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sábado, 16 de agosto de 2008

50 y 50



Generalmente todos tenemos, en la lógica, un 50 y 50 de probabilidades de que las cosas nos salgan bien o mal.Proporciones equitativas, mitad y mitad.
Cuando salí de casa para ir a taller y presentar mi relato breve para el concurso tenía la misma posibilidad de ganar que de perder.Ahora que ya estoy de regreso, me doy cuenta de que no todo es blanco o negro, sino que hay matices, más allá de la matemática.

Llegué primera, de la ansiedad supongo.Cuando estuvimos todos sentados alrededor de la mesa llena de galletitas y café, el profesor dijo que le pasáramos los cuentos y explicó la modalidad de la votación: Cada cuento iba a ser numerado, y cada uno, en hoja anónima iba a tener que calificar del 1 al 5, sin hacerlo con el propio.Además, él iba a dar su voto apenas terminado de leer cada cuento, y a lo último se sumarian las votaciones de todos nosotros.
Mezcló los cuentos, de arriba a abajo, y hacia los costados, mil veces.Hasta que sacó el primero para empezar a leer.Por desgracia era el mio. El dicho dice que los últimos serán los primeros, pero no dice nada de como serán los primeros....¿últimos?
Leyó el título, y ya señaló que no le gustaba.(Arrancamos mal, pensé, tratando de que mi cara no diera señales de nerviosismo para que no me sacara del anonimato). Al llegar a la comparación con la escultura de Botero, dijo que era poco original, aunque le pareció acertada la comparación con la mamushka.En ese momento se abrió la puerta, y alguien ingresó al aula.A esa altura yo quería ponerme a gritar que era injusto que mi cuento se leyera entrecortado, y que las correcciones y observaciones se hicieran después de leído. Pero tuve que mantener la calma, con la ira torturándome por dentro.
Cuando terminó de leerlo, se levantó y escribió en el pizarrón: Por su propio peso, cuento nro 1, puntaje: 2 .Agregó que no había historia.
Mi mente se detuvo por un largo rato. Dentro de mi cuerpo se debatían a muerte mis ganas de salir corriendo y las de ponerme a llorar y explicarles que había tenido una semana de mierda, donde mi única esperanza se basaba en ese puto concurso. Que desde que voy a taller me quedo hasta las 3 de la mañana escribiendo.Que mi vida, últimamente, se reduce a pensar historias, que no me importa salir un fin de semana, porque lo único que quiero es escribir. Que prefiero más estar frente a la computadora tipeando un cuento nuevo que salir con un tipo.
Todo eso se enfrentaba con ese DOS, insignificante, vulgar, ridículo y mentiroso.
¿Cómo que no había historia? ¿Elena engordando al marido en lugar de querer adelgazar no era historia?¿La gente que lo había leído y me había dicho que lo elija, que era original, bizarro, etc, etc, me había mentido?
No pude evitar mi cara de fastidio en las dos horas siguientes, hasta que terminó la clase y me di cuenta que con los puntajes de mis compañeros había quedado en el montón de los que sumábamos 30 puntos, escazos, contra los 53 y 57 que obtuvieron los ganadores (muy buenos por cierto).
Me quedé a esperar al profesor a la salida, para preguntarle qué había de malo en mi relato. Al parecer, es esa manía que tengo de poner un párrafo descriptivo que siempre está demás. Traté, a regañadientes, de agradecer el comentario, y de tratar de memorizarlo para futuros cuentos.
No fui a tomar cerveza con mis compañeros.Quería estar sola. Quiero estar sola, pero no porque esto sea el fin del mundo, sino que para alguien que está teniendo días grises, es como una pincelada más de negro que se escurre en el paisaje.
Ahora, mientras posteo, me doy cuenta que no gané ni perdí. Que fue una prueba, una más, de tantas que uno pasa en esta vida, y que tengo la opción de decidirme por mandar todo a la mierda, romper lo que tengo escrito y dedicarme al bonsai o a hacer un curso de primeros auxilios, o poner más esmero, y escribir hasta que me salgan callos en las yemas de los dedos.
Opto por lo segundo. Algún día ese DOS irá desapareciendo.

5 Blondas y algunos rubios no se callaron:

la tana dijo...

aguanten la gorda de botero y su marido amordazado.

Te banco, con mi 4 de puntje inicial
A.

Blonda dijo...

Tana: Gracias por el aguante.Yo banco a muerte a tu cura degenerado y suicida.Gritemos a coro: Injusticia, Injusticia!
Besos

Amanda La Vert dijo...

Me gustaría sentir esa misma pasión por algo. Me gusta escribir, me gusta dibujar y entré a un taller para hacer comics. El grupo es genial, el profe, todo... Pero no engancho. No siento pasión.

¡Ánimo! Las cosas son más fáciles cuando estás segura de lo que quieres :)

Disculpa mi desaparición, es que no sabía qué escribir y hablar de mi ex me daba flojera, jeje.

Saludos!!

Blonda dijo...

Amanda: No te sientas mal por no sentir pasión...yo me pasé muchos años buscando algo que me motive.Siempre me gusto escribir, pero lo dejaba de lado.Ahora es lo que mas me gusta en la vida, pero surgió así,de pronto.No te obligues a que algo te guste, creo que no es una buena receta.
Suerte que volviste! Besos!

Clau dijo...

No sé si te sirve, pero hace desde el domingo (antes de mirar Law & Order...) que leo todo tu blog, desde el principio. Hay post más logrados que otros, pero me encanta lo que vas contando, y más de una vez me siento plenamente identificada.
Cuando leí tus relatos, me encantó el de Elena, y para mí era el que tenía que ir de una al concurso. Tuve la suerte de participar de un taller literario para despuntar el vicio, donde coordinaba una mujer increíble, que leyó siempre nuestros relatos como si fueran el candidato al Premio Nobel. Y eso no quiere decir que no haya hecho observaciones, comentarios, sugerencias. Pero ella siempre dice que cada uno escribe lo que tiene, y que eso es tan valioso como un cuento de Borges.
Esto parece un mail. Nada, no sé quién coordina tu taller, pero no creo que nadie pueda calificar los relatos de otros tan livianamente como decir "tenés un 2" o "tenés un 5". ¿Cuáles son sus criterios? ¿Por qué sus criterios son mejores que los tuyos?
Bua, me fui al caraxo.
Besos