
Es lindo extrañar.
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Oficialmente ya tengo 35 pirulitos.

Como a la noche tenía cena con las amigas del alma en lugar paquetón cerca del zoo, me estrené mi vestido negro que dormía colgado en un percha hace dos meses.
Son esas prendas que compramos pensando estrenarlo en alguna cita especial, o que cumplen la función de aplacar la angustia.La compra compulsiva y la recompensa de la ropa con etiqueta y olor a nuevo a veces nos hacen olvidar de alguna pena.Este es el caso de mi vestido negro, el consuelo de alguna tristeza.
Es sexy, obscenamente escotado, no muy corto, y con las botas altas negras me hizo sentir capaz de conquistar el mundo con un pestañeo.
Cuando subí al 130 para ir al restaurante donde cenaría con mis amigas, descubrí que en uno de los asientos, casi al final del colectivo, estaba sentado Matias (ya conté que me lo crucé varias veces en el centro y que compartí una convención con él a fines de Julio).
Cuando me vio me hizo señas de que ocupara el asiento vacío que estaba a su lado.
Lo primero que me dijo fue que estaba muy linda,y preguntarme si salía con alguien (los hombres piensan que sólo nos arreglamos para ellos, confirmado).Le conté que con mis amigas, cena de mujeres,dije.
Lo segundo que dijo fue : No te llamé porque tuve que viajar por trabajo.
A mi ni se me había ocurrido preguntarle nada, pero me pareció un buen gesto el querer excusarse.
Acto seguido, me preguntó por que no lo había llamado yo.
" No tengo tu teléfono", dije y agregué "tampoco te hubiera llamado".
Podría haberle dicho que si él me había pedido el mio y mi celular no había sonado sería simplemente porque él así lo quiso, pero en lugar de hablar, sonreí.
Yo me bajé a los quince minutos, por lo cual la charla fue bastante breve.
Antes de bajarme me dijo:
-¿No vas a anotar mi celular?
- ¿Para qué, si vos tenés el mío?- respondí
Siento que dije lo que sentía. No lograba nada con anotar su teléfono y tentarme alguna vez de llamarlo. En ese caso, jamás sabría si él realmente tenía ganas de hablarme.En cambio ahora, el día que suene mi celular tendré la certeza de que él quiso llamarme.
Quien sabe por qué en estos días estoy siendo particularmente sincera.Descubrí que eso logra incomodar al otro,como si viviéramos ensayando una conducta, repetida, que al verse alterada por una palabra fuera de lugar nos deja en pausa, sin saber que decir.
Si no soy sincera, si genero una parodia sobre mi persona, si me pinto como la mina perfecta, seguramente consiga más de lo que tengo hoy, pero la pregunta es: ¿Qué gano con vender algo que no soy?



Hoy fui a la oficina tarde.
Fue extraña la sensación de ver su escritorio vacío.
Me quedé dos horas y me fui.Estuve más con Sami comprando ropa para su cumple, que lo que estuve trabajando.
De ahí corrí a terapia.
No se si la sesión fue tan jugosa como otras veces, lo que si se es que hizo hincapié en que estos dos días sin verlo me habían calmado,por así decirlo. Digamos que a la distancia pude ubicarme en otro lado para mirar la situación, y darme cuenta de que no está tan mal, y que hay mucho por delante, de mi parte, de la de él, de la de ambos.No está dicha la última palabra.Todo lo contrario, lo último dicho fue maravilloso, y ahora resta saber si se transforma en actos.
En esto último me incluyo.
Yo tampoco se qué voy a hacer.No tengo plan trazado, ni pienso dibujarlo.
Hoy, al chatear con Gretel, o en este instante en el que escribo, me sorprendo a mi misma desbordada de amor.No me importa si podemos vivirlo o no, me alcanza con sentirlo, y redescubrir esta sensación que hace mucho no tenía.Por eso elijo no llorar.Si se dio en el lugar y el tiempo equivocado Dios lo habrá querido así,pero no por eso voy a dejarlo pasar por el costado.
Me gusta quererlo y que me quiera.
Me hace sentir completamente viva.
Llena de ganas, de energía, de una locura divertida que me llena de sonrisas.
Así que la pausa fue sumamente positiva.
No veo la hora de verlo, y mirarlo a los ojos a las diez de la mañana y que pueda leer en esa mirada que lo quiero y que no me importa nada más que eso.

Viernes 20 de junio de 2008
Ramiro me cuenta que le toca trabajar el domingo.
Como una tonta, me da pena.
Terminamos la semana en paz, y armonía, y nada distinto a lo cotidiano sucede.
Todo es "gor","reina","mamu",etc, etc.
Y sigue siendo todo de a dos.
Termina el día, volvemos juntos , y yo ya me siento triste sabiendo que no lo voy a ver en todo el fin de semana.Son las reglas del juego,pienso.
El sábado, debería ir a taller literario.Es mi tercera clase, y se supone que debería escribir un cuento.No tengo ganas de escribir sobre algo impuesto, así que no voy.Me quedo en casa, debatiéndome entre si ir o no a un recital donde va a estar Charlie, y donde se supone que voy a poder intercambiar con él al menos más de veinte palabras.
Renata está enferma, pero finalmente viene con su marido.Por supuesto que va Gretel, y se suma mi amiga Fernanda.
Por suerte, la banda suena bien.
Desde la mesa en la que estoy puedo distinguirlo a Charlie.
No se si me gusta, o no, o no tanto como quisiera al menos.
La banda deja de tocar, y vamos con Renata a saludarlo.
Para mi sorpresa, la única palabra que me dice es "hola".
Y ahí termina nuestro diálogo.
En toda la noche no hablamos nada más, y eso que me quedo hasta las dos de la mañana con la intención de darme la oportunidad de conocer a alguien soltero y de mi edad, y por que no, para darle la oportunidad a él de que venza la supuesta timidez y se acerque.
Pero eso no pasa.
Harta de la situación, le digo a Gretel:
- Me cansé, es un tarado.Me voy con Fernanda por ahí.
Y así hago.
Terminamos en Belgrano, en una confitería cualquiera, matándonos con una porción de torta de chocolate y dulce de leche.
A las seis de la mañana, congelada, y con un dejo de melancolía, llego a casa.
Pienso que el domingo no me van a sacar de mi departamento ni con una grúa.
Antes de dormirme,inevitablemente, pienso en Ramiro.

La charla que tengo por teléfono con Sami me deja pensando,mucho.
Sami dice que no puedo correr el riesgo de estar embarazada, que todo bien si yo a Ramiro lo conociera hace más tiempo, o si estuviéramos juntos hace unos meses, pero que por una noche cargar con un hijo toda la vida es una locura.
Parece que existe una pastilla para tomar en esos casos.Yo la desconozco, porque nunca corrí este tipo de riesgos.
Sami dice que vaya a la farmacia y me deje de joder.
Corto con ella.
Sigo sin moverme de la cama.
Mi mente es un torbellino.No, es un Tsunami .
No entiendo donde estoy parada.
No me reconozco en esa falta de acción , salvo para pensar.
Pienso, pienso y pienso, y van pasando las horas.
A las seis de la tarde, mensaje de Sami:
- ¿¿Ya la tomaste???
- No, ahora llamo a la Farmacia - contesto
- ¡YA! -escribe ella
Busco en la guía barrial alguna farmacia con entrega a domicilio.
No estoy dispuesta a cambiarme, ni a salir de casa.
Pienso que si no me la traen, no la tomo.Hasta ese punto llega mi inercia.
Dos horas después,tengo la pastilla en mi mano.
Dudo varias veces antes de tomarla.
Tomarla es mucho más que ingerir un comprimido.
Es tomar conciencia, de mis actos y de lo que quiero.
Y para procesar eso,necesito mucho más que un vaso de agua.


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