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sábado, 16 de abril de 2011

El beneficio de la duda


El beneficio de la duda suena a privilegio.
Supone una puerta entreabierta por donde uno se asoma sin atravesarla. Un espiral. Una calle sin dirección.
El privilegio, quizás radique en la calma que provoca ignorar una verdad, hasta que los signos de pregunta que nos sirvieron de guía se conviertan en despiadados verdugos que dictaminen una sentencia. El veredicto de la eterna espera, de la inacción.

Es que llega un momento en que la duda nos seduce con la propuesta de flotar eternamente en la orilla, donde el mar no rompe y sólo hace cosquillas. Sin sumergirnos. Sin llegar al fondo,ni del mar, ni de nada.
Y es ahí donde el camino empieza a angostarse y el nudo comienza a apretar en la garganta.
El temor, detrás de la duda.

Miedo a caminar con los ojos vendados hacia el punto en que radican las respuestas. Destaparlas, asimilarlas, incorporarlas.
Revolver nuestro mundo interior con una cuchara de madera hasta que podamos colar una idea nueva.

La remota posibilidad de que la incertidumbre se convierta en una micropartícula de goce, a veces aterra.
Pero hay recursos, pocos pero suficientes, para sacudir el pánico y animarse a descubrirle las mejillas a la felicidad: andar.

Y no andar en círculos sino en línea recta, con los ojos clavados en la meta.
Dejar de posponer, y proponer.
Dejar de pensar, y hacer.
Quiero un perchero en el paraíso para colgar mis alas y un pasaje en el bolsillo para disfrutar de un encuentro terrenal... porque el tiempo, que una vez me pareció una canilla inagotable de la que siempre goteaba un rato más, se convirtió en un chispero quemándome la planta de los pies.

Es hora de no postergar (te).
De explorar (te).
De decirte, que te cambio el silencio por un paquete de besos y la promesa de una única certeza: " que pase lo que pase, siempre será mejor que haya sucedido".



Cuando uno se enfrenta al camino con certezas, es probable que termine con dudas. Pero si lo empieza con dudas, es factible que se encuentre frente a frente con alguna certeza en alguna parte del recorrido.

Y en eso estoy.
Enviar frase

sábado, 9 de abril de 2011

Esa clase de mujer


Soy esa clase de mujer que no es suficiente.
De esas que siempre son buenas amigas, grandes confidentes, dispuestas amantes, pero que no alcanzan la categoría de indispensables. Con el brillo adecuado para alumbrar pero insuficiente para encandilar.

Suele faltarme una dósis de paciencia, un pestañeo oportuno, una carta sin mostrar.
Suele sobrarme una pregunta, una presencia, una lágrima que cae sin avisar.
No me alcanzan los ojos grises para desafiar soledades, ni los brazos como elásticos dispuestos a abrazar.

Son pocos mis encantos y demasiadas las dudas que pongo a dormir en un cajón.
Previsibles mis métodos, débil la red.

No bastan ni mi esmero ni mis ganas, ni todas las palabras que pueda coser sobre un renglón.

Soy de esas mujeres a las que, en cuestiones de amor, todo les cuesta el doble.
El doble de tiempo, el doble de paciencia, el doble de riesgo. Sin garantías, sólo siguiendo por instinto la flecha de salida que marca el corazón.
Sin la certeza de que el tiempo ablande, conmueva, enlace, acerque.

Tal vez sea una cuestión implícita en la felicidad, que a mayor sacrificio más gloria.
Para poder viajar hay que soportar la claustrofia de un avión que se desplace a diez mil metros del suelo. Para ganar plata hay que trabajar más que lo recomendable. Para hacer miel hay que tolerar las picaduras de las abejas. Para estar delgada y saludable hay que privarse de la comida más rica. Para saber, hay que estudiar. Para curarse, dejarse operar. Para ser madre, parir. Para llegar alto, subir.
Para enamorarse, esperar.
Para querer, sólo querer.


Ando atrapando mariposas con los dientes y despegando algunos cardos de mis pies.
Ese es el mayor riesgo del intento. No hay demasiado entonces para perder.









domingo, 3 de abril de 2011

Las excusas del final


Todas las relaciones que terminan tienen algo en común: el odioso final.


Soy de las que desearían profundamente poder saltearse esa parte. Quedarme con el recuerdo de la última mirada y pasar directamente a la etapa del olvido.
No tener que oír el temido: "tenemos que hablar", ni someterme a la agonía de una conversación que, desde el inicio, se sabe que va a terminar en un revuelto de lágrimas, excusas y frases sin sentido.

No existe una lista de palabras oportunas para poner fin al amor.
Ninguna es suficiente para calmar ese dolor repentino, que crece como una enredadera y que va abrazando cada músculo hasta dejarnos inmóviles.
Esa angustia que se cuelga de los párpados y que se renueva cada mañana al despertar.

Nadie puede hacernos sentir bien cuando nos dice que ya no nos elige para compartir el día siguiente, ni el que viene después.
No hay sinceridad que alcance, ni razón que justifique el desamor para aquél que todavía siente que está amando.

Podremos no ser la persona indicada, la que se quedó a mitad de camino, la que no pudo convertirse en el amor de la vida. Aquella que no superó las expectativas, la que perdió en las comparaciones con la nueva de la oficina, la que no le quitó el sueño ni le robó todas las sonrisas.
Pero no queremos saberlo. Porque por más cierto que sea lo que él diga, sólo nos quedará una certeza en el momento de la despedida: el dolor.

Un sabor completamente amargo. Una oscuridad absolutamente negra. Un agujero extremadamente profundo. Una piedra atascada en la boca del estómago.
La monotonía. El inacabable duelo. Y el tiempo consumiéndose en un gotero.

Desearemos que pasen las horas, las semanas y algún enero hasta recobrar la cordura que nos permita entender que el final era inevitable, quizás predecible y hasta conveniente. Que cada despedida no es más que un punto y aparte en nuestro historial de amores por venir en el que se enredan algunos amores sin porvenir.
Un ensayo con errores y algunos honores.
Y unos cuantos finales condenados a convertirse en anécdota cuando las lágrimas se den por vencidas.



Lo malo del amor, no es el amor, sino lo miserables que nos sentimos cuando se termina...

domingo, 27 de marzo de 2011

Cuando llega ese día



Pude sentirme como un papel mojado o una pelusa inmóvil junto al rincón.
Un barrilete enredado en la antena de un edificio.
Una gota de lluvia que nunca llega a juntarse con el charco.

Pude plegarme en dos, arrugarme como una sábana que aloja más pesadillas que amables sueños, colgarme de una percha por un invierno completo.

Intenté amigarme con la soledad en varios encuentros de café y silencio.
Hice una tregua con los impulsos y los miedos.
Diseñé laberintos para perderME y tácticas (involuntarias) para perderTE.

Escribí las respuestas para las eternas dudas. Las devoré hasta convertirlas en mi propio credo hasta que me di cuenta que se debilitaba mi propio argumento.

Fue una mañana de esas en que el verano holgazán comenzó a arrastrar de su mano al otoño.
Cientos de pájaros treparon a mi cabeza para hacer nido en ese rincón de mi alma que andaba deshabitado.
Desde entonces convivo con una sensación olvidada.
Salgo a la calle con un nombre atrapado en mi lengua y paso largo rato ahuyentando las ganas de un grito que exija tu presencia.
Lo ahogo como ahogo las palabras que hilvano pero que no convierto en declaración de amor.
Declaración de amor....suena raro y cursi para esta vida de defectuosos intérpretes solitarios en los que nos convertimos.

Ya no quiero ser la heroína de mi inverosímil versión del amor.
Quiero llorar desde adentro por si te pierdo sin haberte tenido nunca.
Quiero escuchar canciones de amor que digan lo que probablemente nunca pronuncie tu boca.
Quiero sentirme miserablemente vulnerable con esta confesión que escribo.


Se volvió inevitable pensar que tu presencia puede transformar mis horas y hamacar mi corazón.
Que tus brazos pueden asfixiar los fantasmas del pasado y que tu voz puede ser la mejor canción que escuche.


¿Qué se hace cuando llega ese día en que uno se descubre llena de cosas para decir pero con ese temor conocido a que el mundo se convierta en calabaza, sin príncipe y sin él ?




jueves, 24 de marzo de 2011

Sube y baja




El sube y baja siempre fue mi juego preferido de la plaza aunque por mi condición de hija única haya sido del que menos pude disfrutar.
Siempre dependía de la suerte o del destino. Que hubiera una nena sola con ganas de compartir la otra punta del juego o un nene con ganas de abandonar la pelota por un rato para ser cómplice de la rubia de trenzas.

Curiosamente, siento que el amor es el sube y baja de mi vida.
No puedo disfrutarlo sola, porque no se eleva, ni genera ningún tipo de emoción.
Puedo sentarme a esperar, con los pies sobre la arena, sin saber en qué momento aparecerá el compañero apropiado para el juego.
Enviar guiños y señales a los que se entretienen en el arenero. Incluso, hasta puedo acercarme a saludar al más tímido de todos para que no se asombre ante mis mejillas coloradas de vergüenza.
Probablemente intente convencerlo: el sube y baja es divertido porque se juega de a dos y el que está arriba, apenas por un momentito, puede ver una imagen distinta del otro, ¿sabés?
Y cruzar los dedos sobre la espalda para que acepte.

Será cuestión de no perder la calma, de tener la constancia de la hormiga y la paciencia de la araña. De frecuentar la misma plaza cada día. De desaparecer una vez por semana para generarle intriga. Hasta que una tarde, cuando me acerque al arenero, él ya esté de pié, prolijamente ubicado junto a la esquina, dispuesto a comprobar mi fascinante teoría del sube y baja.

Sube él.
Bajo yo.
Subo yo.
Baja él.
Sube
y
baja.


Hasta que él , en pleno vaivén, quizás pregunte: ¿Y cuándo se logra el equilibrio en este juego?
Y se amontonen en mi lengua peligrosas respuestas.

Pensaré que el equilibrio llegará el día en que hayamos transformado nuestro pasado en experiencia y que nuestro equipaje interior pese exactamente lo mismo. Cuando logremos desprendernos de los miedos que cargamos como piedritas en los bolsillos y estemos dispuestos a mirarnos a los ojos.
Tal vez sospeche que tu paciencia pueda agotarse antes de tiempo, que pueda aburrirte el envión constante de tus talones, la escena repetida y el mismo paisaje de arena y viento.
Pero seré capaz de prometerte que voy a estrenar un nuevo vestido cada día. Que improvisaré peinados y sonrisas. Que hasta me animaré a cantar y a soltar mis brazos al cielo. Que te diré que soy feliz de haber elegido al mejor cómplice para ese juego.



- ¿Y cuándo se logra el equilibrio en este juego?

- La pregunta no es cuándo, sino cómo.











domingo, 20 de marzo de 2011

Hablemos de amor



Esta entrada tiene que ver con el amor.
Al fin de cuentas, todo tiene que ver que con el amor.


Me propongo hablar de amor como una manera de exorcizarme, de desprender el ancla que me tiene aferrada a esta idea de eterna soltería que fui forjando en los últimos cuatro años.
La rutina de una taza de café, una copa de vino y un solo cepillo de dientes puede ser divinamente perfecta...hasta que algo o alguien "nos pasa".
Puede ser un pensamiento repentino que se nos clava en la sien una tarde cualquiera. Una leve sensación de hartazgo que tiene su climax un sábado sin plan. Un nudo colgando como una corbata de angustia, sin razón aparente.

Puede ser también un otro que oficie de dardo y que nos inyecte una dosis de expectativa involuntaria. Que nos hinque los colmillos de la duda. Que desparrame todas nuestras certezas con sólo merodear por nuestra vida.

Probablemente el amor sea eso que no puede negarse. Eso que atraviesa el aire como un barrilete sin dueño y que un día, de pronto, aparece atado a nuestros talones dispuestos a llevarnos de excursión por ese paisaje al que prometimos no volver.
Si se trata de promesas, esa es una que no debí haber hecho.
Jurar que uno no vuelve a enamorarse es tan improbable como vivir a dieta.

Tarde o temprano llega el momento de destejer la propia trampa y permitir que ceda a nuestros pies como pequeños hilos que alguna vez nos sirvieron de guarida. Ese refugio improvisado en el que nos hospedamos mientras soldamos nuestros pedazos. Ese rincón tan lleno de ego y de autosuficiencia en el que creemos tener todo lo que necesitamos para ser felices.

Detrás de nuestro escondite la vida avanza a paso demasiado rápido. Tanto, que cada nueva cana me obliga a aflojarme el chaleco de la independencia e imaginarme cómo sería eso de compartir estos años que queden de gloriosa juventud.

El amor no es una subasta. No tengo donde ofertar por alguien que me quiera como pretendo, ni puedo (más por miedo que otra cosa) salir a pregonar que estoy dispuesta a negociar a cambio de un romance genuino.

¿Quién me creería si dijera que soy capaz de tolerar el mal humor matutino, los relatos de una mala jornada laboral, las humanas quejas y hasta los ronquidos con una enorme sonrisa?
¿Quién me creería si asegurara que soy capaz de volverme cursi, de aceptar una invitación a bailar en el living, de encender velas en la cena y escribir tarjetas de aniversario?


Probablemente ni yo lo crea, pero hay algo que últimamente me cuesta negar.

El amor podrá ser tan complejo como las personas que lo integran, pero también puede ser tan profundo como ellas. Podemos pasarnos la vida cosiéndonos una coraza al cuerpo, lustrando el acero que nos aleje del riesgo, levantando paredes que nos aparten del encuentro.Pero habrá momentos en que necesitemos que nos devuelvan la confianza perdida, que nos recompensen por la espera, que nos hamaquen hasta sentir el cielo un poco más cerca.

Y que el viaje dure lo que duren las ganas.

Desatemos la locura.
Hablemos de amor mirándonos el centro del alma.
Corramos el riesgo.
Elijamos morir de amor antes que de soledad.



¿Cómo fue que me pasó esto de volverme optimista nuevamente en el amor? pff....

miércoles, 9 de marzo de 2011

Luz, cámara y...la Riviera francesa


Si bien de chica me ocupé de demostrar que tenía condiciones para ser actríz, no pasé de ser Cisneros en los actos del 25 de mayo o una de las huerfanitas de Annie en una función escolar para recaudar fondos para el viaje de egresadas.

Mi mayor exposición frente a las cámaras fue en una mala película argentina que se llamó "Al filo de la ley", en la que hice de extra para la última escena, y en algún que otro video de casamiento en el que seguramente aparezco borracha y con el rimel corrido, enviando algún mensaje a favor del amor de los novios en esa época en que la gente acostumbraba a casarse.

Tal vez ustedes hayan soñado con ser famosos en alguna oportunidad.
Quizás imaginaron los flashes intermitentes de los paparazzis o una larga hilera de fans acosándolos para pedirles un autógrafo.

Esa fue la vida del desaparecido Jacques d´Azur, el Rey de Cannes...¡y hoy puede ser la tuya!

Jacques d´Azur fue un hombre atractivo, amante del buen vivir y exitoso en todo lo que emprendía. Fue un gran esquiador acuático, tenista, jugador de backgammon, productor, director y actor de cine. Conquistó la codiciada alfombra roja y todas las miradas femeninas de la Riviera francesa.
Con apenas quince años de edad, ya hablaba ocho idiomas y podía tocar cinco instrumentos.
Confirmó su gran talento al sacarle ventaja a Julio Verne y lograr dar la vuelta al mundo en apenas 79 días.
Su salto a la fama fue accidental. Fue incluido, sin intención, en el rodaje de una película que se filmaba en la pileta del hotel junto a la que él descansaba después de darse un chapuzón. Su papel fue tan trascendental que mereció la nominación como mejor actor de reparto por su papel "extra que descansa junto a la piscina".
Ya consagrado, y en pleno apogeo, se enamoró perdidamente de Eva, la única mujer a la que amó.
Jacques fue dado por muerto luego de que tomara contacto por última vez desde su yate para decir: "Me he cruzado con una isla no descubierta en la que, increíblemente, todas las mujeres que la habitan son hermosas". Nunca se lo volvió a ver.


Hoy vos podés ser Jacques d´Azur.
Hoy vos podés ser su amada Eva.



¿Cómo?

Audicionando con un video que se graba on line y que dura apenas 2 minutos y al que entrás por acá.
Lo único que necesitás es luquearte un poco y tener una pc con cámara y micrófono.
El video que recibe más votos se lleva al ganador al Festival de Cannes, alojado en el hotel Ritz de la Riviera francesa, con entradas a los eventos más exclusivos y con la posibilidad de protagonizar la vida de Jacques d´Azur. ¿Qué tal, eh?
Vamos, que los días corren y hay tiempo hasta el 31 de marzo!!!


Así que Jacques y Evas detrás del monitor tengan a bien ponerse el smoking y las pestañas postizas (según corresponda), y sentarse frente a la pc para hacer algo más productivo que leer este blog.

Y que sea: Luz, cámara....pasaporte, valijas y mucha Stella Artois servida en una limousine camino a Cannes.

Au revoir, mes amis!!



(debajo van unas imágenes para ayudarlos en la caracterización de los personajes)




EVA













JACQUES d´AZUR





Y un asiento vacío que te espera...

sábado, 26 de febrero de 2011

Memorándum interno


Memorándum: Cosa que debe ser recordada.


Podría optar por envasar el recuerdo de los malos tiempos, por anudar una cinta roja en la memoria y hacer un moño ajustado que me obligue a repasar el pasado una y otra vez. Regodearme en el malestar por costumbre y ceñirme a la idea, ya vencida, de una vida que promete pero nunca cumple.


Pero esa vida, la misma que supo colocarme contra la pared con su puño oprimiéndome la garganta, hoy me deja respirar un aire renovado, con aroma a café y pan recién horneado.
Y es por eso que decido enviarme un memorándum. Una nota escrita con marcadores de colores indelebles y brillantes. Un justo recordatorio para estos buenos tiempos.

Desde el primer minuto de este 2011 tuve la sensación de estar abrazando doce meses de felicidad, de un bienestar que aún no había consumido pero que, sin embargo, podía saborear.
No fue por videncia ni por premonición. Fue por pura convicción y determinación.

Uno elige a cada segundo.
Tuerce el rumbo de las velas en busca de buen puerto o echa el ancla donde puede con tal de no naufragar.
Camina por instinto o siguiendo las coordenadas.
Resiste o existe.


La primera ficha del dominó que se movió fue la interna. La que promovió el cambio, la que se cansó de esperar de brazos cruzados que la alquimia se ocupara de convertir la derrota en los laureles de la gloria.
Decidí aceptar las trabas que me imponía la vida como una enorme advertencia: "no es por acá".
Procuré salir de un trabajo que no era ni beneficioso ni placentero, y terminé en el lugar al que siento que pertenezco. Un empleo en el que no me pesa la llegada del lunes y que agradezco tener.
Esa fue la segunda ficha.
La tercera, fue la grata noticia que me dio Samsung y por lo que les agradezco a ustedes el haberme votado. La notebook se quedó en casa para que pueda seguir escribiendo desde la comodidad de mi cama o desde cualquier bar.

No sé cuál será la ficha que sigue, la que empuje al resto para que el efecto dominó se perpetúe en el tiempo.

Tengo más proyectos que tiempo libre.
Más energía que la que puede albergar mi cuerpo.

A veces se me escapa alguna queja humana. El estrés que me provoca el tráfico, el cansancio, las pocas horas de sueño, el calor de la calle, el zapato que aprieta, la lluvia que moja.

Por eso el memorándum.
Una notita escrita al paso para recordar las explosiones de felicidad.
Para no ser injusta con la vida y ser agradecida.
Para no olvidar este momento.

Pucha que estoy feliz.









sábado, 19 de febrero de 2011

Amor larga duración


Hay amores que no deberían terminar nunca.
Lamentablemente, la mayoría escapa a esta frase.

La infinitud es atributo del mar y de los vientos, no de los humanos.
Tan efímero es nuestro paso por estos pagos como muchas veces lo son nuestras relaciones. La eternidad de una promesa puede caducar en la siguiente primavera, sin formulario de reclamo ni compañía de seguros que nos indemnice ante la pérdida.
Pactos implícitos que pueden deshacerse sin consentimiento de una de las partes y hasta amores encuadrados en el marco de la ley que pueden disolverse con la intervención de un abogado.

Un amor larga duración suena más sensato que uno eterno.
Que se prolongue hasta que se sulfaten las pilas o lo erosione la rutina.
Que se sostenga mientras dos pares de manos lo sujeten con la misma fuerza.
Que se escriba hasta que los autores decidan poner punto y aparte.


Ya saben que tengo un amor y, como todos, puede llegar a terminarse.
Para que perdure, los necesito a ustedes.

Hace tres meses, la gente de Samsung me dio la posibilidad de testear el funcionamiento de la nueva notebook SF410.
Más allá de haberme enamorado por completo, y de no querer que haga abandono de hogar, hay una cosa que me preocupa aún más.
¿Cómo hago para que me devuelva todo lo que guarda?
En estos tres meses, ella se ocupó de almacenar cada página de mi libro, cada foto que saqué, cada letra que confesé sobre un word en blanco. Programas, música, planillas, presentaciones que uso en mi nuevo trabajo, películas y un montón de etcéteras.

La única forma que tengo de conservarla es que ustedes me voten.
Estos son los pasos para que puedan colaborar para que la Samsung SF410 se quede conmigo antes de la medianoche del lunes:

1- Registrarse acá.
2- Chequear el mail de registración que les llegue a su casilla.
3- Ingresar a "Votá quién querés que se quede con la notebook"
4- Tildar la opción de mi post " Me enamoré"

Aclaración: Sólo pueden votar los que tengan domicilio en Argentina.

Si me dan una mano, el martes podré gritar a los cuatro vientos que arranqué el año ganando y confirmar que, si bien el amor por lo general se termina, con una cuota de suerte hay algunos que pueden durar mucho más que un rato.


¡Gracias de antemano!

domingo, 13 de febrero de 2011

¡Flechame!


Hoy se festeja el día del soltero.
Como para ganarle la pulseada a Cupido, los que andamos sin compañía quisimos anticiparnos a la celebración de San Valentín y priorizarnos al menos en el calendario.
Y digo "al menos", porque no logramos imponernos en cuestiones de marketing. Hay tarjetas cursis y emotivas en las librerías, hay promociones de cenas con violines o escapadas a lugares ultra romanticones, bombones en forma de corazones y ramos de flores dispuestos en llamativos envoltorios rojos. Pero no hay descuentos en packs de champagne con una sola copa como para brindar por andar suelto, ni carteles en la vía pública que nos feliciten por no tener pareja.
Es difícil pensar que una imprenta pueda invertir en diseñar tarjetas para autoregalarse que digan algo así como " Con amor para mí, de yo misma".

Definitivamente, el amor está sobrevaluado.
O mal entendido.
O mal aplicado.

Cinco años atrás, si alguien me hubiera pedido una definición del amor, hubiera respondido con alguna frase melosa, bastante lacrimógena y que me remontara a los cuentos de hadas de finales felices.

Mi concepción del amor sufrió grandes mutaciones y alguna que otra amputación.
Recorté las enormes expectativas que colgaban de cada encuentro con un posible consorte. Me atreví a verlos como probables lacayos, sin que mi mente les añadiera atributos por el mero hecho de querer soñar.
Entendí que no hay sapos ni príncipes. Que lo que en realidad existe es una innumerable variedad de hombres que hacen lo posible por estar a la altura de las circunstancias. Algunos lo logran, otros no.

Me volvi realista.

Tomar contacto con la realidad puede ser todo un hallazgo que te obligue golpearte la cabeza con el puño y preguntarte: ¿por qué no me di cuenta antes?
Claras señales que pasé por alto y que derivaron en una desilusión.
Mensajes que no quise descifrar porque era menos arriesgado sostener que soltar, y volver a estar sola. Como si la soledad fuera un monstruo maloliente con ganas de acecharme en cada esquina y me conviertiera en un avioncito de papel sin rumbo, vulnerable y frágil.

Hoy creo en un amor que proporcione cerebro y corazón.
Que no se lance al vacío sin red. Que no enarbole la bandera "del amor todo lo puede". Que no proyecte con un otro lo que el otro ni siquiera se detuvo a pensar.
Tomo las promesas de eternidad como una declaración del momento, con altas probabilidades de que duren mucho menos que lo que proponen.
Descreo del amor a primera vista porque es imposible conocer al alguien al primer pestañeo.

Desarrollé el olfato y el séptimo sentido, y puedo arriesgar (con altas probabilidades de acierto), el futuro de una incipiente relación de la gente que me rodea.
No soy pitonisa, pero me volví sensata, y eso me da la posibilidad de ver los errores que mil veces cometí en mi propia vida amorosa ...pero en el amor ajeno.
Para disgusto de algunas amigas, soy la que debería decir: "Yo te avisé", pero prefiere callarse y dejar que a ellas les llegue el tiempo de aceptar la soltería y la saludable soledad, y el aprendizaje que viene por añadidura.


Las cuestiones del amor son simples y complejas al mismo tiempo. De igual manera que pueden serlo las partes componentes de la relación.

Simple es el hecho de mirar lo que está sobre la mesa. No hay demasiada vuelta que darle a un vínculo en la que una es la parte activa que tira del carro y el otro sólo se deja llevar. No hay fórmula secreta por descifrar cuando el silencio se adueña de los espacios en que deberían brotar las palabras. Ni demasiado que conjeturar ante aquél que pide un tiempo como si el romance se tratara de un partido de basquet o se pudiera pausar y dar play a su antojo.

Complejo es encontrar aquél que no emita señales que nos inviten a irnos antes que se produzca el sismo. Aquél que encastre como la última pieza del rompecabezas. El que tenga ganas y no miedo, el que comparta la idea de que el amor es un divino complemento y no una habitación sin ventanas condenada a asfixiarnos.



Hoy festejo el día de los que están solos y felices. De los que no consumen pañuelitos descartables al por mayor, ni se desgarran el alma escuchando a Sabina. De aquellos que no están pendientes de un llamado, ni postergan su vida a la espera de que un fulano o fulana regrese al umbral pidiendo perdón.


Creo entonces en la flecha de Cupido que, con suerte, nos atraviese a los dos al únisono y nos permita aportar algo nuevo y bueno a nuestras vidas.
Y en el mientras tanto, me permito tamizar lo probable de lo imposible y estar cada día más convencida de que el sufrimiento no tiene nada que ver con el amor.

¡Flechame!, pero sólo si estás dispuesto a que nos hagamos bien.