor scotch. Se acomodó en su sillón favorito, bebió un pequeño sorbo, tomó el libro entre sus manos, y comenzó a devorarlo con los ojos.

Unas pocas páginas después, se encontró con la hoja en blanco, que lo miraba, desafiante. Sonriente, sabiéndose a salvo, miró el reloj para reírse de él y de su maldito pueblo.

El reloj marcaba las tres.

En ese momento la mucama entró al living. Observó al viejo Walter con desdén, y dijo:

"Ve lo que pasa, MacLean, por negarme el dinero para las baterías..."



Cuento número 21



Muy a su pesar, un ademán oscuro maniobraba incoerciblemente en cada edición, y penetraba los libros recién salidos del horno, incrustándoles las inmaculadas hojas malditas.
El azar retozaba en la hora mediana de la tarde, aprisionando a la vez blancura, ojo, y vida, perversamente. El sentenciado caía, sin siquiera sentir lo apacible de la ida.
Él descubrió rastros, ató aquél suceso con el Qué casualidad, indagó con las familias de las víctimas que ahora devenían noticia mundial.
Siguiendo un animismo respetuoso por la cábala y su pasión por el misticismo -viejas malacrianzas de adolescencia- escudriñó si el infortunio correspondía a la ubicación de la hoja desnuda y mortal dentro del texto. Constató que ninguna disposición lógica entre las páginas del libro homicida sugería serie alguna, ningún orden razonable que analizar.
Desdeñando esta oportunidad concedida a sus recientes obsesiones sobre tan extrañas muertes, barajó con deleite la más inconfesable: ¿Cómo sería…? ¿… si compruebo que no es la letra, como se ha oído, sino el vacío, lo que mata?
Un té, un reloj y un libro sobre el que descansaba el rostro sonriente de un pobre escritor, fue la escena que relanzó nuevas pesquisas. El oficial recogió del suelo una hoja en blanco y anotó los hechos.




Cuento número 22



Imagínense que ninguno de los chicos que recibieron la caja de libros en el Chaco sorteaba esa problemática. El embalaje de la caja se deshizo en sus manos ansiosas que esperaban la pronta aventura de “viajar con la imaginación”.
Eran las 14:50 hs. cuando daban punto de partida al Taller de lectura.
Los chicos ojearon los libros, saltando de página en página, buscando imágenes o dibujos que mostraran algo del maravilloso mundo soñado. La muerte les rozaba los ásperos dedos, habituados al trabajo; los ojos de los alumnos se fijaron sobre las mortales páginas perdidas. Letra por letra el envenenamiento comenzó a desarrollarse.
Ya las 14:59 hs., sonó la cálida voz docente:

-Van a ser las tres! Cierren los libros que hacemos la oración y siguen.

Despertando de un profundo estado de hipnosis los chicos pronunciaron la oración a Jesús Misericordioso que diariamente rezaban a las tres, hora de su muerte, esta vez con el especial propósito de agradecer los libros.

-Esta oración me tiene cansado, yo pensé que con esto de los libros hoy safábamos.- refunfuñó el mayor de la clase, que con el paso del tiempo leyó religiosamente cada uno de los libros que tuvo la pequeña biblioteca.

Cuento número 23



Desde el momento en que Sean me contó la historia vivo atemorizada. Me contó que existen los libros... pero no me dijo los títulos los autores.
Como soy muy amante de la lectura, muy enamorada de mi vida y por sobre todas las cosas muy, pero muy, miedosa, desde ese día leo tomando infinitas precauciones.
Tengo establecidos estrictos horarios de lectura, que respeto rigurosamente.

Leo de 13 a 14:55 (prefiero leer en vez de dormir la siesta) siempre con el temor de que el reloj esté atrasado y sean las 15... y yo no me haya enterado... y justo la próxima página sea la página en blanco.
Hasta ahora nunca me sucedió.
Lo que noto es que estoy perdiendo rápidamente el placer de la lectura.

Me estoy volviendo un poco paranoica, porque, además, me entran terribles dudas:
¿Las 15? ¿de qué país?
¿Qué huso horario que rige el destino mortal?
¿Cómo saber que el libro que estoy leyendo ¡Que para mi horror es en inglés! no lo compró algún viajero en algún pueblo de Escocia?
La página en blanco que encontré a las 14:10 ¿Será la única?

¡Mejor prendo la tele!

Cuento número 24

- Te amo.


Fue mas un susurro entre los matorrales que una declaración que, con el corazón brotando de los labios entrecerrados, se atrevía José. Antes la vio por primera vez en la biblioteca, y atraído por esa imagen angelical le siguió de cerca. Bastaron un par de dias para que el joven amara a la criatura, y José era astuto, y buen mozo, de modo que noto el rubor que teñia las mejillas de su amada y eso le lleno de fuerza… urdió un plan. Y asi, la bella en su leccion encontraba palabras tiernas. Al terminar el día ella cuidadosamente arrancaba del texto la pagina de sus ardores.

Como suele suceder en estos casos José aquel día esperó agazapado, para entregarle una pagina mas, atreviendo la declaración que inicia nuestra historia y pidiendo cita a las 3 de la tarde, ausentes sus protectores.

Pero fueron descubiertos. El padre de la doncella, ciego de furia levanto la mano contra la joven justo cuando lanzaba las miradas mas tiernas a José, el cual, al ver la imagen de su virginal amante golpeada brutalmente, se lanzó al furibundo aristócrata, y recibió de este un plomazo en el corazón.

Por eso dicen que en un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen, si un lector desemboca en esta página al dar las tres de la tarde muere.

viernes, 1 de mayo de 2009

Vivo escribiendo...escribiendo vivo.


Terminó el concurso organizado por Mamarracho, bajo el lema "Vivo escribiendo...escribiendo vivo".

Después de tres días de votación entre los lectores, hoy se anunciaron los ganadores.Y ahí estoy, en el primer lugar, compartiendo el podio con la Capitana del Espacio y P.Vargas.

Quiero agradecer a aquellos que invirtieron un minuto de su tiempo en enviar un mail con mi título participante, porque gracias a ellos me desperté con una sonrisa.

Este concurso no otorga diploma, ni trofeo, ni dinero en efectivo a los ganadores.
El premio es simplemente poder escribir el relato que lleve el título que elegimos para participar y que sea publicado en el blog organizador.Ni más, ni menos.

Es por eso que realmente me asombra que cierto sector del mundo blogger se haya visto revolucionado con esta iniciativa del amigo Mamarracho, porque significa que todavía queremos seguir escribiendo.

Próximamente, estaré publicando en su blog mi texto, y lo mismo harán los otros dos ganadores.

Quiero felicitar a todos los que enviaron un título al concurso, y especialmente a Ely y Café con tostadas que se ubicaron en el cuarto y quinto puesto respectivamente.


Gracias Mamarracho por la iniciativa y por la paciencia de clasificar cada mail recibido, y gracias a ustedes, una vez más.


Y como "vivo escribiendo....escribiendo vivo", ya mismo me pongo a redactar mi "Pasaje a la felicidad".


Buen fin de semana y felíz día del trabajador.

martes, 28 de abril de 2009

¡¡¡ A VOTAR!!!




No me postulo a ningún cargo político, ni para presidir un club barrial, pero necesito una manito para ganar el concurso de Mamarracho.

La consigna era enviar un título entre los que se elegirá a un ganador, que será el que cuente una historia, relato o poesía con ese mismo nombre.

Ya envié el mío y ahora necesito juntar votos para antes del día viernes en que se cierra la urna virtual.

A los que están dispuestos a colaborar con la causa literaria de esta Blonda, deberán enviar hasta tres mails por persona a italomamarracho@hotmail.com , con la palabra VOTO en el asunto, y en el texto el nombre de mi título que es "Pasaje a la felicidad".



Se les agradece de antemano, y en caso de ganar los invito a un brindis virtual en este mismo lugar y los convido , además, con un par de sonrisas de esta anfitriona que estará feliz con la noticia.


GRACIASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!

martes, 12 de agosto de 2008

Y el premio es para...



Ya cerrada la votación sobre las Historias de Amor, no me queda más que agradecer a los que quisieron compartir una anécdota de sus vidas en mi blog, y felicitar al ganador, y por qué no al segundo puesto que durante la semana venía peleando la primera ubicación.

Los resultados finales son:

1er puesto, con el 45 % de los votos : "Un amor de Verano" , publicado por El Panza.

2do puesto, con el 32 % de los votos: La historia de amor enviada por Lubi, mi amiga virtual.

3er puesto, con el 13 % de los votos: La historia que escribió la lectora que prefiere mantener el anonimato.

4to puesto, con el 8 % de los votos: La historia de un blogger que me encanta como escribe, Fran.

A todos, mis felicitaciones, y mi agradecimiento, nuevamente.

domingo, 10 de agosto de 2008

Relato breve 4


Un problema gordo


Elena era tan gorda que su sola presencia bastaba para superpoblar el mundo. Pesaba tanto como la vejez, como un ropero de algarrobo, como cien toallas empapadas en agua. Dormía llenando el ancho de la cama, y sus sueños, de tan grandes, eran ilusiones. Elena era inmensa. Sus ojos, redondos como ciruelas, se perdían entre el pequeño espacio que quedaba disponible entre sus abultadas mejillas y las arrugas de su frente. Sus brazos colgaban sin gracia al costado de la masa de su cuerpo, sin rozarlo, al igual que un espantapájaros .Sus piernas rollizas y aletargadas se arrastraban con incomodidad por la ciudad apenas amanecida.
Su vestido floreado parecía un mantel de pic nic de primavera, y el lazo que pretendía ceñirse en la mitad de su figura sólo lograba acentuar su aspecto de mamushka rusa o de escultura de Botero. Elena caminaba por Rivadavia, y con cada paso ondulaba el aire y arremolinaba las copas de los árboles. Cuando sonreía contrayendo los mofletes y mostrando los dientes parecía un bulldog de exposición. Todos los sábados Elena se sentaba en la mesa del fondo del mismo bar, y en susurros, como avergonzada, le pedía al mozo un cortado y una porción de selva negra. La devoraba en cinco bocados, y con el café ayudaba a empujar la crema empalagosa que se atoraba en su garganta. Ella sabía que era gorda, enorme. Se dio cuenta el día en que vio las fotos de su cumpleaños número cuarenta. Había una en la que abrazaba a Héctor, y que le llamó la atención porque en lugar de un gesto de ternura parecía un intento de asfixia. Estrechaba el cuerpo de su esposo al igual que un pulpo con cientos de tentáculos, entre los que asomaba la cabeza de Héctor y su cuerpo escuálido, desgarbado. Junto a la delgadez de él, la gordura de Elena sobresalía notoriamente, y eso era lo único que la perturbaba. En el fondo de sus grandes entrañas, temía ser abandonada, que su marido se fuera con alguien a quien pudiera alzar o con quien pudiera dormir sin miedo a ser aplastado. En dos oportunidades había intentado camuflar su obesidad. La primera, cuando probó disminuir su inflamada barriga conteniendo la respiración, pero tuvo que suspender el método al descubrir que le era imposible hablar sin expulsar el aire contenido. La segunda, cuando pensó que un cabello largo podría disimular su cuerpo y se colocó extensiones hasta parecerse a Rapunzel. Nada le dio resultado, y había pasado noches de desvelo buscando una solución al problema de su gordura. Esta vez creía tener el remedio para semejante congoja. Pagó la cuenta y salió del bar con una sola idea en su mente: continuar la tarea que había comenzado esa madrugada. Entró al almacén contiguo y compró los alimentos más calóricos que se exhibían en las góndolas. Llegó a su casa y luego de saludar a su marido con el brazo en alto, como quien avisa que se ahoga en medio de la corriente, se dispuso a hornear pan casero, y a freír milanesas que acompañó con papas empapadas de aceite. En una sartén aparte colocó harina y leche, y revoleó con maña los panqueques que luego untó con una capa gruesa de dulce de leche. Colocó la comida en una bandeja gigantesca y la sostuvo con firmeza en su trayecto hacia el comedor. Al llegar al centro del living se detuvo y se agachó para apoyarla sobre la alfombra, junto a la silla que ocupaba Héctor. No creyó conveniente desatarle las manos que con esmero había anudado por la espalda esa mañana, pero de un solo movimiento le arrancó el pañuelo con que lo había amordazado. Cortó la comida en pedazos, y pinchó una porción de carne y algunas papas fritas. Llevó el tenedor hasta la boca de su marido, y con una sonrisa digna de la Mona Lisa y su ancho cuerpo hinchado de alegría, lo obligó a comer.

Relato breve 3


Cadena perpetua


Dos lágrimas inadmisibles, obstinadas, ridículas, se soltaron de su ojo derecho y merodearon el contorno de su rostro sin perturbar ninguno de sus sentidos. Comprendió entonces que tenía que decírselo esa misma noche.
“Tengo que hablarte”, se repetía mientras coloreaba la curvatura de sus pestañas con el diminuto cepillo, y ensayaba formas y palabras apropiadas para la separación, frente al espejo del ascensor.
En apariencia ese era un sábado como cualquier otro, pero para ella sería como un punto de quiebre en su historia, el día que se liberara de la monotonía, del aburrimiento crónico.
La decepción de descubrir que aquél que había conmovido el seno de sus emociones se convertía en un ser intolerante, pasivo ante la velocidad de la vida, rutinario y conformista, copaba sus pensamientos desde hacía casi seis meses.
El sexo era lo único que los mantenía unidos, como una telaraña invisible que pendía entre ambos, como un imán, como una cadena perpetua.
Ella era imperfecta, como todas, pero autoexigente, perfeccionista y segura, por lo que el hecho de que por uno u otro motivo postergara la decisión de dejarlo la hacían sentir presa de una conducta que desconocía. Blanco o negro, así era todo según su visión de mujer decidida y resuelta. Su relación de pareja era un gris, incómodo, fastidioso, una mochila pesada, una piedra en el zapato.
Él abrió la puerta de su departamento con una copa de vino en la mano, esbozando una débil y tímida sonrisa, como si presintiera el desenlace.
Los platos y cubiertos estaban deliberadamente ubicados junto a las velas encendidas que desplegaban formas ondulantes sobre la pared del comedor. La luz tenue, el jazz cubriendo el silencio entre ambos, el perfume a incienso, la ropa cuidadosamente elegida por él, las pastas con salsa de hongos, nada librado al azar. Un marco perfecto para una cena de amantes, para la fotografía de un amor de ensueño, para el final de una película de dos seres cautivados ante la presencia del otro, pero distaba de ser perfecto para los ojos de ella.
El silencio se interrumpió con la voz de él, que sonaba tan molesta a sus oídos como el murmullo en el cine, como el sonido de la aspiradora una mañana de domingo, como la gota intermitente que cae de una canilla mal cerrada. Nada de lo que aquel vozarrón pudiera decir hoy podría hacerla cambiar de rumbo en su determinación. Estaba convencida.
De la comida sólo quedaban los rastros de algunas migas de pan desparramadas sobre el mantel. Él llenó ambas copas con vino por tercera vez en la noche, y caminó hasta el centro del living. Desde ahí la llamó extendiendo su brazo, invitándola a bailar sobre la alfombra. Ella culpó al cigarrillo encendido, buscando una excusa para no sentir su piel. Él insistió tanto que terminó llevándola a su lado y bailaron, con sus cuerpos pegados, y los pies descalzos. Le murmuró algo al oído, pero sus palabras se confundieron con la saliva que recorría su cuello. Ella, inmunizada ante sus encantos, perdía su mirada en las luces de las casas vecinas que se veían por el espacio vacío que dejaba la cortina. De su boca salieron tímidamente tres palabras:” tenemos que hablar”, dijo y esperó la respuesta. Del otro lado, sólo la yema de los dedos recorriéndole la sinuosidad de la espalda. Ella repitió la frase con determinación y firmeza. Él cubrió su boca con un beso húmedo e intenso que absorbió junto a su aliento la decisión más consistente que ella hubiera tenido en ese momento. Se besaron con una mezcla de vehemencia y melancolía, con los brazos apretando las frustraciones del otro, con los ojos cerrados para no ver.
Ella se sintió despojada en lo más hondo, saqueada en su orgullo, imprudente, privada de la razón, cuando las manos de él encontraron el cierre de su vestido. Sin oponerse, callando el secreto, se dejó desvestir.

Relato breve 2



Amnesia obligada


El día en que vi como su figura se alejaba de mi vista para abordar ese avión, me hice un juramento: olvidarla.
Hace ya diez meses de aquella tarde, y la tortura de extrañarla sigue tan vigente como el olor de su piel. Cuando descubro la arbitrariedad con que su recuerdo continúa invadiendo cada rincón de mi existencia, mis nervios comienzan a crecer, desparramándose por todo mi cuerpo. Es entonces cuando cierro ambos puños para luego estamparlos con furia sobre la mesa del comedor. En la realidad, donde no hay huecos para refugiarme, vuelvo a darme cuenta de que esta ausencia desalmada se está devorando mis horas. Necesito operarme del amor que aún siento por ella, evaporar nuestra historia, erradicar el dolor que me causa este vacío. Pienso si habrá un cirujano capaz de extirpar de mi médula espinal el recuerdo de Sabrina, o un hechicero que pueda crear la pócima para el olvido. Con resignación comprendo que la clave para desterrarla de mi vida se oculta en mí. Nadie, que no sea yo, puede ayudarme a cumplir la promesa de que ella deje de existir en mi mente. Decido entonces deshacerme de las cosas que tienen que ver con ella, como un ingenuo e improvisado exorcismo que me libere del fantasma de Sabrina. Elimino los mails que me mandó desde su partida, donde habla de su promisorio futuro en ese país, de como le cuesta acostumbrarse a la distancia, de cuanto me amó. Después cierro la cuenta de correo electrónico, y cuando lo hago, pienso que las próximas palabras que ella me escriba irán a parar a algún lugar sin nombre del ciberespacio. Tomo las cartas que nos escribimos para los aniversarios, y las apilo en el jardín, sobre la loza fría. Agrego todas las fotos en que estamos juntos, e improviso una fogata. El fuego parece desplegar en sus llamas las imágenes de esos momentos que compartimos, y hasta por un instante creo escuchar su risa que emerge entre las cenizas. En una bolsa de polietileno negro acomodo los libros de Cortazar y los discos de jazz que no quiso llevarse, el cenicero donde sus cigarrillos se convertían en colillas teñidas con lápiz labial, la pulsera de plata que se cerraba sobre su delicada muñeca. Doy vuelta los cajones de todos los muebles buscando cualquier cosa que evoque su memoria. Tiro todo, hasta la pequeña nota de despedida que escribió antes de que la llevara al aeropuerto. Tacho frenéticamente su nombre y sus teléfonos que guardaba en mi agenda, lo mismo hago con los datos de sus familiares y amigos, como si al hacerlo enterrara a todos en una misma parcela en el cementerio imaginario donde descansan los rostros de aquellos que pertenecen al pasado.
Al llegar la noche no existe rastro visible de Sabrina, y con una tranquilidad que hace tiempo que no siento, me acuesto decidido a que las horas de sueño sean como aguas turbulentas que arrastren su recuerdo hacia la orilla del olvido.
A la mañana siguiente, me despierto más liviano, distinto, renovado. Después de desayunar parado junto a la ventana del comedor, y de ponerme el traje que requiere mi rutina, salgo. Antes de subirme al auto, siento una mano tibia que se apoya sobre mi hombro. Al darme vuelta, veo el rostro de una mujer que me sonríe. Noto sus pupilas húmedas y brillantes, y como por acto reflejo le ofrezco mi pañuelo. Al tomarlo, me acaricia la punta de los dedos, y la miro sorprendido. Ella me dice que llegó ayer, y me cuestiona mi forma de recibirla. Le digo que no entiendo a que se refiere, y me repite con una voz entrecortada por el llanto: “Octavio, soy Sabrina”. Le digo que debe estar confundida, que yo no conozco a nadie con ese nombre, me subo al auto y acelero. Al llegar a la esquina, por el espejo retrovisor, puedo ver que aquella mujer continua de pie sobre el asfalto, inmóvil.

Relato breve 1


Morir dos veces



Tres rayas de coca en la mesada de mármol y el vértigo latente en el baño de aquél bar.
Te dí mi vaso de whisky y me incliné a inhalar el polvo blanco, mientras me mirabas apoyado en el marco de la puerta. Recuerdo que me dijiste algo sobre romper la promesa pero no quise seguir escuchando. Las ansias de ese momento eran más fuertes que lo que te hubiera prometido tiempo atrás para intentar retenerte. Dejar que me intoxique ante tus ojos era una forma de hacerme entender que lo nuestro estaba terminado, sin necesidad de explicaciones ni reclamos. Ya está, pensaba mientras aspiraba con fascinación la segunda línea. En un solo movimiento bebí lo que quedaba en el vaso, y tuve que apoyarme en la pared, con las palmas sobre el frío de los azulejos. Me detuve para ver mi cara en el espejo, los ojos colorados como el vino, un latido colérico en mi párpado izquierdo. Así y todo absorbí la última hilera de cocaína.
Después, el negro de mis pupilas cubriéndolo todo y mi cuerpo cayendo a tus pies.
La tirantez de mi rostro, las piernas agarrotadas que no me dejaban levantar los tacos del piso, ni flexionar las rodillas para poder erguirme.
Quise hablarte, decirte que sentía mi cuerpo enajenado, como usurpado por la muerte, pero de mis labios morados no salía ningún sonido, como si las palabras que mi mente redactaba se hubieran quedado atrapadas entre la tráquea y la garganta. Traté de hacerte una señal, como si me estuviera ahogando y me llevara la corriente, pero mis brazos se habían dormido, rigidos a mi costado. Tus ojos cerca de los míos, tu mirada de desesperación y tus brazos sacudiéndome con firmeza. Tu pedido de que reaccione y mi grito sofocado bajo la lengua inmóvil. Los únicos alaridos eran los tuyos.
De pronto la rapidez de los pasos de aquella gente, un sirena aullando en medio de la noche, los pasillos tan blancos como las luces que me iluminaban.
Recuerdo el frio del metal a la altura del corazon, tu cara desorbitada junto a la frustración de los médicos. Mi desesperación queriendo huir de mi cuerpo quieto.


Lo vi todo, y no pude hacer nada.
Un aire gélido y espeso precedió a la humedad del encierro.
Mucho mas tarde nuevas voces, que pude oir a lo lejos, llegándome como entre sueños, a través de las paredes de madera.
Lentamente recuperé el control de mi cuerpo, aunque mi voz continuara callada en mis pulmones. Con mis uñas rasqué una y otra vez la superficie, con desesperación e impaciencia. El espacio era tan estrecho que no lograba ponerme de pie, y las patadas quedaban sólo en el intento, en un gesto torpe y sofocado.
La falta de oxigeno aumentaba mis palpitaciones, un tic tac frenético marcaba el tiempo que quedaba, vaticinando el final.
La locura ejercía el máximo poder sobre mi mente, y desplegaba todas mis fuerzas en un último movimiento, vano, estéril, antes de escuchar el sonido que marcara el desenlace.
La última palada de tierra cayendo sobre mi cuerpo encerrado.

Necesito una mano


Lo más importante de mi fin de semana fue taller.
Al final de la clase me tocó leer un cuento, al que para ser sincera, no le tenía mucha fe. Para mi sorpresa, al profesor le encantó y elogió la calidad con que había logrado describir el patetismo del personaje, además de resaltar lo bien logradas que estaban algunas imagenes a las que había podido darle realismo a partir de algunas metáforas y descripciones.
Su comentario me llenó de satisfacción y no tuve más que palabras de agradecimiento por tan buena crítica.
El sábado que viene hay un concurso, con un premio más que interesante para los dos ganadores: ser publicados en el suplemento cultural de un conocido diario. Como escribí bastante para la ocasión, se me complica poder elegir el mejor, el más original, el que pueda destacarse sobre el resto. Así que para eso, se me ocurrió ir en busca de opiniones a través del blog, para que mis criteriosos lectores puedan votar cual es el que más les gusta, y ayudarme en la difícil decisión.

Así que los dejo leyendo.No escatimen en críticas, que todo me sirve para mejorar.
¡Gracias por la colaboración!

martes, 5 de agosto de 2008

Historia 4




Un amor de verano

Ellos dicen que no recuerdan como se conocieron, quizás fue un domingo soleado por la tarde que sin saberlo cruzaron sus miradas en la plaza del barrio, o tal vez pudo ser cualquier mañana mientras esperaban frente a la puerta de la panadería de Don Fermín donde, ambos coinciden, hacen las mejores galletas para acompañar el mate.
En la mayoría de las historias de amor identificar el momento preciso en que nació la relación es un dato anecdótico, más para contarlo en ronda de amigos cuando ya los años pasaron y surge la impostergable pregunta. Sin embargo, ellos sienten que se conocen desde chicos, de haber compartido paseos en la plaza, de correr entre los juegos y pelearse por ser el primero en llegar al árbol más alto del parque. Fueron esos primeros años que recuerdan hoy como las primeras anécdotas juntos, aunque en ese momento no tuvieran noción que la vida, el destino, un ser superior o como quiera cada uno llamarlo les estaba uniendo sus caminos de vida.
La vida de cada uno de ellos fue distinta. El siempre vivió al día, nunca tuvo todos los juguetes que quería y más de una vez imaginó en una botella de plástico vacía al mejor de los chiches que se podía tener. Ella siempre fue la consentida de la familia, tenía tantos juguetes que no le alcanzaba el día para jugar con todos, todos los meses tenía ropa nueva que lucía orgullosa en la plaza, y siempre fue muy llamativa por el color de su pelo, rubio como el de las modelos que aparecen en los carteles de la calle. Él en más de un invierno pasó frío en la plaza, y desde uno de los costados de los juegos no dejaba de mirarla, observaba como lucía su caballera al viento y su siempre reluciente ropa. Jamás ninguno de los que los conocía podía suponer que algo terminara pasando entre ellos.
Ese verano parecía que iba a ser el más caluroso de todos en la historia de la ciudad, las tardes a pleno sol hacían que nadie quisiera estar sin resguardo del calor, los paseos a la plaza se hacían muy temprano a la mañana o ya cuando el sol había bajado dejando esa estela de calor que hacían las noches agobiantes. Para él el calor nunca era un problema, creía que su color renegrido venía de muchas tardes al rayo del sol directo, y siempre sabía cómo encontrar la corriente de aire fresco que le diera respiro. Llegado el caso no tenía ningún inconveniente en refrescarse bajo un chorro de agua de cualquier canilla que estuviera abierta por el barrio. Ella durante el día disfrutaba del aire acondicionado de la casa por lo que no sufría los calores que el resto del humilde barrio soportaba a fuerza de persianas bajas y ventiladores escupiendo calor.
Una noche las familias de ambos decidieron estirar la madrugada en la plaza, era casi navidad y el ambiente festivo del barrio se colaba por cada una de las casas. Mientras todos charlaban debajo de los árboles, algunos habían llevado sus propias reposeras para disfrutar de la brisa fresca que la noche les regalaba. Ellos, quizás por primera vez, cruzaron sus miradas con otros ojos. Ella lo miró de arriba hasta abajo, miro su cara oscura, fijó su mirada en los ojos oscuros y sintió un escalofrío que jamás supo definir. El estaba acostumbrado a quedarse con los ojos clavados en ella, pero en esta ocasión, por vez primera sintió como sus miradas se cruzaban y se fijaban.
Quizás haya sido el susurro del viento entre las hojas, el suave calor de la noche o el deseo contenido de ambos que se liberaba en segundos. El suave pasto de atrás de los toboganes fue el lugar elegido, para ser la primera vez de ambos fue mucho más mágico y delicioso que lo que ellos mismos esperaban.
Luego de esa noche, siguieron viéndose de a ratos, un poco a escondidas y otro poco a la vista de todos. Ella comenzó a engordar y si bien su familia no lo notó al principio, al poco tiempo descubrieron que algo fuera de lo habitual pasaba. Al principio fue una gran sorpresa, y si bien nadie lo esperaba todos lo asumieron de la mejor manera. El estaba muy contento con la noticia y la acompañaba a todos lados cuando podían, se preocupaba por verla siempre feliz y que llevara esta nueva experiencia con la mayor alegría.
Con el correr de los días, su pancita fue tomando formando y finalmente llegaron. Los que la conocen a ella no se explicaban cómo podían ser tan morochitos siendo ella tan rubia, pero al poco tiempo lo terminaron entendiendo cuando lo ven a él pasearse orgulloso con sus hijos por todo el parque y mostrarles todos los juegos y rincones que había conocido con su mamá. Hoy cuando los dueños de ella la sacan a pasear con sus cachorros por el parque, él no pierde oportunidad de acompañarlos. La mitad salieron rubios como la mamá y la otra mitad son negritos como el papá.

Historia 3




Nos conocimos la noche del 21 de Setiembre del año 2000. Era el día de la primavera. No me acuerdo de su nombre. Camila o Yamila tal vez. Es probable que si la veo en la calle no la reconozca. Nunca fue una chica que llame la atención. Me acuerdo que era de Chascomús, y que era radical.
Ella bailaba con sus amigas en el medio de la pista. Bailaba mal, con movimientos inocentes, bailaba para divertirse, no creo que se haya dado cuenta que eso fue lo que inmediatamente me atrajo de ella.
Toda la noche estuve tratando de acercarme a ella. O mejor dicho, que ella se acercara a mí. Siempre pertenecí a la raza de los inútiles a la hora de empezar una conversación. Hay gente que tiene ese don. Yo soy incapaz de generar una charla en un ascensor. No me sale.
A veces creía que me miraba, pero inmediatamente me daba cuenta que ella seguía en su mundo. Bailando a destiempo.
En un momento quedó sola, en ese momento, junté coraje y me acerqué hacia ella. Le pregunté el nombre y de dónde era. Y me quedé mudo. No supe qué más decir. Fueron minutos eternos. Estaba contando los segundos que pasarían hasta que ella me dijera que la estaban esperando, o que la esperase, que iba al baño y en seguida volvía. Pero no, ella se quedaba a mi lado. Moviéndose. Bailando. Por supuesto, a destiempo.
Antes de que se vaya le pregunté si la vería de nuevo. Me iba a esperar en la Plaza Moreno en una semana. Y ahí me di cuenta que no la vería más, que se había aburrido.
Esa semana pasó rápido. Nunca pensé que ella iba a acudir a la cita. No era real si pasaba. Sin embargo, algo dentro de mí quería que esa historia empezara.
Cuando llegué a la plaza ella me esperaba sentada en un banco. Me pareció hermosa. Tenía simplemente una remera blanca y un jean. Esa tarde no hablamos mucho. Tampoco nos dimos un beso. Quedamos en vernos a la semana siguiente.
Nuestros encuentros se fueron sucediendo con una frecuencia semanal. En la quinta cita nos besamos por primera vez. En las siguientes citas simplemente nos quedábamos sentados en el banco, siempre el mismo, besándonos.
Teníamos un acuerdo tácito de no decirnos jamás nuestras direcciones, la magia era esa, simplemente conocíamos nuestros nombres y de dónde veníamos, ella de Chascomús, yo de otro lado. Nada más.
Hasta que un día el juego terminó. Una tarde en que los besos eran más apasionados que de costumbre me pidió que la acompañe hasta su casa. Fuimos caminando, tomados de la manos, como dos novios. Antes de entrar a su casa supe que nunca más nos íbamos a volver a ver.

Historia 2













Lo conoci a mi novio Jano (mi actual pareja) El en ese momento era amigo de un chico que estaba con mi hermana, por lo cual el encuentro era mas facil. Nos conocimos en la casa del "novio" de mi hermana que nos juntamos con algunas de las chicas y ellos, tipo salida grupal. Apenas lo conoci me parecio horrible, petiso, canchero, muchos tatuajes, claramente no podia estar con el jamas!! en fin, palabras van palabras vienen, mucha mala onda pero bue era lo que habia en ese momento. Cuando llego al comida, las chicas ponemos la mesa y los hombres reparten la comida. Yo estaba sentada en la cabecera de la mesa y atras mio la barra con toda la comida... Segun el, intencionalmente se le cayeron las papas fritas en mi cabeza. Imaginate mi ira en ese momento le dije de todo, a los gritos, "flaco me estas jodiendo no?? sos un tardao nene!!!!" y el a carcajadas pidiendo perdon! pero bueno todo paso, tomamos algo y el tipo 12.00 se fue para el boliche del que era organizador o algo asi, volvio como a la hora y media, y algunos decidimos ir a Sunset, no se porque quisimos ir porque nunca entramos y no nos gusta el ambiente. Pero como el se hacia el rrpp fuimos. Claramente no entramos y nos volvimos cada una a su casa y de juan que habia ido a hacer relaciones publicas nunca volvimos a saber de el. El proximo encuentro fue en un tercer tiempo de rugby, yo juego al hockey y con mis amigas frecuentabamos esos lugares casi TODOS los sabados. En fin, yo tenia aparatos, estaba 6 kilos arriba de mi peso actual y sin embargo no me preguntes como use mis armas para conquistarlo. A eso de las 10 de la noche estabamos TODAS y TODOS borrachos, muy divertido, y yo estaba en un momento sentada con mi hermana y se acerca Jano y dice "Tu hermana me encanta pero no puedo" yo a todo esto imaginate mi ego alla arriba aproveche la situacion y termine despues de algunas palabritas, atras de la pileta acostada en el piso totalmente borracha y casi que no entendia el porque estaba haciendo eso si realmente no me gustaba!!! Ese dia me volvi con la unica amiga que me quedaba en el 3t y no volvi a saber de el hasta mi cumpleaños del año siguiente que obvio lo llame para festejar, muy atorranta... jajajaja y fui a su casa y al dia siguiente con la excusa de "tengo que estudiar" me rajoo!! buuu.El reecuentro final y para siempre fue le dia de su cumpleaños,allá por el inicio del 2007. Ese dia me junte con mi hermana y queriamos salir y sabiamos del cumpleaños de Jano. Fuimos cual "se me cayo la cara aparezco cuando quiero" y nos paso a buscar el ex novio de mi hermana el que gracias a el conoci a juan. Situacion muy tensa en el auto el ex de mi hna y juan adelante, pia yo y uno mas atras... Jano hablando a full con mi hna yo callada. Para ese momento estaba muuuy flaca y sin aparatos.. una diosa!!! en fin nos sentamos en el bar y tomamos malibu con naranja TODA la noche. En un momento Jano me mira y me dice que linda sonrisa y se rie... se habia dado cuenta que me saque los aparatos!! me moria de la verguenza pero se estaba fijando en mi. A partir de ese momento se me sento alado y empezo a presentarme como la novia. A mi no me disgustaba para nada alcontrario, disfrutaba del momento. Entonces paso lo que tenia que pasar se fueron yendo todos (deje sola a mi hermana con el ex) y yo me volvi con el a su departamento. Me desperte al dia siguiente y estuvimos todo el dia juntos. Yo a esa altura del año me habia enganchado con un compañero de la facu y lejos de pensar que iba a haber otra oportunidad para verlo le conte a Jano de este chico y hasta me puse a llorar diciendole que nadie me queria y que nunca iba a encontrar a alguien para mi. El, quien sabe porque se sensibilizó y me conto su historia de amor. Dos relaciones de casi 6 años de novios la ultima se rompio, se iban a casar, muy bizarro. Y yo lloraba porque a mis 22 no conseguia alguien que me soportara. En fin me volvi a mi casa y reflexionando me di cuenta que sin querer el estaba ahi para mi y yo para el... no importaba la hora el dia, nos veiamos charlabamos, pero nunca hablabamos de formar algo serio. Hasta que en semana santa senti que algo se habia roto, no me respondia los llamados, no mandaba mas los mensajes de texto a las 17 de los cuales me tenia acostumbrada.. NADA! La verdad me parecio muy injusto entonces lo fui a buscar a museum un miercoles, DESUBICAAADAAAAA osea yo y un par de amigas y yo iba a buscar a un pibe osea no! en fin le hice el vacio TODO la noche, lo cual respondio con mas vacio. En un momento me pregunto que me pasaba y lo mire con una cara de odio que casi lo lastimo con la mirada..jajaja y bueno asi se me fue la conquista de la noche, me fui a dormir SOLAA!!! un horror! al dia siguiente lo agarre por msn y le dije todo absolutamente todo lo que pensaba que se habia borrado, que la estabamos pasando bien que porque cortarla, le dije que no queria nada serio que no me veia de novio con un tipo de 31 años y bueno el con la excusa de no hacerme mal a mi qeuria terminar las cosas... yo indignada por lo que decia, le dije que dejemos que el tiempo decida, que si se perdia el interes con el tiempo respetaba su desicion pero que hoy no queria cortar con el. Y asi seguimos, no cortamos y pasabamos todo el tiempo que nos quedaba par a nosotros juntos.. los fines de semana tratabamos de ir a los mismos terceros tiempos y asi siguio creciendo el amor. Una vez nos fuimos al casino del tigre post tercer tiempo, yo desinteresada por el juego y juan y un amigo adictos por la ruleta. Yo tenia un par de copas de mas asique me rei mucho de como jugaban y los chistes que salian. Tenian 150 pesos entre los dos, habian estado una hora jugando y ami que no se me pasaba mas el tiempo!!! hasta que en un momento tenian 20 pesos en el bolsilo y dije dale basta!!! y al pasar digo quiero jugar a las maquinitas, una vez gane 1000 pesos dije. y ahi se iluminaron y juan fue a cambiar los 20 pesos por fichas de 25 ctvos; y me dice "si ganas me pongo de novio con vos!" yo entre el pedo y la risa lo miro al amigo y me dice "es la excusa que necesitaba para estar con vos!!" imaginate con la presion que juguee!!! pero si GANE 1000 PESOS DE NUEVOOO!!! y me puse de noviaaaaaaaaaaaaaaaa el 26/5/2007 a dos dias de mi cumple!! muy divertidoo!!en fin, asi nos conocimos y hoy estamos diez puntos. La verdad que pase por mil cosas, peleas discusiones, perdi a unas amigas no por culpa de el, si no otras cosas pero en fin... me cambio la vida conocerlo, era una nena de 22 años y hoy me siento toda una mujer a punto de encarar una convivencia y FELIZ porque encontre a mi principe azul!!The end.

Historia 1




Blonda nos pide historias de amor
Siempre son cursis, siempre suenan a historia conocida…..y siempre, pero siempre, huelen a sueños.
Por eso no nos cansamos de oírlas, por eso se nos pone la piel de gallina y respiramos profundo mientras los ojos se abren mas y mas, dejando entrar recuerdos, y porque no, un hilo de esperanza.

A P lo vi en un bar, estaba hablando con un par de personas y lo primero que me llamó la atención fue la línea de su nuca…me hizo pensar en que me gustaba la postura, la manera que estaba parado ante la vida…o no sé, quizás simplemente me gusto ;-)
No me registró en absoluto, ni me vió.
5 días más tarde un amigo que vive en Suiza y estaba de vacaciones en mi ciudad, me dijo que tocaba con su grupo de jazz esa misma noche. Decido ir con mi amiga Lorena y para mi sorpresa el pianista era P!!! Nos presentó, nos miramos… y click, chocaron un par de planetas, no sé qué, pero algo pasó.
Mientras tocaba yo sabía que me tenía en su cabeza…que le fluía por los dedos, podía sentirlo. Luego del concierto vinieron a saludarnos y le dije, sin ninguna modestia "estabas tocando para mí no?", con su sonrisa encantadora me respondió que sí, que claro que sí. Luego de hablar un buen rato tuve que irme, me miró y me dijo "voy a volver a verte?"…. "si" (más tarde le preguntaría por que no me pidió el teléfono en ese momento, a lo que respondió con su fe habitual en el mundo de la magia "me dijiste que sí, sabía que te iba a volver a ver").
3 días mas tarde, en un parque a las 12 de la noche, estábamos Lorena y yo solucionando el mundo en una de nuestras charlas cuando ella ve a P caminando a 20mts nuestro, una coincidencia más!. Nos quedamos hablando hasta las 9 de la mañana, no me acuerdo ni de qué, sólo que antes de ni siquiera darme un beso, me rozó un pecho con una sensualidad que me dejo sin respiración. La mañana acabó sólo con un toque de labios y con una cita en una fiesta de fin de año.
Me había enamorado.
En la fiesta nos desencontramos, no pudimos vernos y yo ese mismo día me iba de vacaciones por un mes… pero sabía su apellido ;-)
10 días más tarde, ya desde la playa en la que estaba, me decidí a llamarlo sin esperar a mi regreso… atendió él y con la mayor naturalidad del mundo dijo "Lubi, que tal, como estás? Sabía que me ibas a encontrar, yo no tenía como. Pensé en vos cada uno de estos días." Le pasé mi numero de celu para que me llamara durante los días que me quedaban de vacaciones, con la esperanza de que nos vieramos a mi vuelta, antes de que se fuera a vivir a New York como tenía planeado.
Esa misma tarde sonó el telf.
- Hola…
- Lubi, soy yo P, que haces hoy a las 6?
- esteee…nada, por?
- estoy yendo para allá, voy a buscarte.

Esa misma tarde vino a la ciudad de playa adonde estaba y se quedó conmigo los 20 días que restaban….y unos cuantos años más.
Nos amamos a morir…fuegos artificiales, rayos en el cielo, todas las luces…NYC quedó pendiente, decidimos quedarnos en Buenos Aires para vivir esta historia de amor maravillosa, llena de magia y alegría.

El día que abrimos nuestro caminos, 4 años más tarde, sabía mientras le decía adiós que posiblemente nunca volviera a amar de esa manera, pero nuestra historia había terminado, el círculo debía cerrarse y cada uno seguir con su vida.


Mucho de P hay todavía en mí… él aún es la libertad, la música, la falta de prejuicios y sin dudas, el gran amor de mi vida. La persona que amé con mi cuerpo y con mi alma, sin límites…aprendí a amar con P, aprendí a ver la eternidad en los ojos de alguien.

Historias de Amor



Tal como prometí, a continuación voy a publicar las pocas historias de amor que llegaron.

Las enumero de acuerdo al orden en que cayeron en mi mail, y sin dar el nombre del autor/a hasta que se sepa quien ganó.

El premio, es el reconocimiento del lector, ni más ni menos.

Se abre la votación.

Que disfruten los relatos.

lunes, 14 de julio de 2008

Quiero una historia de amor


Soy curiosa,si. Bastante.

Así que me dieron muchas ganas de saber por qué hombres y mujeres nos sentimos identificadas con las historias de amor o desamor de otros hombres y mujeres.

Para eso, se me ocurrió una idea: que aquél que quiera me cuente su historia, actual o pasada, de un gran amor, de ese que nos marca, del que queremos olvidarnos pero nos ronda como un fantasma.

Yo las voy a postear, con un lindo marco que tenga que ver con el relato, y a fin de mes abro una encuesta para que se puedan elegir las tres mejores historias de amor.

De premio, nada. Sólo sacarlo del anonimato y compartirlo con el resto, para seguir confirmando que lo que nos pasa a nosotros no es lo único, ni lo peor, que está lleno de personas ahí afuera que viven cosas similares y que también siguen en pie.

Espero las historias a : solteriaanunciada@gmail.com

Ramiro: Resultado de la encuesta



Terminó la encuesta sobre lo que debería hacer con Ramiro, y ganó la indiferencia, muy cerquita del olvido.

No se si la indiferencia se medirá en términos de no hablarle, de no mirarlo, de no preguntarle si trajo abrigo porque afuera está refrescando, de no averiguar qué hizo en su día franco, de no saber si está triste o contento. Se que hacer eso es una tarea imposible, como pedirme que me mantenga fiel a la dieta cuando Renata horneó una deliciosa torta de brownie y dulce de leche.

Tal vez la indiferencia tenga que ver con otra cosa, con una actitud mental, con algo que me permita no involucrarme más.
Tenga que ver con la imagen del viernes, en que más allá de las ganas de hablar, pude callarme.
Tenga que ver con no pensar todo el día en él, y poder concentrarme en un libro o una película, sin cerrarlo al llegar a la segunda pagina, o sin poner stop antes de que entre en escena la coprotagonista.
Tenga que ver con que recién el miércoles voy a volver a verlo, y mientras tanto tengo una vida de la cual ocuparme.

Si esa es la indiferencia que ganó, es la que estoy intentando.

Creo que con esa puedo.

domingo, 6 de julio de 2008

Encuesta: El resultado


Se cerraron las encuestas,y se me abrió una pregunta.

¿Cómo puede ser Ben el candidato ideal? Si Ben no me llama, ni está presente cuando lo necesito, ni los domingos de lluvia, ni cuando estoy triste.

¿Cómo puede ganar Ben ? Si no sabe lo que me está pasando ahora, si yo no se ni siquiera cual es su nombre completo ni donde vive.

Con Ben tenemos las cosas claras desde el inicio.Yo hago mi vida, y él la suya, y cada tanto nos vemos y tenemos sexo de manera increíble.Con afecto,si, pero no con ese amor que se te escapa por los poros y que hace que sientas el cuerpo enajenado.

En la otra encuesta,antes de que termine, ganó la opción que dice que indica que nada de lo que yo podía suponer es cierto.En segundo lugar, la opción de que siente algo por mi.

Es cierto que siente algo por mi.Está más que claro.La pregunta es qué, y cuánto.

Si ninguna de las opciones, es la que aquellos que lo leen eligieron, es que hay algo que me estoy perdiendo de ver.Algo se me pasó por el costado.Tal vez con el tiempo me de cuenta que es lo que aquél que lee el blog piensa que yo debería pensar de Ramiro.Hoy no se me ocurre otra cosa.

Lo que si se , es que voy a necesitar ayuda ,como de esas que dan las amigas, para saber que es lo que tengo que hacer ahora.

Así que ya mismo, pongo una encuesta nueva, a ver si de esa manera, no me equivoco en mis próximos pasos.

Gracias!