
En esa semana de pura estrategia y el corazón anudado en la garganta, fui enterándome de vida y obra de Laurita.
Vivía sola en Vicente López, leía a Bucay (puaj), tenía un perro dálmata (qué festín se hubiera hecho Cruella), un Peugeot 205 verde, un departamento en la costa, pelo morocho con rulos, ojos marrones, alta, según se veía en la foto, y tenía un affair con mi novio.
El viernes de esa semana ya no aguanté más.
Él estaba cada vez más distante, y yo cada vez sufría más, así que decidí ponerle punto final al asunto.
¿Alguna vez sintieron que una relación está al borde de explotar? Esa sensación de que cualquier cosa que digamos equivocada va a desembocar en una discusión sin retorno o que un pasito en falso nos coloca directamente en la cornisa de un piso catorce.Así estaba lo nuestro, por lo cual decidí que si algo tenía que explotar que fuera su vergüenza, si es que tenía.
La llamé a mi gran amiga Fido para contarle el plan y pedirle su ayuda que consistía en "hacerme la segunda".
Esa noche, Peter tenía una despedida de un compañero de trabajo y me jugaba la vida sin temor a perderla a que Laurita iba a estar ahí.Yo sabía que ese compañero no era santo de su devoción, así que cuando me comunicó que iban a Pizza Banana de Puerto Madero a festejar le pregunté para que iba si no se lo bancaba.Por supuesto que me contestó que "no podía dejar de ir", así que más ganas me dieron de ver rodar su cabeza.
A las nueve de la noche Fido y yo nos fuimos en el auto de mi mamá hasta allá.El plan era simplemente cagarle la noche.Yo sabía que lo de ellos avanzaba y que en cualquier momento se venía la "noche de amor" (no creo que de sexo desenfrenado porque él tenía serios problemas al respecto...de "rigidez", congénito), y nada más propicio que ese viernes de calor.
Nos quedamos ocultas detrás de un árbol viendo los movimientos.
Nos faltaba la lupa y el piloto para completar nuestra imagen ridícula. La pobre Fido trataba de calmarme ante mi elocuacidad desmedida producto de los nervios.Habíamos quedado en que ella se quedaría detrás del mismo árbol viendo como se desarrollaba el plan, y que cualquier cosa se iría, sola, en taxi...¡toda una amiga!
A las diez de la noche lo llamé al celular:
B: Hola Pit
P (con voz de culo y ruido de brindis y tenedores de fondo): ¿Qué hacés? ¿Qué pasa?
B: Muchas cosas pasan.
P: ¿Pero algo grave? Porque estoy en plena despedida.
B: Eso de si es grave o no me lo dirás vos.
P: ¿Yo? ¿Qué tengo que ver? Si estás buscando discutir por algo te digo que buscaste un pésimo momento, no puedo entrar en eso ahora.
B: Claro, demasiado público femenino a la vista, me imagino.
P: No es eso, es que no le encuentro sentido a que me llames en medio de una cena.
B: Salí a la puerta y le damos sentido.
P: ¿Estás en la puerta? ¿Qué mierda te pasa? ¿Te volviste loca?
B: No creo, me parece que estoy demasiado lúcida.
P: Ahí voy.
Me lo imaginaba dejando la servilleta con furia sobre el plato, diciendo que iba al baño, acariciándole los rulos a Laurita al pasar seguido de la frase "ya vengo".
Lo vi venir, con cara de desencajado hacia donde yo estaba.De reojo, yo miraba hacia el árbol donde se había ocultado Fido.Se le veían los piecitos...
P: ¿ Me podés decir qué te pasa?
B (triunfal): Decime vos mejor, quien es Laurita Laborda.
P ( blanco como el papel): ¿Quién? ¿De qué hablás?
B: De Laurita, tu empleada nueva, la que piensa que te fuiste a Brasil con un amigo, la que vive en el piso 7 de una torre en Vicente López.¿Te suena? La que tiene el dálmata y lee a Bucay, ¡ la sagitariana, Peter!Esa de rulos, alta, que maneja un 205...
P : ....
B: Pero,...parece que no te suena.La que llevaste a comer a Mykonos , nuestro lugar.La que todavía no te cogiste pero que no te deben faltar ganas. Decime vos al final, ¿ Es algo serio lo que me pasa o una pavadita?
P: No sé qué decirte
B: Para decir eso no hubieras dicho nada.
P: Es que no sé, te juro que te lo pensaba decir, pero como estoy tan confundido.
B: Ah, mirá vos, parece que ella no siente que estés confundido.Más bien dice que estás muertito por ella.Muertito vos, que sos incapaz de querer a nadie...
P: No me digas así, si yo a vos te quiero...
B: Para quererme así mejor que no me quieras nada.
P: No sé qué me pasó, te juro.
B (subiéndome al auto): Me voy, ya dije todo lo que quería.
P (subiéndose al auto conmigo): Yo me voy con vos.
B: No , no, vos te quedás en la cena.Imaginate como le explicás a Laurita que jamás volviste.¿Le pensás decir que te agarró diarrea? ¿ O que te secuestraron unos tipos que bajaron de un Ovni?
Andá, que disfrutes tu noche.
No me dejó ir.Estuvimos como dos horas a pleno pedido de disculpas y llanto, hasta que finalmente se subió al auto y fuimos para mi casa. Todavía pienso qué le habrá dicho a la pobre Laurita (mal nacida).
Esa noche no paré de llorar.Después de la victoria del momento me quedaba la tremenda desilusión del hombre que tenía al lado y la parcial consciencia de que la relación se había roto en mil pedazos y que no había pegamento capaz de emparchar semejante rotura.
Me consoló toda la noche. A la mañana le dije que no quería verlo más y se fue.
Ese mismo día, por la tarde, me hizo ruido el Icq.Laurita me hablaba.
L: Tremendo lo tuyo, y yo que pensé que eras mi amiga.
B: Bueno, sos mujer, creo que deberías tratar de ponerte en mi lugar.
L: Pit me contó todo.Lamento que estuviera de novio con vos, pero bueno, son cosas que pasan.
B: ¿Cosas que pasan? ¡Es un tremendo infiel! No entiendo como podés minimizarlo.
L: Que te lo haya hecho a vos no significa que me lo vaya a hacer a mi, y la verdad es que yo estoy enamorada del tipo, así que pienso darle una oportunidad.
B: Está bien, para estar con él o tenés que ser una de su misma calaña o una pelotuda importante, no sé por qué opción inclinarme.
L: Jaja, permitime que antes de borrarte del ICQ te recomiende un libro de Bucay muy bueno que habla de como superar los duelos.Te va a venir bien.
B: Yo no leo esa basura y mucho menos si me lo recomendás vos.Que sean felices.
Nunca más hablamos.
El fin de semana, Peter cayó en mi casa intentando reconstruir lo nuestro.
Probamos una semana, en la que yo dudaba todo el tiempo, y era consciente de que la relación no podía ir a ninguna parte.
Si el hecho de haberme sido infiel me había sorprendido, mucho más lo fue su última confesión, el último domingo en que lo vi en condición de novio:
P: Tenemos que hablar.
B: Decime, sin vueltas, seguís con ella...
P: No, no es eso, a ella no la vi más, salvo en el trabajo.Es otra cosa.
B: Dale, te escucho.
P: No quiero hacerte perder más tiempo.Creo que nueve meses fueron suficientes.Yo no estoy enamorado de vos, y si no lo estoy ahora no creo que eso me pase con el tiempo.
B: Genial, abrí la puerta y no me llames nunca más.
Un año después, yo estaba cenando con un amigo en Perica, y lo vi, sentado en otra mesa, junto a Laurita, igualita a la foto.







