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lunes, 27 de septiembre de 2010

Inauguro los 37



Afuera es primavera.
Adentro hay inviernos atorados y veranos de un oleaje corto que apenas supo salpicarme.

Tengo una lista, eternamente provisoria, de proyectos a cumplir.
Y otra lista, borroneada, de hombres a quienes amar.
Guardo una caja con cosas inútiles de las que no puedo desprenderme. En mi alma llevo otra en la que almaceno nombres que me cuesta extirpar.
En las plantas de mis pies alojo postales de ciudades recorridas. En las caderas los ritmos que alguna vez ensayé a escondidas.
En las espaldas cargo el pasado del que fui artífice mientras en la saliva disuelvo los tragos amargos que dejó.

Llena de recuerdos en sepia llegué hasta acá, a los treinta y siete renglones de la página de mi vida que todavía me resta escribir.

Sin festejo y sin torta, pero con un café al paso con las amigas del alma.
Con mucho para agradecer.
Con demasiado para planear.

Afuera es primavera.
Adentro también.



Quedan oficialmente inaugurados los 37.
Feliz cumpleaños a mi y gracias anticipadas a todos ustedes que me hacen feliz.




martes, 21 de septiembre de 2010

Confesiones de primavera


Cada primavera es una alarma que me advierte sobre la inminente llegada de mi cumpleaños.
En esta oportunidad, me dan ganas de desconectarla con la misma rabia que apago el despertador por la mañana mientras acomodo el cansancio en un rincón del cuerpo y trato de sonreirle al nuevo día.

A mis casi treinta y siete, siento como si un huracán me hubiera arrastrado el día en que cumplí treinta y me hubiera depositado en el hoy. Todo pasó demasiado rápido en el medio...
Los señuelos que el tiempo fue dejando se convirtieron en dos canas que decoro con hebillas y nuevas arrugas que maquillo con esmero mientras me acostumbro a esta nueva imagen de mí que me devuelve el espejo.

Esta soy hoy y no me parezco en nada a lo que creí que iba a ser.
Y eso me enoja, o me angustia de a ratos, porque no encuentro la curva que me sacó de mi rumbo y me obligó a timonear una canoa que naufragaba en la corriente. En medio del oleaje se fue el tiempo. Esquivando tempestades perdí pedacitos de vida que no vuelven.

Me acostumbré a la espera de algo que no llega. Se convirtió en un credo la rutina privada de emociones que agigantan el alma. Me habitué a la soledad que late los domingos y que se propaga por la semana. Adiestré mis manos para no pedir más de la cuenta y me propuse sobrevivir cada jornada.

Hoy tengo una pelea extraña con la vida que a los veinte no imaginaba.

Tal vez alcance con saber que algún hombre me amó hasta el llanto. Quizás duela reconocer que el hombre que la naturaleza obligaba a amarme no lo hiciera.
Tal vez alcance con saber que algún hombre imaginó una familia conmigo. Quizás duela un poco verme sin hijos.
Tal vez alcance con seis agotadores días de trabajo a la semana. Quizás fastidie la falta de descanso, el magro sueldo, la abstinencia obligada a todo aquello que no sea imprescindible.
Tal vez sea suficiente el hecho de estar viva. Quizás no me alcance con sólo respirar.

Hay veces, esporádicos instantes, en que recuerdo que alguien dijo que la plenitud llega a los cuarenta y me vuelvo a sentir, por un segundo, casi una adolescente. Es entonces cuando vuelvo a erguir la espalda, levanto la mirada al frente y me acomodo como al pasar el pelo. Dejo de arrastrar el paso y taconeo haciendo ruido de castañuelas por la vereda. Balanceo las caderas al ritmo de alguna canción que canto para mí y miro al mundo con la boca abierta, dispuesta a saborear la vida antes de que un nuevo huracán me deposite en la vejez sin previo aviso...




Feliz primavera para mis queridos bloggeramigos. Que florezca todo aquello que sembraron en el más frío de sus inviernos.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Nueve pasos


Nueve pasos son los que separan mi cama del resto del monambiente.
Los mismos que separan la puerta del departamento del ascensor o los que me permiten alcanzar la parada del colectivo desde la entrada principal.
Es una distancia corta, mínima, que sólo puede acercarnos a lo que inmediatamente nos rodea.

Pero habrá alguien que podrá, con sólo nueve pasos, llegar a Londres.

Para mis amigos bebedores, les dejo esta información que espero sepan aprovechar por mí. Mi mal pulso y mi torpeza me impiden inscribirme en semejante desafío.


El World Draught Masters es una competencia única a nivel mundial realizada por Stella Artois buscando al mejor bartender.
Para dicha competencia se reúnen participantes de todo el mundo y compiten entre sí en el ritual de la servida, donde un jurado de notables califica los 9 pasos de la perfección.

Después de más de 600 años perfeccionando la receta para crear una cerveza única, Stella Artois se volvió mas exigente en la forma en que debe ser servida, debido a ello existe un Ritual que contempla 9 pasos para servir un chopp de manera perfecta.

El ganador del World Draught Masters se convierte en el embajador de Stella Artois en el mundo, recorriendo los distintos países explicando, capacitando y demostrando como servir una perfecta Stella Artois.

En el 2010 por primera vez un representante argentino participará en el World Draught Masters a nivel Mundial.
Para la activación del World Draught Masters en la Argentina Stella Artois capacitará en el Ritual de la Servida a todos los bartenders de los Bares donde se sirve actualmente el chopp de Stella Artois.
Asimismo la marca capacitará a los consumidores en el Ritual de 9 Pasos de la Servida con una actividad promocional en bares de Capital Federal, Mar del Plata, Córdoba y Rosario. La Final Nacional se realizará en el MALBA (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) el dia 28 de Septiembre donde competirán por el título de World Draught Masters bartenders y consumidores.

El ganador de este evento participará en el World Draught Masters que se realizará en Londres en el famoso Old Billingsgate el día 28 de Octubre.

Para enterarte y participar del mundo del World Draught Masters se deberá ingresar a www.stellaartois.com

World Draught Masters 2010: Un ritual único para una cerveza única.




Y de paso, ¿me cuentan si son de tener rituales y manías de buen catador, o si son de los que destapan y toman del pico sin más?


Buen fin de semana para todos y un brindis con una Stella bien helada por la cercanía de la primavera y la finalización del detestable invierno.











jueves, 9 de septiembre de 2010

Ochentosa


Paso nueve horas al día, seis días a la semana, rodeada de objetos vintage.
El pasado se mezcla con el presente en los percheros y en las estanterías, y yo le doy play a un equipo de música ultramoderno en el que suenan melodías ochentosas.
Desde que tengo este trabajo vivo recordando, aunque no quiera, ese tiempo de adolescente con los sueños vírgenes y los proyectos en crudo, a la que le sobraban el tiempo y las ganas de imaginar el futuro.
Fue la época de los veraneos en la adorable Villa Gesell y el mate obligado al atardecer sobre los médanos, mientras curioseábamos al chico de turno que paseaba en un cuatriciclo alquilado.
La matiné con botitas Kickers y minifalda de jean. Las canciones de Banana para la tanda de lentos, y el inconfundible sonido de la batería de GIT que nos devolvía a la pista.
En los ochenta tenía costumbres que ya no tengo y que fui perdiendo tras las hojas del almanaque. Era religión "la rateada" del colegio y el intercambio de ropa para el "asalto" del sábado. Camisas semitransparentes o con chabot, pantalones palazzos, y el spray que fijaba los artesanales flequillos que lucíamos en la fila del boliche.
La Cindor con vainillas al regreso del club. Las adictivas Kesbun a la hora de mirar McGyver o Blanco y Negro. El mítico Pumper Nic, su Mobur y el hipopótamo violeta.

Y los amores.
Encuentros espontáneos y sentimientos sin vueltas: Me gustás, te gusto, probamos.
Sin mensajes de texto que no llegan, ni celulares apagados. El teléfono que sonaba era el de casa y le estirábamos el cable para poder hablar en privado ante la ausencia de inalámbricos.
Fue el furor de las cartitas de amor escritas en papel de carta y cerradas con autoadhesivos de Kitty o de los Little Twin Stars.
Las salidas en grupo: mi novio, mis amigas, los amigos de mi novio y ver si alguno se le "tiraba" a alguna amiga disponible. Y ahí brindábamos todos con Gancia batido y prolongábamos la diversión hasta la mañana, desayunando café con leche y medialunas en un bar de Caballito.

Los ochenta. La década de descubrir emociones y de amontonar recuerdos para sobrevivir al viejazo que algún día nos alcanzaría.
Dicen que todo tiempo pasado fue mejor y tal vez sea por eso, o porque se nos acabaron las ideas, que nos empecinamos en traer al hoy aquellas cosas que nos hicieron bien en aquél entonces.
Fue una época de magia, de disfrute. De amistades para toda la vida y códigos inquebrantables. De imágenes de una Polaroid que quedaron colgando de la retina con los colores intactos.
Sensaciones que volvemos a revivir con una canción de la época, con una remera John L. Cook que conservamos en el placard o con esa cajita de recuerdos en la que sobrevive un cospel de Entel para recordarnos que ese tiempo existió y que estuvimos ahí.

Por suerte, cuando me pinta el fanatismo ochentoso y quiero evocar los momentos de esa impunidad adolescente, puedo desenpolvar un viejo casette de grandes éxitos y zambullirme en un paquete de Kesbun.

¡Gracias a Dios alguien se acordó de devolvernos un poquito de los ochenta en forma de galletitas de queso!
Chapó para Kesbun.



Si tienen ganas de recordar los buenos y viejos tiempos, pueden darse una vuelta por una muy grata trivia Retro acá.






jueves, 12 de agosto de 2010

Hoy puede ser



Hay un día en que todo parece encaminarse.
Lentamente, las imágenes de un pasado de frustraciones y angustias, parecen dar paso a un paisaje alentador.
No es una cuestión azarosa. Requiere de un cambio de mentalidad y de un accionar que transforme la mala experiencia en un aprendizaje. Que ya no se trate de solucionar sino de prever, con hechos en lugar de lamentos.

Así fue que consideré que ser independiente era optar nuevamente por volver a estar en la cuerda floja sin ser la atracción principal del circo. Me detuve unos días, y otras tantas noches, a pensar que el camino que había elegido, perdía poco a poco el encanto tras la inseguridad de la incertidumbre.
Busqué un atajo para no hundirme en los padeceres conocidos. Me pregunté qué era lo que quería para el futuro, el inminente y el lejano. Tracé prioridades. Separé lo imposible de lo probable y tiré la caña al mar de las oportunidades.
Y varios peces mordieron el anzuelo.

Entonces opté. Elegí sobreemplearme. Decidí conservar la independencia en los ratos que me deje libre el nuevo trabajo, con la intención de que evolucione a su tiempo pero sin arrastrarme en ese crecimiento.

Y hoy empiezo esta nueva vida de seis días sin descanso en un lugar increíblemente lindo y con la responsabilidad de tener la parte comercial de una empresa absolutamente a mi cargo.
Detrás de esa puerta que hoy se abre, hay un montón de pequeños proyectos dorándose en el horno de mi cocina. Todos tienen que ver con lo que más amo en este mundo. Muchos, en unos meses estarán listos para servir a la mesa de quien supo esperar.

Hoy puede ser ese día que anduve esperando.
¿Por qué no?

domingo, 8 de agosto de 2010

Hoy como ayer



Hoy volví al barrio que me vio nacer, y fue después de unos quince años.

Tomé el mismo colectivo que me llevaba a la casa de mi abuela, después de caminar hacia la misma parada como un sostenido ritual.
Apenas me senté y tomó por la avenida, sentí que se dirigía directamente hacia mi niñez, atravesando la barrera del paso del tiempo sin importarle mis nuevas arrugas.
Fueron cuarenta minutos saboreando la misma ansiedad que se genera en la previa de un encuentro esperado, con la mirada clavada en el paisaje conocido y jamás olvidado.
Hasta que distinguí la calle que me vio correr hasta lo de Don Domingo, el almacenero que te vendía de fiado un sábado al mediodía, antes de que bajara la persiana. Reconocí las veredas anchas que habían inaugurado los moretones de mis rodillas. La estación del tren, fondo de tantas fotografías. La esquina donde vivía ese chico de remera roja que salía armado con bombitas de agua en pleno carnaval.
Y la casa de mi amiga, que hoy me esperaba con sus dos hijos y la misma alegría de verme llegar que entonces.
Su hermano, ya no era ese Juampi al que hacíamos llorar cuando le negábamos un lugar en nuestro juego. Era Juan Pablo, contando los planes de su casamiento.
Su mamá no era la que nos preparaba el Nesquik con vainillas, sino la abuela que ahora calentaba la leche para sus nietos.
La perra ya no era la misma que me lamía las mejillas, pero jugaba junto a la pileta en la que chapoteábamos en los veranos de la infancia.

Ahí parada, mirando a mi alrededor, se me nublaron los ojos y se me anudó el pasado en la garganta. Me impedí llorar aunque me sobraron las ganas.
Y por un momento no quise saber nada del mañana...si con el pasado me alcanzaba.

Los años habían pasado demasiado rápido, sin darme la posibilidad de atrapar el ayer que se empeñaba en alejarse cada vez más.
Pero hoy estaba ahí, con los mismos protagonistas que a mis diez. Con más achaques ellos, con más desilusiones yo, pero con la certeza de que mi niña interior aún se conmueve con lo mejor que nos regala la vida.


Feliz día del niño para esa parte de nosotros que siempre andará de pantaloncito corto sentado en la vereda de la infancia.

jueves, 5 de agosto de 2010

La Antinovia


Si hoy me dan a elegir entre una cena con amigas y una mega fiesta llena de solteros, elijo (y sin dudar) la primera opción. Reemplacé las lacrimógenas comedias de amor por las de acción y suspenso, y ya no me babeo ante una escena callejera de dos amantes robándose besos.
Disfruto (¡y no se imaginan cuánto!) de no estar pendiente de un mensaje de texto, de no tener que conjeturar sobre los silencios, hipotetizando causas que impidieron que un fulano me llame.
Ya no imagino excusas que no voy a tener que oír, ni planeo estrategias para anclar a un candidato a mis tobillos. No necesito anticipar como será la despedida porque no habrá encuentro, y no busco nuevas herramientas para ensamblar las piezas rotas que deje la ruptura, porque planeo preservarme de los letales daños de un nuevo amor.

Y me siento libre.

Libre de mí misma y de los fantasmas que rodean los inicios de cualquier relación. Porque seamos honestos: ¿Quién recuerda los noviazgos perfectos? Nadie, o casi.
Uno suele abrazarse al recuerdo de los amores equívocos o no correspondidos. Los que nos dejaron el corazón desaliñado y torpe vagabundeando por las esquinas del fracaso. Los que nos hicieron desayunar lágrimas hasta oxidarnos por dentro.

Y es ahí, cuando tomo distancia del pasado no tan lejano, que me permito mirarme desde la platea, como un mero espectador y exigir que me devuelvan el importe de la entrada que pagué por hacer ese triste papel.

A contraluz me redescubro y veo esta nueva versión de mí: La antinovia.
Capaz de venerar la estampita de Santa Soltería y hasta dedicarle unas cuantas novenas. Dispuesta a esquivar la mirada de cualquier potencial aniquilador de lacalmaquetantomecostóconseguir. Convencida de que un baño de espuma es mejor plan que una mala cita. Fascinada con la idea de que estoy a salvo de aprendices de enamorados y de galanes de telenovela sin raiting.

Hoy prefiero ser un monstruo escéptico que una mujer vulnerable y crédula.

Una blonda rebelde que una dócil Susanita.

Una antinovia... mucho antes que una novia con el rimmel corrido.

domingo, 25 de julio de 2010

Mientras tanto



Las cosas pasan sin aviso. Todas las cosas.
La muerte, el amor, un encuentro, la lluvia.
No anticipan la llegada, sólo suceden y nos enfrentan a una nueva versión de nosotros mismos. Nos modifican, nos redibujan el presente y cuelgan entre pinzas el futuro.

Y es así como a veces creemos que tenemos nuestra vida medianamente acomodada: un trabajo normalito, los amigos de siempre y los que se sumaron, la casa ordenada y las plantas recién regadas. Pero algo empieza a gestarse en un rincón alejado de nuestra vista. Un cambio espiralado que junta fuerzas como un tornado y que, cuando emerge, lo hace dispuesto a arrasar con todo.

La vida medianamente acomodada se convierte entonces en un completo desorden en el que nos es difícil distinguir la salida. Nos cuesta pensar, y mucho más entender, cómo fue que llegamos hasta ahí, hasta las ruinas mismas de nuestro existir.
Todo lo que teníamos aferrado a nuestro puño se evapora con la misma rapidez que se consume un cigarrillo encendido.

Y desde el punto cero, desde el meridiano de nuestro desconcierto, tenemos que volver a empezar.
Desparramar la esperanza sobre el tablero y agudizar el ingenio. Vaciar los bolsillos hasta que salgan pelusas. Atrapar el grito donde dobla la garganta y sostener el llanto con una cuchara.
Darnos de baja del mundo por un tiempo. Escondernos del sol y de la fiesta que hay afuera. Embalar lo que nos queda y rematarlo al mejor postor.
Y así, con lo puesto, empezar a andar por el camino del mientras tanto.

Esa es la calle que hoy recorro. La del paisaje incierto pero colorido. La que en cualquier esquina puede regalarme un pasaporte a una emoción nueva que le cambie el nombre a la rutina.

El mientras tanto es una escalera desde el desván a la terraza. Un intervalo en medio de la función. Un impás.Una tregua entre la incertidumbre y la convicción.

En mi propio mientras tanto, me acostumbro al monoambiente y a la adrenalina de ser independiente. A no saber qué pasará mañana, ni en media hora. Disfruto de la espera de un amor, sin desesperar y pongo mi corazón en conserva para ser consumido en un romántico banquete.
Y me alegro de sólo pensar que el mientras tanto es un tiempo de preparación para recibir lo mejor. Es sólo eso: un mientras tanto.

martes, 20 de julio de 2010

Mucha risa y pocas nueces


A ver...¿cómo puedo resumir el té del domingo en una frase? Digamos que fue un grato momento sin sobresaltos. No hubo choque de planetas, ni llovieron corazones, ni mucho menos.
Cuando Gustavo abrió la puerta y se acercó a saludarme, comprobé que eso del amor a primera vista es algo que ocurre muy de vez en cuando.
Las probabilidades de que fuera a conocer al amor de mi vida en un té de domingo, seamos sinceros, eran mínimas. Sobre todo, si a eso le sumamos mi poca predisposición mental a que eso suceda.
Para que se ubiquen en el momento ( y no me reprochen que escatimo detalles), cuando Gustavo llegó, el cuadro de situación vigente era el siguiente:
mi amiga sentada junto a su pareja, una mesa llena de cupcakes que felizmente reemplazaban a la pastafrola, mate, café con leche, jugo de naranja y yo, hamacando de manera ensimismada ( o idiotizada) al bebé de mi amiga de apenas un mes y medio y haciendo sonidos del estilo "bu bu bú...ajó, ajó" con la esperanza de que se durmiera". ¿Sexy, no?

Como se imaginarán los que hace tiempo me conocen, poco me importaba asumir el rol de "Mata Hari" frente a un individuo desconocido del que sólo sabía que a los 37 años vivía con su mamá. Mucho menos me importó cuando confirmé que los rubios no me generan la más mínima emoción, sobre todo, si se asemejan al "Teto Medina".
Pero algo bueno tenía el pobre Gustavo: su sentido del humor. Debo reconocer que en lo que va del año no me había reído con tantas ganas hasta el domingo. Y no porque hiciera chistes, no. Sino porque se ocupaba de hacer los comentarios más bizarros, inteligentes y originales, como si fuera el animador de una fiesta de PAMI.

No hubo mucho más que alguna salida de los dos a fumar en el balcón...en un quinto piso, con tormenta y un viento huracanado haciéndonos flamear desde la parrilla hasta el ventanal sin piedad, que lejos de propiciar el diálogo favorecía el contagio de una pulmonía; y algún que otro gesto gentil de índole: ¿te sirvo otro café? ¿querés otro poquito de jugo?

Finalizada la ingesta de cupcakes, y después de haber hecho un rápido repaso por todos los temas de actualidad posibles, mientras yo seguía en mi rol de nodriza con el bebé, Gustavo se despidió con un: "me encantó conocerte, ojalá nos veamos otra vez."

Y yo pensé que en cierta forma era cierto, no era mala idea volverlo a ver, pero sólo para compartir una tarde con amigos y reírnos hasta desencajar la mandíbula. Pero nada más.

Ahora vuelvo al frasco, hasta que acepte la próxima invitación de mis amigas celestinas...y cada vez más convencida de que esto de "en- parejarse" es una tarea altamente difícil.



Y como no podía ser de otra manera en un 20 de julio, aprovecho la ocasión para dedicar este post a esos amigos del cibermundo , de quienes conozco sus vidas a través de un monitor pero que aprendí a querer con un afecto bien real.

También sumo al saludo a mis amigos y amigas de la vida, de la infancia, la adolescencia y de las esquinas del tiempo.

Y por qué no a aquellos y aquellas que me hicieron el favor de borrarse de la lista y dejar un espacio libre para los nuevos amigos que vendrán.

A todos, ¡FELIZ DIA DEL AMIGO!



viernes, 16 de julio de 2010

Cita a ciegas



Bastó que hiciera públicas mis ganas de mantenerme soltera, para que mis amigas del alma se pusieran en campaña...¿Campaña para qué? Para conseguirme un novio, o algo así.

Supongo que como ellas ya se casaron, se descasaron y se volvieron a casar (algunas), creen que esto de encajar con alguien a los treinta y pico es tarea fácil.Se niegan a imaginarme como la tía solterona del grupo, haciendo trámites de adopción pasados los 50 o en la fila de un banco de semen antes de que el reloj biológico se detenga.
Así fue que empezaron a caer mails a mi casilla bajo el asunto: "Candidato", o bien, mensajes en mi contestador del estilo: - Llamame, es urgente, Juan tiene un amigo para presentarte que no se te puede escapar.


Al principio lo dudé. ¿Por qué costaba entender que estuviera bien así, "solterita y sin apuro"?
¿Qué las hacía pensar que el tipo perfecto que yo no había sido capaz de encontrar en 36 años de vida podían encontrarlo ellas con sólo revolver la agenda de sus maridos?
Estuve a punto de decir no y pensar un plan para solteras para el fin de semana, pero al final dije que sí, sólo a una.

- Está bien, salgamos.

- Ay, ¡genial! Gustavo te va a encantar.

- No creo, pero bueno...

- Si, es muy lindo...rubio...

- No me gustan los rubios, nunca me gustaron.

- Dale, che, que te conocí uno rubión rubión.

- Uno solo, y yo tenía 16 años.

- Vas a ver que te va a gustar. Es bohemio.

- ¿Dejado, querés decir?

- No, bohemio....hmm....artista.

- Ah, artista es otra cosa. ¿Es actor? ¿Pintor?

- Escribe, me pareció que te iba a gustar ese dato.

- Si, hasta ahora es lo más interesante que tiene. ¿Es divertido?

- No sé...

- ...

- Pero hay algo que te va a atraer...


Acá vino la parte más jugosa de la descripción del pobre Gustavo. Me imaginé que iba a decir que era un tipo inteligente, dueño de una personalidad avasallante, atractivo, ultra simpático...pero no, parece que Gustavo tenía una cualidad mucho mejor.


- Es enamoradizo- dijo

- ¿Patológico?

- ¡No!...(pausa)...bah, no sé, dice que siempre se enamora y que lo terminan haciendo pelota.

- Primera coincidencia.

- Claro, por eso.

- ¿Claro?

- Bueno, es una forma de decir. Gustavo dice que está cansado de estar a la espera de un mensajito, de que las minas den vuelta, que está harto del "ni".

- ¿Qué edad tiene?

- Treinta y siete. Vive con los padres...

- ¿Qué? ¿Todavía?

- No, hace poco. Después de que dejara de convivir con una se volvió a la casa de los viejos porque se sentía menos solo.

- Ay, Dios...

- Mirá que ya arreglé para el domingo, eh.

- Y bueh, andá avisándole que yo no busco nada, pero nada de nada. Decile que ronco de noche, que tengo los pies fríos en invierno y transpirados en verano. Inventale que además soy sonámbula, que tengo un tic en un ojo y que si me río mucho me hago pis encima, sin importar en qué lugar esté...

- No seas tarada, ya le dije que sos divina y que no entiendo como todavía estás sola.

- Se nota que sos mi amiga, tonta.

- Claro, tonta.


El domingo vamos los cuatro a tomar el té (?) a la casa de mi amiga.
El pronóstico anuncia lluvias y un frío espantoso que me darán más ganas de quedarme en casa viendo una película que de compartir una pastafrola con Gustavo.
Pero dije que sí, que iba.
El lunes les cuento como me fue.