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martes, 19 de octubre de 2010

En construcción


Necesité un puñado extra de voluntad para escribir esta entrada. Finalmente hoy, y por consejo profesional, la escribo buscando hacer catarsis.

El sábado me tocaba gozar de mi medio franco. Había un sol enorme y esa sensación de primavera que se olía en el aire. Mi buena amiga me pasó a buscar y nos fuimos de paseo, en una larga caminata con paradas obligadas en las vidrieras de moda.
Estaba feliz de sentirme "suelta" y con dos días de descanso y disfrute por delante, ya que de yapa había un feriado.
Pero el dolor de cabeza que había comenzado por la mañana no se me iba ni aún a costa de medicación. Y es más, se incrementaba con ganas de empañarme la salida.
El primer síntoma llegó en medio de una feria abarrotada de gente. Sentí que me faltaba el aire y un mareo tímido y molesto.
Salí en busca de un poco de óxigeno y me sentí mejor.
Al poco rato, el segundo mareo acompañado de un dolor de cabeza in crescendo, instalándose en la nuca como un ocupa que no pide permiso.
Hicimos un alto para tomar un café con algo rico pero me sentía extraña e incómoda.

Así que nos tomamos un taxi a su casa, para ver películas y ejercitar el vicio del delivery de sábado por la noche.
Y ahí, mientras ella revolvía los folletos de pizzerias y yo pasaba el rato sentada en su sillón, se desató el espantoso episodio que me revuelve el estómago con sólo recordarlo.

Sólo quienes hayan pasado por un ataque de pánico podrán comprender lo que intente describir de ahora en adelante.

Estando ahí sentada, fumando un cigarrillo, sentí que estaba a punto de desmayarme. Así...de la nada. Recuerdo levantarme en un rápido movimiento y caminar como una autómata hasta su balcón. Y en ese momento, sentir mi mente separándose de mi cuerpo. Como la pieza de un rasti que no encaja con la otra ni a la fuerza. Seguido, la sensación y el convencimiento de estar muriendo. No se si habrá sido un minuto, diez o veinticinco, pero lo único que era capaz de pensar era en los seres amados de quienes no tendría oportunidad de despedirme. En lo joven que era para "irme", en los planes pendientes para ninguna ocasión. En la no revancha, en la finitud de la vida, en lo tremendamente breve que había sido mi travesía.
Tenía la plena convicción que si cerraba los ojos aparecería la luz blanca y "eso" intuido pero desconocido. Así que me mantuve en movimiento, como queriendo vencer la muerte con el paso hacia algún lado.
Llegué hasta la cocina, pálida, difusa, y la miré a mi amiga y le balbuceé: me muero.

Lo que siguió fue una lenta recuperación prendida a su mano, sin querer soltarla. Vómitos producto del shock, palpitaciones, sudor helado.
Mi cabeza seguía sin encajar en mi persona, como si yo fuera yo, pero desde otra óptica.

A las cinco de la mañana terminé mi sábado en la guardia psiquiátrica, medicada hasta hoy.

Mi presente es una seguidilla de horas en las que el fantasma de otro ataque merodea desde que desayuno hasta que me acuesto.
Conseguí una terapia gratuita en la que me recomendaron no hacerme problema, disfrutar de lo que amo, poner lo importante delante de lo nimio.

Después de un año duro en el que dejé las entrañas para intentar salvar el departamento. En el que comí caldo y tomé agua de la canilla cuando no había nada en la heladera. En el que despedí nuevamente a mi padre, pero sin poder siquiera decirle adiós, los sedimentos se fueron acumulando en algún lugar de mi existencia.
Y ahora, cuando el presente tiene apariencia de calma, se convierten en un volcán en erupción que me vuelca su lava por cada rincón.


Estoy como el hornero, armando su guarida con dedicación casi egoísta y extrema paciencia. Diseñando el nuevo mundo en el que quiero moverme. Aprendiendo a discernir lo aplazable de lo urgente, lo tóxico de lo inofensivo.
Me encuentro en obra, en plena construcción.
Forjando los cimientos de lo quiero ser con la absoluta consciencia de que debemos ser y hacer aquello que nos dicta al alma... mientras tengamos tiempo.




domingo, 17 de octubre de 2010

Mamás y mamitas


Quiero improvisar un pequeño homenaje a las madres en su día.

A la de la foto, que no es otra que la mía. La que fue, es y será una mamá enorme. La que supo ser siempre un poco padre, un poco médica y un poco ángel guardián.
La que está disponible a toda hora, cualquier día. La que muchas veces me enoja. A la que por momentos no entiendo pero acepto. La que me cuestiona, me corrige, me advierte, y siempre me perdona. A la que indudablemente adoro.

A las madres que adoptaron el hijo de una mujer que no supo o no pudo ser mamá.

A las que aún no son madres y pretenden serlo algún día.

A las mujeres en general, por desplegar ese instinto maternal con las amigas, los novios, los maridos.

A mis amigas de la vida real que tienen hijos a los que amo por ser una hermosa prolongación de ellas mismas.

Y en especial, a mi amiga del alma.
Por esa panza de cuatro meses que es el mayor logro de su vida.
Por ese hijo que nacerá en verano y que la colmará de plenitud.
Por la alegría que explotó en llanto cuando me regaló la noticia.
Por contagiarme la misma felicidad que ella siente, cada día.


A todas las mamás, las presentes, las ausentes, las futuras: ¡Feliz día!
Y a la mía: Gracias, por ayudarme a llegar hasta acá.

lunes, 4 de octubre de 2010

Hombres bajo la lupa


Encontrar un hombre que valga la pena parece ser una misión complicada para muchas mujeres.
Sobre todo, para aquellas que cruzamos los treinta y que corremos contra el tiempo sobre rollers, intentando sacarle alguna ventaja.

Sin querer resignarme, estuve ensayando un juego cotidiano que me tuvo por demás entretenida en los último días y que consiste en observar a los hombres que me rodean con la intención de descubrir cualquier característica de la que pudiera llegar a enamorarme. Un gesto, un tono de voz particular, un par de ojos grandes y oscuros, cualquier detalle capaz de atraerme.
Debo comentarles que los hallazgos de mi "investigación" fueron bastante desalentadores...

Si veía a un atractivo morocho caminando por la calle y me ocupaba de seguirlo con la mirada por un rato, lo sorprendía escupiendo junto al cordón de la vereda como un futbolista junto al banderín del corner.
Punto importante a considerar: los hombres que escupen en otro lugar que no sea el baño quedan automáticamente descartados. ¿Alguno de ellos pensará que es seductor que una mujer los vea expeler mucosidades por la boca?

El colectivo fue otra buena alternativa para conseguir material.
De pie, balanceándome entre una multitud de hombres y mujeres que suplican en su interior por conseguir un asiento, detecté varias veces algún que otro muchachito de encantadora sonrisa y ojitos tiernos. Hasta que de pronto, el mismo ser adorable, se abalanzaba sobre el primer asiento disponible. Impunemente, frente a la mirada de mujeres que hacían equilibrio sobre un par de stilettos o que cargaban años y bolsas de supermercado.
Y este es otro punto a considerar: Un hombre joven que en el transporte público le saca ventaja a una mujer y ocupa un asiento con total descaro para seguir en su mundo de mp3 y mirada perdida por la ventanilla, no merece ser novio, marido o amante de nadie.

Y la lista sigue con los hombres al volante que doblan sin ver que estás cruzando, con los que amagan hacerte una cirugía de córnea con el extremo del paraguas, con el vecino que te cierra la puerta de entrada en la cara y corre hacia el ascensor para subir en absoluta soledad hasta el último piso.

Me pregunto entonces si esto de poner a los hombres bajo la lupa es una manía adquirida de aquellas que ya nos acostumbramos al secreto encanto de andar sueltas o si es una manera de boicotearnos la posibilidad de encontrar a alguno que valga la pena.
¿Será que también existen las otras mujeres, las que con tal de no estar solas se resignan con cualquier ejemplar del sexo opuesto?
Y la mayor de las dudas es: ¿ Que verán los hombres de nosotras cuando nos miran de cerca?

Si la primera impresión es la que cuenta, y ese primer contacto se hace entre un hombre común y una mujer que trae en su cartera un historial de desencantos y un par de lentes para ver todo con aumento...¿será posible que se produzca el milagro de enamorarse?





Gracias a todos por los deseos de un cumpleaños feliz.
Así fue.
:)

lunes, 27 de septiembre de 2010

Inauguro los 37



Afuera es primavera.
Adentro hay inviernos atorados y veranos de un oleaje corto que apenas supo salpicarme.

Tengo una lista, eternamente provisoria, de proyectos a cumplir.
Y otra lista, borroneada, de hombres a quienes amar.
Guardo una caja con cosas inútiles de las que no puedo desprenderme. En mi alma llevo otra en la que almaceno nombres que me cuesta extirpar.
En las plantas de mis pies alojo postales de ciudades recorridas. En las caderas los ritmos que alguna vez ensayé a escondidas.
En las espaldas cargo el pasado del que fui artífice mientras en la saliva disuelvo los tragos amargos que dejó.

Llena de recuerdos en sepia llegué hasta acá, a los treinta y siete renglones de la página de mi vida que todavía me resta escribir.

Sin festejo y sin torta, pero con un café al paso con las amigas del alma.
Con mucho para agradecer.
Con demasiado para planear.

Afuera es primavera.
Adentro también.



Quedan oficialmente inaugurados los 37.
Feliz cumpleaños a mi y gracias anticipadas a todos ustedes que me hacen feliz.




martes, 21 de septiembre de 2010

Confesiones de primavera


Cada primavera es una alarma que me advierte sobre la inminente llegada de mi cumpleaños.
En esta oportunidad, me dan ganas de desconectarla con la misma rabia que apago el despertador por la mañana mientras acomodo el cansancio en un rincón del cuerpo y trato de sonreirle al nuevo día.

A mis casi treinta y siete, siento como si un huracán me hubiera arrastrado el día en que cumplí treinta y me hubiera depositado en el hoy. Todo pasó demasiado rápido en el medio...
Los señuelos que el tiempo fue dejando se convirtieron en dos canas que decoro con hebillas y nuevas arrugas que maquillo con esmero mientras me acostumbro a esta nueva imagen de mí que me devuelve el espejo.

Esta soy hoy y no me parezco en nada a lo que creí que iba a ser.
Y eso me enoja, o me angustia de a ratos, porque no encuentro la curva que me sacó de mi rumbo y me obligó a timonear una canoa que naufragaba en la corriente. En medio del oleaje se fue el tiempo. Esquivando tempestades perdí pedacitos de vida que no vuelven.

Me acostumbré a la espera de algo que no llega. Se convirtió en un credo la rutina privada de emociones que agigantan el alma. Me habitué a la soledad que late los domingos y que se propaga por la semana. Adiestré mis manos para no pedir más de la cuenta y me propuse sobrevivir cada jornada.

Hoy tengo una pelea extraña con la vida que a los veinte no imaginaba.

Tal vez alcance con saber que algún hombre me amó hasta el llanto. Quizás duela reconocer que el hombre que la naturaleza obligaba a amarme no lo hiciera.
Tal vez alcance con saber que algún hombre imaginó una familia conmigo. Quizás duela un poco verme sin hijos.
Tal vez alcance con seis agotadores días de trabajo a la semana. Quizás fastidie la falta de descanso, el magro sueldo, la abstinencia obligada a todo aquello que no sea imprescindible.
Tal vez sea suficiente el hecho de estar viva. Quizás no me alcance con sólo respirar.

Hay veces, esporádicos instantes, en que recuerdo que alguien dijo que la plenitud llega a los cuarenta y me vuelvo a sentir, por un segundo, casi una adolescente. Es entonces cuando vuelvo a erguir la espalda, levanto la mirada al frente y me acomodo como al pasar el pelo. Dejo de arrastrar el paso y taconeo haciendo ruido de castañuelas por la vereda. Balanceo las caderas al ritmo de alguna canción que canto para mí y miro al mundo con la boca abierta, dispuesta a saborear la vida antes de que un nuevo huracán me deposite en la vejez sin previo aviso...




Feliz primavera para mis queridos bloggeramigos. Que florezca todo aquello que sembraron en el más frío de sus inviernos.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Nueve pasos


Nueve pasos son los que separan mi cama del resto del monambiente.
Los mismos que separan la puerta del departamento del ascensor o los que me permiten alcanzar la parada del colectivo desde la entrada principal.
Es una distancia corta, mínima, que sólo puede acercarnos a lo que inmediatamente nos rodea.

Pero habrá alguien que podrá, con sólo nueve pasos, llegar a Londres.

Para mis amigos bebedores, les dejo esta información que espero sepan aprovechar por mí. Mi mal pulso y mi torpeza me impiden inscribirme en semejante desafío.


El World Draught Masters es una competencia única a nivel mundial realizada por Stella Artois buscando al mejor bartender.
Para dicha competencia se reúnen participantes de todo el mundo y compiten entre sí en el ritual de la servida, donde un jurado de notables califica los 9 pasos de la perfección.

Después de más de 600 años perfeccionando la receta para crear una cerveza única, Stella Artois se volvió mas exigente en la forma en que debe ser servida, debido a ello existe un Ritual que contempla 9 pasos para servir un chopp de manera perfecta.

El ganador del World Draught Masters se convierte en el embajador de Stella Artois en el mundo, recorriendo los distintos países explicando, capacitando y demostrando como servir una perfecta Stella Artois.

En el 2010 por primera vez un representante argentino participará en el World Draught Masters a nivel Mundial.
Para la activación del World Draught Masters en la Argentina Stella Artois capacitará en el Ritual de la Servida a todos los bartenders de los Bares donde se sirve actualmente el chopp de Stella Artois.
Asimismo la marca capacitará a los consumidores en el Ritual de 9 Pasos de la Servida con una actividad promocional en bares de Capital Federal, Mar del Plata, Córdoba y Rosario. La Final Nacional se realizará en el MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) el dia 28 de Septiembre donde competirán por el título de World Draught Masters bartenders y consumidores.

El ganador de este evento participará en el World Draught Masters que se realizará en Londres en el famoso Old Billingsgate el día 28 de Octubre.

Para enterarte y participar del mundo del World Draught Masters se deberá ingresar a www.stellaartois.com

World Draught Masters 2010: Un ritual único para una cerveza única.




Y de paso, ¿me cuentan si son de tener rituales y manías de buen catador, o si son de los que destapan y toman del pico sin más?


Buen fin de semana para todos y un brindis con una Stella bien helada por la cercanía de la primavera y la finalización del detestable invierno.











jueves, 9 de septiembre de 2010

Ochentosa


Paso nueve horas al día, seis días a la semana, rodeada de objetos vintage.
El pasado se mezcla con el presente en los percheros y en las estanterías, y yo le doy play a un equipo de música ultramoderno en el que suenan melodías ochentosas.
Desde que tengo este trabajo vivo recordando, aunque no quiera, ese tiempo de adolescente con los sueños vírgenes y los proyectos en crudo, a la que le sobraban el tiempo y las ganas de imaginar el futuro.
Fue la época de los veraneos en la adorable Villa Gesell y el mate obligado al atardecer sobre los médanos, mientras curioseábamos al chico de turno que paseaba en un cuatriciclo alquilado.
La matiné con botitas Kickers y minifalda de jean. Las canciones de Banana para la tanda de lentos, y el inconfundible sonido de la batería de GIT que nos devolvía a la pista.
En los ochenta tenía costumbres que ya no tengo y que fui perdiendo tras las hojas del almanaque. Era religión "la rateada" del colegio y el intercambio de ropa para el "asalto" del sábado. Camisas semitransparentes o con chabot, pantalones palazzos, y el spray que fijaba los artesanales flequillos que lucíamos en la fila del boliche.
La Cindor con vainillas al regreso del club. Las adictivas Kesbun a la hora de mirar McGyver o Blanco y Negro. El mítico Pumper Nic, su Mobur y el hipopótamo violeta.

Y los amores.
Encuentros espontáneos y sentimientos sin vueltas: Me gustás, te gusto, probamos.
Sin mensajes de texto que no llegan, ni celulares apagados. El teléfono que sonaba era el de casa y le estirábamos el cable para poder hablar en privado ante la ausencia de inalámbricos.
Fue el furor de las cartitas de amor escritas en papel de carta y cerradas con autoadhesivos de Kitty o de los Little Twin Stars.
Las salidas en grupo: mi novio, mis amigas, los amigos de mi novio y ver si alguno se le "tiraba" a alguna amiga disponible. Y ahí brindábamos todos con Gancia batido y prolongábamos la diversión hasta la mañana, desayunando café con leche y medialunas en un bar de Caballito.

Los ochenta. La década de descubrir emociones y de amontonar recuerdos para sobrevivir al viejazo que algún día nos alcanzaría.
Dicen que todo tiempo pasado fue mejor y tal vez sea por eso, o porque se nos acabaron las ideas, que nos empecinamos en traer al hoy aquellas cosas que nos hicieron bien en aquél entonces.
Fue una época de magia, de disfrute. De amistades para toda la vida y códigos inquebrantables. De imágenes de una Polaroid que quedaron colgando de la retina con los colores intactos.
Sensaciones que volvemos a revivir con una canción de la época, con una remera John L. Cook que conservamos en el placard o con esa cajita de recuerdos en la que sobrevive un cospel de Entel para recordarnos que ese tiempo existió y que estuvimos ahí.

Por suerte, cuando me pinta el fanatismo ochentoso y quiero evocar los momentos de esa impunidad adolescente, puedo desenpolvar un viejo casette de grandes éxitos y zambullirme en un paquete de Kesbun.

¡Gracias a Dios alguien se acordó de devolvernos un poquito de los ochenta en forma de galletitas de queso!
Chapó para Kesbun.



Si tienen ganas de recordar los buenos y viejos tiempos, pueden darse una vuelta por una muy grata trivia Retro acá.






jueves, 12 de agosto de 2010

Hoy puede ser



Hay un día en que todo parece encaminarse.
Lentamente, las imágenes de un pasado de frustraciones y angustias, parecen dar paso a un paisaje alentador.
No es una cuestión azarosa. Requiere de un cambio de mentalidad y de un accionar que transforme la mala experiencia en un aprendizaje. Que ya no se trate de solucionar sino de prever, con hechos en lugar de lamentos.

Así fue que consideré que ser independiente era optar nuevamente por volver a estar en la cuerda floja sin ser la atracción principal del circo. Me detuve unos días, y otras tantas noches, a pensar que el camino que había elegido, perdía poco a poco el encanto tras la inseguridad de la incertidumbre.
Busqué un atajo para no hundirme en los padeceres conocidos. Me pregunté qué era lo que quería para el futuro, el inminente y el lejano. Tracé prioridades. Separé lo imposible de lo probable y tiré la caña al mar de las oportunidades.
Y varios peces mordieron el anzuelo.

Entonces opté. Elegí sobreemplearme. Decidí conservar la independencia en los ratos que me deje libre el nuevo trabajo, con la intención de que evolucione a su tiempo pero sin arrastrarme en ese crecimiento.

Y hoy empiezo esta nueva vida de seis días sin descanso en un lugar increíblemente lindo y con la responsabilidad de tener la parte comercial de una empresa absolutamente a mi cargo.
Detrás de esa puerta que hoy se abre, hay un montón de pequeños proyectos dorándose en el horno de mi cocina. Todos tienen que ver con lo que más amo en este mundo. Muchos, en unos meses estarán listos para servir a la mesa de quien supo esperar.

Hoy puede ser ese día que anduve esperando.
¿Por qué no?

domingo, 8 de agosto de 2010

Hoy como ayer



Hoy volví al barrio que me vio nacer, y fue después de unos quince años.

Tomé el mismo colectivo que me llevaba a la casa de mi abuela, después de caminar hacia la misma parada como un sostenido ritual.
Apenas me senté y tomó por la avenida, sentí que se dirigía directamente hacia mi niñez, atravesando la barrera del paso del tiempo sin importarle mis nuevas arrugas.
Fueron cuarenta minutos saboreando la misma ansiedad que se genera en la previa de un encuentro esperado, con la mirada clavada en el paisaje conocido y jamás olvidado.
Hasta que distinguí la calle que me vio correr hasta lo de Don Domingo, el almacenero que te vendía de fiado un sábado al mediodía, antes de que bajara la persiana. Reconocí las veredas anchas que habían inaugurado los moretones de mis rodillas. La estación del tren, fondo de tantas fotografías. La esquina donde vivía ese chico de remera roja que salía armado con bombitas de agua en pleno carnaval.
Y la casa de mi amiga, que hoy me esperaba con sus dos hijos y la misma alegría de verme llegar que entonces.
Su hermano, ya no era ese Juampi al que hacíamos llorar cuando le negábamos un lugar en nuestro juego. Era Juan Pablo, contando los planes de su casamiento.
Su mamá no era la que nos preparaba el Nesquik con vainillas, sino la abuela que ahora calentaba la leche para sus nietos.
La perra ya no era la misma que me lamía las mejillas, pero jugaba junto a la pileta en la que chapoteábamos en los veranos de la infancia.

Ahí parada, mirando a mi alrededor, se me nublaron los ojos y se me anudó el pasado en la garganta. Me impedí llorar aunque me sobraron las ganas.
Y por un momento no quise saber nada del mañana...si con el pasado me alcanzaba.

Los años habían pasado demasiado rápido, sin darme la posibilidad de atrapar el ayer que se empeñaba en alejarse cada vez más.
Pero hoy estaba ahí, con los mismos protagonistas que a mis diez. Con más achaques ellos, con más desilusiones yo, pero con la certeza de que mi niña interior aún se conmueve con lo mejor que nos regala la vida.


Feliz día del niño para esa parte de nosotros que siempre andará de pantaloncito corto sentado en la vereda de la infancia.

jueves, 5 de agosto de 2010

La Antinovia


Si hoy me dan a elegir entre una cena con amigas y una mega fiesta llena de solteros, elijo (y sin dudar) la primera opción. Reemplacé las lacrimógenas comedias de amor por las de acción y suspenso, y ya no me babeo ante una escena callejera de dos amantes robándose besos.
Disfruto (¡y no se imaginan cuánto!) de no estar pendiente de un mensaje de texto, de no tener que conjeturar sobre los silencios, hipotetizando causas que impidieron que un fulano me llame.
Ya no imagino excusas que no voy a tener que oír, ni planeo estrategias para anclar a un candidato a mis tobillos. No necesito anticipar como será la despedida porque no habrá encuentro, y no busco nuevas herramientas para ensamblar las piezas rotas que deje la ruptura, porque planeo preservarme de los letales daños de un nuevo amor.

Y me siento libre.

Libre de mí misma y de los fantasmas que rodean los inicios de cualquier relación. Porque seamos honestos: ¿Quién recuerda los noviazgos perfectos? Nadie, o casi.
Uno suele abrazarse al recuerdo de los amores equívocos o no correspondidos. Los que nos dejaron el corazón desaliñado y torpe vagabundeando por las esquinas del fracaso. Los que nos hicieron desayunar lágrimas hasta oxidarnos por dentro.

Y es ahí, cuando tomo distancia del pasado no tan lejano, que me permito mirarme desde la platea, como un mero espectador y exigir que me devuelvan el importe de la entrada que pagué por hacer ese triste papel.

A contraluz me redescubro y veo esta nueva versión de mí: La antinovia.
Capaz de venerar la estampita de Santa Soltería y hasta dedicarle unas cuantas novenas. Dispuesta a esquivar la mirada de cualquier potencial aniquilador de lacalmaquetantomecostóconseguir. Convencida de que un baño de espuma es mejor plan que una mala cita. Fascinada con la idea de que estoy a salvo de aprendices de enamorados y de galanes de telenovela sin raiting.

Hoy prefiero ser un monstruo escéptico que una mujer vulnerable y crédula.

Una blonda rebelde que una dócil Susanita.

Una antinovia... mucho antes que una novia con el rimmel corrido.