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jueves, 12 de agosto de 2010

Hoy puede ser



Hay un día en que todo parece encaminarse.
Lentamente, las imágenes de un pasado de frustraciones y angustias, parecen dar paso a un paisaje alentador.
No es una cuestión azarosa. Requiere de un cambio de mentalidad y de un accionar que transforme la mala experiencia en un aprendizaje. Que ya no se trate de solucionar sino de prever, con hechos en lugar de lamentos.

Así fue que consideré que ser independiente era optar nuevamente por volver a estar en la cuerda floja sin ser la atracción principal del circo. Me detuve unos días, y otras tantas noches, a pensar que el camino que había elegido, perdía poco a poco el encanto tras la inseguridad de la incertidumbre.
Busqué un atajo para no hundirme en los padeceres conocidos. Me pregunté qué era lo que quería para el futuro, el inminente y el lejano. Tracé prioridades. Separé lo imposible de lo probable y tiré la caña al mar de las oportunidades.
Y varios peces mordieron el anzuelo.

Entonces opté. Elegí sobreemplearme. Decidí conservar la independencia en los ratos que me deje libre el nuevo trabajo, con la intención de que evolucione a su tiempo pero sin arrastrarme en ese crecimiento.

Y hoy empiezo esta nueva vida de seis días sin descanso en un lugar increíblemente lindo y con la responsabilidad de tener la parte comercial de una empresa absolutamente a mi cargo.
Detrás de esa puerta que hoy se abre, hay un montón de pequeños proyectos dorándose en el horno de mi cocina. Todos tienen que ver con lo que más amo en este mundo. Muchos, en unos meses estarán listos para servir a la mesa de quien supo esperar.

Hoy puede ser ese día que anduve esperando.
¿Por qué no?

domingo, 8 de agosto de 2010

Hoy como ayer



Hoy volví al barrio que me vio nacer, y fue después de unos quince años.

Tomé el mismo colectivo que me llevaba a la casa de mi abuela, después de caminar hacia la misma parada como un sostenido ritual.
Apenas me senté y tomó por la avenida, sentí que se dirigía directamente hacia mi niñez, atravesando la barrera del paso del tiempo sin importarle mis nuevas arrugas.
Fueron cuarenta minutos saboreando la misma ansiedad que se genera en la previa de un encuentro esperado, con la mirada clavada en el paisaje conocido y jamás olvidado.
Hasta que distinguí la calle que me vio correr hasta lo de Don Domingo, el almacenero que te vendía de fiado un sábado al mediodía, antes de que bajara la persiana. Reconocí las veredas anchas que habían inaugurado los moretones de mis rodillas. La estación del tren, fondo de tantas fotografías. La esquina donde vivía ese chico de remera roja que salía armado con bombitas de agua en pleno carnaval.
Y la casa de mi amiga, que hoy me esperaba con sus dos hijos y la misma alegría de verme llegar que entonces.
Su hermano, ya no era ese Juampi al que hacíamos llorar cuando le negábamos un lugar en nuestro juego. Era Juan Pablo, contando los planes de su casamiento.
Su mamá no era la que nos preparaba el Nesquik con vainillas, sino la abuela que ahora calentaba la leche para sus nietos.
La perra ya no era la misma que me lamía las mejillas, pero jugaba junto a la pileta en la que chapoteábamos en los veranos de la infancia.

Ahí parada, mirando a mi alrededor, se me nublaron los ojos y se me anudó el pasado en la garganta. Me impedí llorar aunque me sobraron las ganas.
Y por un momento no quise saber nada del mañana...si con el pasado me alcanzaba.

Los años habían pasado demasiado rápido, sin darme la posibilidad de atrapar el ayer que se empeñaba en alejarse cada vez más.
Pero hoy estaba ahí, con los mismos protagonistas que a mis diez. Con más achaques ellos, con más desilusiones yo, pero con la certeza de que mi niña interior aún se conmueve con lo mejor que nos regala la vida.


Feliz día del niño para esa parte de nosotros que siempre andará de pantaloncito corto sentado en la vereda de la infancia.

jueves, 5 de agosto de 2010

La Antinovia


Si hoy me dan a elegir entre una cena con amigas y una mega fiesta llena de solteros, elijo (y sin dudar) la primera opción. Reemplacé las lacrimógenas comedias de amor por las de acción y suspenso, y ya no me babeo ante una escena callejera de dos amantes robándose besos.
Disfruto (¡y no se imaginan cuánto!) de no estar pendiente de un mensaje de texto, de no tener que conjeturar sobre los silencios, hipotetizando causas que impidieron que un fulano me llame.
Ya no imagino excusas que no voy a tener que oír, ni planeo estrategias para anclar a un candidato a mis tobillos. No necesito anticipar como será la despedida porque no habrá encuentro, y no busco nuevas herramientas para ensamblar las piezas rotas que deje la ruptura, porque planeo preservarme de los letales daños de un nuevo amor.

Y me siento libre.

Libre de mí misma y de los fantasmas que rodean los inicios de cualquier relación. Porque seamos honestos: ¿Quién recuerda los noviazgos perfectos? Nadie, o casi.
Uno suele abrazarse al recuerdo de los amores equívocos o no correspondidos. Los que nos dejaron el corazón desaliñado y torpe vagabundeando por las esquinas del fracaso. Los que nos hicieron desayunar lágrimas hasta oxidarnos por dentro.

Y es ahí, cuando tomo distancia del pasado no tan lejano, que me permito mirarme desde la platea, como un mero espectador y exigir que me devuelvan el importe de la entrada que pagué por hacer ese triste papel.

A contraluz me redescubro y veo esta nueva versión de mí: La antinovia.
Capaz de venerar la estampita de Santa Soltería y hasta dedicarle unas cuantas novenas. Dispuesta a esquivar la mirada de cualquier potencial aniquilador de lacalmaquetantomecostóconseguir. Convencida de que un baño de espuma es mejor plan que una mala cita. Fascinada con la idea de que estoy a salvo de aprendices de enamorados y de galanes de telenovela sin raiting.

Hoy prefiero ser un monstruo escéptico que una mujer vulnerable y crédula.

Una blonda rebelde que una dócil Susanita.

Una antinovia... mucho antes que una novia con el rimmel corrido.

domingo, 25 de julio de 2010

Mientras tanto



Las cosas pasan sin aviso. Todas las cosas.
La muerte, el amor, un encuentro, la lluvia.
No anticipan la llegada, sólo suceden y nos enfrentan a una nueva versión de nosotros mismos. Nos modifican, nos redibujan el presente y cuelgan entre pinzas el futuro.

Y es así como a veces creemos que tenemos nuestra vida medianamente acomodada: un trabajo normalito, los amigos de siempre y los que se sumaron, la casa ordenada y las plantas recién regadas. Pero algo empieza a gestarse en un rincón alejado de nuestra vista. Un cambio espiralado que junta fuerzas como un tornado y que, cuando emerge, lo hace dispuesto a arrasar con todo.

La vida medianamente acomodada se convierte entonces en un completo desorden en el que nos es difícil distinguir la salida. Nos cuesta pensar, y mucho más entender, cómo fue que llegamos hasta ahí, hasta las ruinas mismas de nuestro existir.
Todo lo que teníamos aferrado a nuestro puño se evapora con la misma rapidez que se consume un cigarrillo encendido.

Y desde el punto cero, desde el meridiano de nuestro desconcierto, tenemos que volver a empezar.
Desparramar la esperanza sobre el tablero y agudizar el ingenio. Vaciar los bolsillos hasta que salgan pelusas. Atrapar el grito donde dobla la garganta y sostener el llanto con una cuchara.
Darnos de baja del mundo por un tiempo. Escondernos del sol y de la fiesta que hay afuera. Embalar lo que nos queda y rematarlo al mejor postor.
Y así, con lo puesto, empezar a andar por el camino del mientras tanto.

Esa es la calle que hoy recorro. La del paisaje incierto pero colorido. La que en cualquier esquina puede regalarme un pasaporte a una emoción nueva que le cambie el nombre a la rutina.

El mientras tanto es una escalera desde el desván a la terraza. Un intervalo en medio de la función. Un impás.Una tregua entre la incertidumbre y la convicción.

En mi propio mientras tanto, me acostumbro al monoambiente y a la adrenalina de ser independiente. A no saber qué pasará mañana, ni en media hora. Disfruto de la espera de un amor, sin desesperar y pongo mi corazón en conserva para ser consumido en un romántico banquete.
Y me alegro de sólo pensar que el mientras tanto es un tiempo de preparación para recibir lo mejor. Es sólo eso: un mientras tanto.

martes, 20 de julio de 2010

Mucha risa y pocas nueces


A ver...¿cómo puedo resumir el té del domingo en una frase? Digamos que fue un grato momento sin sobresaltos. No hubo choque de planetas, ni llovieron corazones, ni mucho menos.
Cuando Gustavo abrió la puerta y se acercó a saludarme, comprobé que eso del amor a primera vista es algo que ocurre muy de vez en cuando.
Las probabilidades de que fuera a conocer al amor de mi vida en un té de domingo, seamos sinceros, eran mínimas. Sobre todo, si a eso le sumamos mi poca predisposición mental a que eso suceda.
Para que se ubiquen en el momento ( y no me reprochen que escatimo detalles), cuando Gustavo llegó, el cuadro de situación vigente era el siguiente:
mi amiga sentada junto a su pareja, una mesa llena de cupcakes que felizmente reemplazaban a la pastafrola, mate, café con leche, jugo de naranja y yo, hamacando de manera ensimismada ( o idiotizada) al bebé de mi amiga de apenas un mes y medio y haciendo sonidos del estilo "bu bu bú...ajó, ajó" con la esperanza de que se durmiera". ¿Sexy, no?

Como se imaginarán los que hace tiempo me conocen, poco me importaba asumir el rol de "Mata Hari" frente a un individuo desconocido del que sólo sabía que a los 37 años vivía con su mamá. Mucho menos me importó cuando confirmé que los rubios no me generan la más mínima emoción, sobre todo, si se asemejan al "Teto Medina".
Pero algo bueno tenía el pobre Gustavo: su sentido del humor. Debo reconocer que en lo que va del año no me había reído con tantas ganas hasta el domingo. Y no porque hiciera chistes, no. Sino porque se ocupaba de hacer los comentarios más bizarros, inteligentes y originales, como si fuera el animador de una fiesta de PAMI.

No hubo mucho más que alguna salida de los dos a fumar en el balcón...en un quinto piso, con tormenta y un viento huracanado haciéndonos flamear desde la parrilla hasta el ventanal sin piedad, que lejos de propiciar el diálogo favorecía el contagio de una pulmonía; y algún que otro gesto gentil de índole: ¿te sirvo otro café? ¿querés otro poquito de jugo?

Finalizada la ingesta de cupcakes, y después de haber hecho un rápido repaso por todos los temas de actualidad posibles, mientras yo seguía en mi rol de nodriza con el bebé, Gustavo se despidió con un: "me encantó conocerte, ojalá nos veamos otra vez."

Y yo pensé que en cierta forma era cierto, no era mala idea volverlo a ver, pero sólo para compartir una tarde con amigos y reírnos hasta desencajar la mandíbula. Pero nada más.

Ahora vuelvo al frasco, hasta que acepte la próxima invitación de mis amigas celestinas...y cada vez más convencida de que esto de "en- parejarse" es una tarea altamente difícil.



Y como no podía ser de otra manera en un 20 de julio, aprovecho la ocasión para dedicar este post a esos amigos del cibermundo , de quienes conozco sus vidas a través de un monitor pero que aprendí a querer con un afecto bien real.

También sumo al saludo a mis amigos y amigas de la vida, de la infancia, la adolescencia y de las esquinas del tiempo.

Y por qué no a aquellos y aquellas que me hicieron el favor de borrarse de la lista y dejar un espacio libre para los nuevos amigos que vendrán.

A todos, ¡FELIZ DIA DEL AMIGO!



viernes, 16 de julio de 2010

Cita a ciegas



Bastó que hiciera públicas mis ganas de mantenerme soltera, para que mis amigas del alma se pusieran en campaña...¿Campaña para qué? Para conseguirme un novio, o algo así.

Supongo que como ellas ya se casaron, se descasaron y se volvieron a casar (algunas), creen que esto de encajar con alguien a los treinta y pico es tarea fácil.Se niegan a imaginarme como la tía solterona del grupo, haciendo trámites de adopción pasados los 50 o en la fila de un banco de semen antes de que el reloj biológico se detenga.
Así fue que empezaron a caer mails a mi casilla bajo el asunto: "Candidato", o bien, mensajes en mi contestador del estilo: - Llamame, es urgente, Juan tiene un amigo para presentarte que no se te puede escapar.


Al principio lo dudé. ¿Por qué costaba entender que estuviera bien así, "solterita y sin apuro"?
¿Qué las hacía pensar que el tipo perfecto que yo no había sido capaz de encontrar en 36 años de vida podían encontrarlo ellas con sólo revolver la agenda de sus maridos?
Estuve a punto de decir no y pensar un plan para solteras para el fin de semana, pero al final dije que sí, sólo a una.

- Está bien, salgamos.

- Ay, ¡genial! Gustavo te va a encantar.

- No creo, pero bueno...

- Si, es muy lindo...rubio...

- No me gustan los rubios, nunca me gustaron.

- Dale, che, que te conocí uno rubión rubión.

- Uno solo, y yo tenía 16 años.

- Vas a ver que te va a gustar. Es bohemio.

- ¿Dejado, querés decir?

- No, bohemio....hmm....artista.

- Ah, artista es otra cosa. ¿Es actor? ¿Pintor?

- Escribe, me pareció que te iba a gustar ese dato.

- Si, hasta ahora es lo más interesante que tiene. ¿Es divertido?

- No sé...

- ...

- Pero hay algo que te va a atraer...


Acá vino la parte más jugosa de la descripción del pobre Gustavo. Me imaginé que iba a decir que era un tipo inteligente, dueño de una personalidad avasallante, atractivo, ultra simpático...pero no, parece que Gustavo tenía una cualidad mucho mejor.


- Es enamoradizo- dijo

- ¿Patológico?

- ¡No!...(pausa)...bah, no sé, dice que siempre se enamora y que lo terminan haciendo pelota.

- Primera coincidencia.

- Claro, por eso.

- ¿Claro?

- Bueno, es una forma de decir. Gustavo dice que está cansado de estar a la espera de un mensajito, de que las minas den vuelta, que está harto del "ni".

- ¿Qué edad tiene?

- Treinta y siete. Vive con los padres...

- ¿Qué? ¿Todavía?

- No, hace poco. Después de que dejara de convivir con una se volvió a la casa de los viejos porque se sentía menos solo.

- Ay, Dios...

- Mirá que ya arreglé para el domingo, eh.

- Y bueh, andá avisándole que yo no busco nada, pero nada de nada. Decile que ronco de noche, que tengo los pies fríos en invierno y transpirados en verano. Inventale que además soy sonámbula, que tengo un tic en un ojo y que si me río mucho me hago pis encima, sin importar en qué lugar esté...

- No seas tarada, ya le dije que sos divina y que no entiendo como todavía estás sola.

- Se nota que sos mi amiga, tonta.

- Claro, tonta.


El domingo vamos los cuatro a tomar el té (?) a la casa de mi amiga.
El pronóstico anuncia lluvias y un frío espantoso que me darán más ganas de quedarme en casa viendo una película que de compartir una pastafrola con Gustavo.
Pero dije que sí, que iba.
El lunes les cuento como me fue.




lunes, 12 de julio de 2010

Hablemos de amor



Hablemos de amor. De lo inexplicablemente difícil que es el amor.

Parece lejano el tiempo en que creía que encontrar a alguien compatible era tarea fácil. Ese lapso de la adolescencia en que podía salir de un noviazgo y meterme en otro con total comodidad.
Hoy ya hace seis años que no pronuncio la palabra novio, ni pareja, ni cualquier sinónimo de relación estable. Parece demasiado... y tal vez lo sea, aunque setenta y dos meses de ausencia de un cómplice para la vida cotidiana dejaron su enseñanza.

Hoy creo que la soledad está subestimada. Cuando visualizo las miles de veces en que me sentí al borde de perder la cordura ante la mínima sospecha de que una relación iba camino a oxidarse, o esos cientos de momentos en que malgasté energías frente a un teléfono que no sonaba, o esos instantes en que puse pausa a mi vida para colocarme en el umbral de la espera de una señal de un otro que no quería dármela ( o no podía, o no debía, o...), ahí me dejo caer plácidamente en el bienestar que me provoca estar sola.

Sola, me adueño de mis horas y las reparto entre las cosas que me hacen feliz sin rendir cuentas a nadie.
Sola, voy y vengo sin llevar activo un GPS para que puedan localizarme y reclamarme que regrese.
Sola, atiendo el teléfono cuando quiero. Me visto como quiero, como si tengo hambre, duermo si tengo sueño.

Claro que tampoco me engaño... De vez en cuando me gustaría que él se recostara sobre mis rodillas a mirar televisión, que me regalara un poema arrancado de un libro de Girondo o un paseo por una calle desierta donde nada pudiera distraernos.
Pero esos "de vez en cuando" son pocos. Supongo que se volvieron más aislados desde la última vez que pensé que era capaz de enamorarme otra vez... Sospecho, entonces, que esta serenidad de hoy te la debo a vos, aunque aún no sea capaz de agradecerte tus silencios. Confirmo, entonces, que esta soledad de uno es mucho mejor que esa soledad de a dos a la que me hubiera sometido involuntariamente si me hubieras llamado, si te hubiera visto, si nos hubiéramos mirado a los ojos, si ...


Hablemos de amor, de ese amor que nos cuesta tanto. De ese amor que estamos cansados de mendigar y que hoy queremos merecer.
Hablemos de los miedos que nos paralizan frente a la posibilidad de que algo bueno nos suceda, de que la felicidad nos explote en las manos como una granada, de que un otro quiera pensarnos bien, querernos bien, cuidarnos bien.

Mientras eso no llega, y las caricias me esquivan, y las noches de a dos las postergo para algún verano, digo a viva voz, entusiasmada, que esto de estar conmigo y a salvo de tus promesas incumplidas...es una bendición divina.

viernes, 25 de junio de 2010

Monoambiente





Tengo una mini casita de 36 metros cuadrados.

Cualquiera lo llamaría monoambiente, menos yo.
Para mí, esos pocos metros y ese balcón angosto, simbolizan mucho más de lo que el espacio aparenta. Representan mi lugar. Un envase para la soledad y los ratos de nostalgia. Un taller donde desparramar pinturas de colores y enchastrar lienzos con más voluntad que talento. Un rincón donde ser y sentir.


Es díficil aceptar la grandeza de lo simple. ¿Quién podría haber pronosticado que en una baldosa uno puede ser feliz, o al menos intentarlo?
Hoy mi alegría cabe en el puño de una mano, en los cuatro cajones de mi cómoda recién restaurada, en la alacena improvisada con listones y esmaltes.
Diseñé un collage sobre mi viejo ánimo deteriorado. Bordé canutillos y lentejuelas sobre el ruedo de mis talones cansados. Recorté las partes deshilachadas de mis ilusiones y planté las semillas de un nuevo rumbo en canteros de terracota.

Todo parece nuevo, igual que el amanecer.
Todo tiene olor a estreno, igual que mi optimismo.
Lo único rancio del ambiente es tu recuerdo, y esas pocas ganas que tengo de agradecerte el silencio y el olvido.


Logré adaptarme a mi nueva casa y a los sonidos que trae la noche.
Me habitué al barrio y al contrafrente de sus terrazas.
Me hice inmune a los gritos de la vecina del sexto y al ladrido del perro que pasea por el baldío.
Acepté el riesgo de empezar de nuevo sin ser primero de enero.

Así ando... monoambientándome a mi nueva vida.




Perdón por la ausencia y ¡gracias por todos los mails!

lunes, 31 de mayo de 2010

Cambio de rumbo



Parece una eternidad y sólo fueron un par de semanas alejadas del mundo. Tiempo suficiente para que mi vida haya hecho un giro de 360 grados...

El mes de abril fue clave. El banco que había hipotecado mi casa comenzó a ajustarme la soga al cuello hasta dejarme violeta. La imagen del martillo bajando sobre mi sueño de la casa propia dejó de ser una pesadilla lejana y se convirtió en una amenaza concreta. Así que no me quedó otra que levantarme de la queja en la que me había sentado el último tiempo y salir en la búsqueda de soluciones concretas que evitaran el caos.

Por supuesto que no fue fácil y que mi cuerpo me pasó la factura con veinte días en cama en el mismo mes. Una nueva señal que me indicaba que si no terminaba con el problema, el problema iba a terminar conmigo. Así que decidí poner mi departamento en venta. Sola, sin intermediarios que quisieran llevarse una parte de lo único que tenía.
Mágica y milagrosamente, logré venderlo en dieciocho días.

El después lo imaginarán. Buscar un lugar donde vivir mientras desarmaba mi vida y la embalaba en cajas de cartón. Despedirme de los recuerdos de ese barrio y de esas cuatro paredes, y entregarme a los rituales del duelo.

El cambio había golpeado a mi puerta y ya no me quedaba otra alternativa que abrirle.
Pero soy una convencida de que los cambios nunca vienen solos, que se desplazan en manadas igual que los animales en la selva. Inconsciente o conscientemente, me preparé para recibir un nuevo rasguño que no tardó en llegar.

Al día siguiente de mudarme volví a la oficina. Un aire extraño, silencioso e incómodo, flotaba entre los escritorios. Fueron las ocho horas más largas de mi existencia, como si conviviera con un dolor de muela inmune a los analgésicos.
Hasta que a las siete de la tarde mi jefe se encargó de comenzar la cirugía y extirparme la muela y mi puesto de trabajo.

- Reducción de personal - dijo - Se cayeron tres clientes, no dan los números.

Esa fue la explicación. La misma frase armada que dicen todos y que simboliza el fin de un vínculo. No importan las horas extras hasta la madrugada, ni mucho menos reflejan el "sos imprescindible en esta oficina." Nadie lo es cuando una silla vacía les representa una posibilidad de desahogo financiero. Sobre todo cuando esa misma silla, ocupada, les representa un persistente reclamo sobre los derechos laborales de los que carece...

La mayor sorpresa del día fue mi propia reacción. Un entendimiento inusual para esas situaciones. Un alivio interno, un click sonando en mi libertad.

Me fui silbando, pero no bajito.
Me fui desorientada, pero no perdida.

Al día siguiente (no el otro, ni el de después), sonó mi teléfono. Una pareja de amigos, que hace mucho tiempo se dedica al catering y la organización de eventos, necesitaba verme para una propuesta laboral.


Tuve la reunión y ese es mi presente.
Nueva casa, nuevo trabajo.
Como si nada de lo que hubiera tenido hasta entonces hubiera sido lo correcto para mí.
Como si ante la pereza de generar los cambios que yo sabía que necesitaba hacer, la vida, Dios o el destino, se hubieran ocupado de pegar el volantazo por mí.

Pasé otro examen, de esos miles que condimentan y dan sentido a nuestros días. Pude sacar la cabeza de la guillotina cuando el banco estuvo a punto de ejecutarme. Pude cortar los barrotes de la prisión con vista a Barrio Norte en la que se consumía parte de mi vida sin placer alguno.

Con esta experiencia vuelvo a confirmar que el camino está lleno de bifurcaciones que no son más que puentes hacia otro lugar. Sin duda, el miedo a lo desconocido viaja siempre en nuestra mochila, pero basta con mantener la vista fija en el horizonte para mantener el equilibrio y orientar los pasos hacia nuestro destino.

Yo ya lustré mis zapatos y llené de agua mi cantimplora, dispuesta a recorrer este nuevo paisaje.





Gracias a todos los amigos que me bancaron en este largo proceso de cambio.
Gracias a todos los que me dejaron un hermoso saludo de cumpleblog.
Gracias a Vero, Robbie y Salvador que alegraron esa hora de mi vida.
Gracias a todos ustedes, que de alguna manera, hacen que me sienta acompañada en mis decisiones.



domingo, 9 de mayo de 2010

Te invito a mi fiestita

Dos años atrás me senté frente a esta misma computadora intentando encontrar un nombre para el blog. No fue difícil, sólo sumar algo que resumiera mis andanzas del momento y una dosis cuasi profética de lo que sería mi estado civil presente y, probablemente, futuro.
Ahí empezaron estas crónicas que hoy cumplen 24 meses de vida y que fueron mutando a la par mía.
Me cuesta reconocerme en esas primeras entradas y hasta tengo que esforzar la memoria para recordar a algunos de los protagonistas que en ese entonces fueron capaces de exprimirme tantas lágrimas.
A dos años de aquél día el balance me resulta positivo.
Cambié.
Crecí, en canas y experiencia.
Me dejé doler por algunos.
Me rearmé.
Me volví a desarmar.
Me encolé y me remendé con hilos invisibles.
Enterré afectos. También fantasmas.
Amé y me amaron.
Dejé.
Me dejaron.
Pasé desapercibida en algunos.
En otro dejé huellas.
Me enojé para toda la vida y se me pasó a los cinco minutos.
Creí morirme de pena y me morí de amor.
Resucité.
Aprendí a extrañar y a dar todo por un abrazo.
Me desilusioné mucho.
Me ilusioné más.
Nos encontramos.
Nos desencontramos.
Pasé noches en blanco y negro y otras a color.
Bailé, reí.
Conocí muchos amigos nuevos y perdí pocos amigos viejos que no eran tan amigos.
Me protegí.
Me golpeé fuerte.
Subí, bajé, fui y vine.
Estuve ocupada y desocupada.
Enamorada y desencantada.
Con fe y sin ella.
Cambié lo que debía cambiar.
Conservo intacto lo que no quiero que se altere.

Fui espejo de gente sin nombre ni rostro.
Fui oreja para voces que desconozco.
Dije en letras lo mismo que pensaba.
Y me encariñé con cada uno de los que por acá pasaron para alentarme, para darme su opinión o para contarme una pena.

Gracias a ustedes hoy hay fiesta de cumpleaños en este blog. Y hay fiesta también porque aún en la distancia estamos cerca.
Va mi humilde y sincero homenaje a todos los que pasaron por esta casa, resumido en algunos cuantos nombres...

Por mucho tiempo viví a la que te criaste, yendo de un lado a otro como huevo de rengo. Saltando del bunker de Juano a la hosteria de sueños y repitiendo hasta el cansancio “lo hice otra vez”.

Una eterna aprendiz deambulando en mi almacén de secretos. Una kioskera en el oficio de la vida dando vueltas entre dos mares, remando en San Ignacio y en charcos paralelos para poder salir a flote.

Fui la negadora, y una noctámbula sin noche, asidua miralunas, como podían ser las otras marías y la diva de Banfield.

Me creí una mujer moderna con mis propios mandamientos de mentira mientras se sucedían mis desayunos en pantuflas en el reino del sapo, a la espera de que el príncipe azul llegara ensucorcel.

Pero como no siempre es lo que parece, pronto me di cuenta que los reyes magos no existen y muté de princesa a calabaza.

Estaba cansada de ser buenita y tampoco me convencía ser la solitaria o la histérica asumida.Necesitaba hacer catarsis existencial y dejar de preguntarme cómo se vive la vida? Mis dolores en la ciudad me impulsaron a hacer terapia de grupo y descubrí que sólo tenía mis palabras descalzas, tres corcheas y unas letras, para que fueran mi guarida.

Tenía un asunto pendiente, hacer algo que me alejara del rótulo de las mujeres que aman demasiado.Algo instantáneo, que me mostrara íntima a diario y que fuera un zapping mental y una cronica diaria de un descenso no tan rapido. Con dosis de verdad y locura, que pudieran sanar el monstruo interior y alejarme de The wrong people.

Pensé : - si nada se pierde al contar los avatares de mi vida y la otra parte de mi...

Fue ahí cuando puse mis cosas en letras y empecé este blog sin rumbo ni orden, buscando una salida. Conté la novela de mi vida sin medir mi incontinencia verbal y temiendo que fuera el blog que nadie lee.

Empecé a dar mi visión femenina de las cosas, que de paso me ayudaba a aprender como estar sola sin morir en el intento.

Volqué mis reflexiones de lata y mis sueños de papel escritos desde mi alma de budin. Los escribí primero en el cuaderno de Cari y en el cuaderno de tapas azules, hasta que recurrí a mi botiquín de artes y utopías tratando de encontrar algo interesante para decir que no fueran puras barbaridades.

En mi pequeña ciudad visible, sus comentarios sonaron como las voces de la aldea. Creo que hasta vos me avisaste que tuviera cuidado al cruzar cuando estaba andando entre Oz y la tierra del sombrerero. Y tu mamá también me advirtió cuando me descubrió soñando en vertical y viviendo la vida en rojo. Supieron leer entrelíneas entre las flores de mis rarezas mientras yo tomaba cianuro on the rocks. Aceptaron mi pedido de que juguemos en el bosque y se bancaron la baba de diablo goteando sobre el diario de hormiga (?)

La realidad es que no nunca quise estar vestida de olvido ni ser un punto perdido.

Yo lo que quiero que me salga bien es la vida... si lo único que tenemos es un poco de tiempo.

Mientras nos crezcan alas de tul de sueños, siempre podrá ser el tiempo de las cerezas.

Brindemos, que nos sobran los motivos para vivir, no sobrevivir.

PD1:No quedó Superchic?

PD2: Esto fue escrito mientras Ana no duerme,la tucumala se vuelve buena y la capitana anda por el espacio.

PD: Al final de cuentas lo importante se quedó afuera

Gracias también a: El blog de jennisima, decoractual,Oh my god that Tammy shameless, siempre quise un cinexin,el blog de jorge Guillermo palomera, martin mettica joyas,midnight´s confessions,Alfa,Luna, Virgi, sa me va experiencia,mi vida en los tiempos del colera,enloquecer no duele,la srta OU,me vendo caro porque no me alquilo, traumas de un modelo 80 y pico,se arrienda este espacio,eternamente confundido,solo relatos,sera que no lo he comprendido aun?,ineditables,traumas de un modelo 80 y pico, Santa toronja, largo camino del olvido,me case con la luvia,nada me detiene,ni la menor idea,una loca no tan mala,wheelchair rules,que quieres que te cuente?,Srta sweetblood, porque tuve ganas de escribir,Shaking in your boots, te estoy esperando ansiosamente,
como comerse al lobo,Alfonsina se ahogó en el mar,Shatzy,mi koan interior, sub especie aeternitatis, las cronicas de Menage,Nemesis Adrastea, Chemical imbalance, unwritten, Mónica de los 7 infiernos, diario de una miope,basta para jote basta para todos,liberian girl,bloh!g, untouched,soul´s pleasures, Carlos, out of nowhere, maitelandia,ceteris paribus, luz aeterna, el blog de Randy,gracias a Dios soy hermano menor,dreamerchinn, que parezca un accidente, simplemente Sol, el mundo de Mery Swanson, look befote you leap, pues mira, no!, perfect present, el mundo a ojos de Tuki,movimientos breves rosarinos, a todos los que me olvido y a los anónimos

¡Felices dos años de mutua compañía! ¡Salú!